5 verdades sobre la muerte que los niños deben saber

Buenos y hermosos días.

La muerte es un tema difícil de dialogar con nuestros niños. La tendencia natural de padres y adultos es de protección y albergue a los menores. Buscamos protegerlos en todo momento de situaciones, realidades, información y sitios que  puedan lastimarlos. Investigadores como María Nagy y otros profesionales establecen que los niños buscan activamente entender el concepto de la muerte. Nosotros como sus encargados debemos educarnos para apoyarlos en esa búsqueda de una manera certera, honesta y sin temor.

Saber qué decirles, al igual que el cómo y cuándo hacerlo,  puede causarnos gran ansiedad en situaciones de muertes, enfermedades, desastres naturales o accidentes en la familia o comunidad. Ansiedad causada en parte por desconocimiento del protocolo a seguir. No existe, sin embargo, un libro universal de instrucciones o un manual fantástico para este tipo de conversaciones valerosas con nuestros chicos.

La edad y capacidades cognitivas del niño tienen un rol importante sobre cómo llevar el tema de una manera segura y efectiva. Existen otros factores como el nivel de desarrollo, las experiencias previas de vida y la personalidad del niño y los patrones de comunicación y apoyo en el entorno familiar, que  deben tomarse en consideración. El niño desde que nace va pasando por distintas etapas en su desarrollo en las que su concepto de la muerte va cambiando, como por ejemplo:

  • No existe la muerte.
  • La muerte es una persona, es temporal y reversible.
  • La muerte es algo mágico.
  • La muerte es final, pero evitable
  • La muerte es parte natural de la vida, es final, universal, irreversible y las personas muertas no son funcionales.

Lo ideal es que antes de que surjan eventos difíciles y crisis tengamos con nuestros niños diálogos informales sobre la muerte y sus cambios en diferentes momentos y eventos cotidianos. Hay que hablarles sobre los distintos procesos de pérdidas, cambios y transiciones que tendrán durante el transcurso de sus vidas. Aprovechar los cambios de estaciones en la naturaleza, cuando muere una mascota, se pierde o rompe un juguete, nos mudamos de casa, nos cambiamos de escuela, Papá o Mamá pierden su trabajo, o viene un huracán que causa destrucción, para hablarles sobre pérdidas y emociones.

A continuación, algunas verdades básicas que nuestros niños deben saber.

La muerte es algo natural

El morir es un proceso natural y normal de la vida al que no se le debe temer. La muerte, por definición, es el cese o terminación de la vida. No es algo siniestro que viene, ataca y se lleva a las personas que han sido malas. Las personas, animales y plantas nacen y mueren como parte del ciclo de vida. Eso es lo esperado. Se les puede ofrecer a los niños comparaciones con la naturaleza y sus cambios y dar ejemplos de transformaciones como en las mariposas y plantas.

La muerte es irreversible

El concepto de la muerte no es algo temporal. El niño debe entender que el familiar que muere no regresa a la vida luego de unos días si ellos lo piden con esmero en sus oraciones y se portan bien. La muerte cuando llega es para siempre y no tiene marchas atrás. Los juguetes se pueden romper y a veces tienen arreglo. La muerte no es algo que tiene arreglo. Los niños nos pueden escuchan decir “este televisor murió”, “la nevera está muriendo” o “el teléfono celular está dando sus últimas señales de vida” para luego ver como no pasa nada grave, se arreglan y continúan funcionando. Los adultos deben ser prudentes en no nombrar a la muerte en términos y condiciones que puedan causar confusión a los niños al tomar lo que decimos de forma literal.

Todas las partes de una persona mueren a la misma vez

Las personas cuando fallecen se mueren en su totalidad y todas sus partes mueren a la misma vez. No existe tal cosa como “un corazón muerto en pena”, ni “‘alguien medio muerto”, o “muerto en vida”. Sin entrar en complicaciones y tecnicismos médicos, el niño debe entender que todas las partes de una persona al momento de la muerte se mueren a la vez.

Todo lo que tiene vida muere

Todo lo que está vivo en algún momento tiene que morir. El primer requisito para morir es estar vivo. Luego de nacer, vamos de camino a la muerte desde que damos nuestro primer respiro, nuestro corazón comienza a latir y los órganos y sistemas comienzan a funcionar normalmente. Puede usarse con nuestros niños la analogía de una película. Al ver una película en la televisión o en el cine, sabes que luego del comienzo en algún momento la película se va a terminar. Tiene un inicio y un fin. La película de toda vida de plantas, animales y personas en algún momento llegará a su final.

La muerte no es castigo ni un premio, es causada

Quizás muchos de ustedes han escuchado los refranes, “Dios castiga sin vara y sin fuete” o “A los buenos Dios se los lleva y  los malos aquí se quedan”. La muerte no debe ser vista como un premio o castigo de Dios o de los poderes supremos. Solemos pensar que el morir está atado a la consecuencia del mal o del bien. Lo relacionamos con el mal que hicimos o permitimos que se hiciera o con el bien que hicimos o dejamos de hacer cuando tuvimos la oportunidad. Tratamos de justificar a la muerte de alguna manera complicada, olvidando que la misma es un proceso natural. La muerte siempre es causada y sus trayectorias están definidas y estudiadas. Puede ser parte de un deterioro predecible relacionado con una una enfermedad terminal, como en los casos de cáncer; ser causada por una falla de los órganos; ser una muerte repentina o ser parte normal de la vejez. Otras muertes son causadas por homicidios, suicidios, accidentes o causas naturales.

Nuestros niños no merecen nuestras mentiras y evasiones sobre el tema de la muerte ni los diálogos inefectivos basados en nuestros propios miedos y temores. Hablemos con ellos abiertamente sobre un proceso natural que es parte de la vida. Tomemos en consideración la realidad de sus etapas de desarrollo y otros factores importantes que definen y enmarcan al niño Ajustemos nuestro lenguaje a sus necesidades y usemos ejemplos cotidianos para que nos entiendan. Hablemos, sobre todo, desde el corazón con un lenguaje sencillo y honesto y una perspectiva de la muerte que nazca del amor y la luz y no del miedo y el fracaso.

Referencia de María Nagy fue tomada de Corr & Corr, Death & Dying, Life & Dying (7th Edition), p 363. Referencias adicionales: Maria Nagy – “The Child’s Theories concerning Death,” Journal of Genetic Psychology 73 (1948): 3-27.

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2 comentarios

    1. Los padres deben ser quienes primero hablen de estos temas sensitivos pero naturales con sus hijos. Familiares, maestros y otras personas cercanas pueden contribuir en dicha educacion siempre que lleven un mismo mensaje.

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