El cuidador como el jamón del sándwich

Buenos y hermosos días

La expresión “el jamón del sándwich” se refiere usualmente a una persona que media o que está en medio de otras dos personas. El segundo de tres hermanos, por ejemplo, crece como el hijo del medio que muchas veces pasa desapercibido entre el día a día del primogénito o hermano mayor y el del “pequeñín” de la familia. A la persona que resulta aprisionada o “pillada” en el medio entre otras dos personas o cosas que chocan entre sí le decimos que quedó aplastada como el “jamón del sándwich”. Hoy le hablaré sobre una persona con un rol silencioso y vital en nuestra sociedad que como el jamón está en el medio de otros.

El cuidador es el intermediario entre el enfermo y los profesionales de salud que lo atienden. Asume un rol importante en el manejo de las atenciones del paciente y por ello recibe gran parte de la carga física y emocional de su enfermedad. Familiares y amigos deben cuidar por el bienestar tanto del enfermo como el de sus cuidadores quienes a largo plazo pueden terminar exhaustos y con serias condiciones de salud.

Todos asumimos en distintos momentos de la vida el rol de ser cuidado o el de ser un cuidador; roles que no pueden existir el uno sin el otro: personas que atendemos en un momento dado y otras personas dependientes o enfermas.

Ocurren situaciones y condiciones, durante la vida de todos nosotros, que nos fuerzan a ser cuidados y atendidos por los demás por variadas horas, días o años. Existen los catarros, los espasmos musculares, los virus, los huesos rotos, las resacas o los problemas estomacales que nos pueden llevar a la cama y a la inactividad por corto tiempo. Ocurren también los accidentes y los traumas que junto a las enfermedades degenerativas, crónicas o serias nos roban de nuestra salud e independencia por períodos de tiempo más extensos. Además, más allá de los eventos, de los traumas y de las condiciones de salud particulares, la vejez natural con sus achaques de viejo, también nos fuerza al rol de ser cuidados.

Los cuidadores informales suelen ser familiares que en su adultez ponen sus vidas en “hold” para poder cuidar a su ser querido enfermo o dependiente. Parejas, hijos, nueras, tías, primos, sobrinas, hermanos, amigos cercanos y familiares que tienen que cuidar y atender las necesidades de otras personas enfermas por encima de las suyas propias. Personas que trabajan largas horas sin paga alguna y muchas veces al completar su jornada de trabajo regular.

El principal riesgo de cualquier cuidador de un familiar enfermo es la sobrecarga. Dicha sobrecarga suele ser mayor y más extensa en las enfermedades crónicas de trayectorias largas como lo pueden ser el Alzheimer, las enfermedades cardiovasculares, la esclerosis múltiple, las enfermedades pulmonares y algunos tipos de cáncer, entre otras. Debemos identificar en nuestras familias y comunidades todas aquellas personas que llevan en sus hombros la carga de ser el cuidador principal de algún familiar enfermo y dependiente. Busquemos la manera de apoyarlos. Aliviemos su trabajo asistiéndolos de alguna forma en sus tareas de cuidador para que logren tomar periódicamente un tiempo de descanso y cuiden de su salud física y emocional.

Hoy me quito el sombrero y reconozco la labor titánica de millones de personas alrededor del mundo que dedican su vida a cuidar con amor y esmero a familiares enfermos y dependientes. Personas que fungen como mediadores entre el paciente y sus doctores y que diariamente sufren la angustia de las malas noticias, los análisis negativos, las depresiones, los malos humores y el estrés característicos de un rol de cuidador. Cuidadores que como el “jamón del sándwich” quedan pillados en medio del vivir y el morir; la negación y la aceptación; el dolor y el sufrimiento; y la vida y la muerte de su ser querido.

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