Buenos y hermosos días
Muchas personas desconocen el concepto de cuidados de hospicios y las que lo conocen “le huyen como el diablo a la cruz”. La palabra hospicio es para muchos un sinónimo de muerte. El cuidado de la salud por medio de los servicios de hospicios es, sin embargo, una opción real que, aunque mayormente gratuita, no es tomada en cuenta. ¿Por qué?
Un hospicio no es un hospital ni es un centro de salud, aunque podría serlo. Un hospicio no es un hogar, no es un domicilio privado ni es un asilo de ancianos, aunque podría serlo. El hospicio es una filosofía de servicios y cuidados de salud que se enfoca en ofrecer la mejor calidad de vida posible a los pacientes que enfrentan una enfermedad terminal. Cuidados específicos para el final de la vida que pueden llevarse a cabo en diferentes lugares como hospitales, centros de cuidados, asilos de ancianos o viviendas de pacientes.
Una enfermedad terminal es aquella que presenta un pronóstico de vida limitado, usualmente menos de 6 meses, que no responde a tratamientos y que no ofrece posibilidades razonables de respuestas de mejoría. Son aquellas enfermedades progresivas, incurables y en etapas avanzadas como lo pueden ser el cáncer, el SIDA, la arteriosclerosis, la cirrosis hepática y las insuficiencias orgánicas avanzadas. Cuando una enfermedad entra en una etapa terminal se reconoce y se acepta que no existe un tratamiento curativo definido o el potencial terapéutico de disminuir su evolución normal.
El cuidado de hospicio es ofrecido por distintos profesionales de salud y voluntarios que brindan apoyo médico, social, espiritual y psicológico al paciente durante el tiempo que le reste de vida. Un equipo de médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos, terapistas, capellanes y voluntarios unen sus conocimientos, esfuerzos y atenciones para ayudar a los pacientes a manejar su dolor lo mejor posible y a lograr paz y comodidad. Los servicios de hospicios también se enfocan en ayudar a los familiares del paciente antes, durante y después de la muerte de su ser querido enfermo.
Vivimos en una cultura que niega la realidad de la muerte. No internalizamos que morir es nuestro destino final. Nos aferramos a la vida y a nuestros cuerpos físicos con uñas y dientes. Aunque estamos bombardeados diariamente por la realidad de las enfermedades, los accidentes y los traumas, nos cuesta trabajo aceptar y hablar de pérdidas y separaciones de vida. La gran mayoría de las personas no aprovecha la oportunidad de los cuidados de hospicio y de su valiosa atención individualizada en el final de sus vidas.
Estar en un hospicio no es tirar la toalla, rendirse o darse por vencido. Llevar o entrar a un ser querido en un programa de hospicio no significa que la persona amada vaya a morir al otro día ni en par de días. El día y la hora de la muerte es incierta para todos, estén o no dentro del hospicio. Estar en un hospicio es tener la valentía suficiente de reconocer que la vida caduca y de amar lo suficiente para buscar las mejores condiciones de paz, confort y dignidad al final del camino.
Los cuidados, los tratamientos y las terapias que se ofrecen en los hospicios no buscan curar enfermedades ni se enfocan en erradicar condiciones terminales. Para eso están los hospitales y los centros de salud. El hospicio usa cuidados paliativos que buscan dar bienestar y apoyo a los pacientes y a sus familiares durante las etapas avanzadas o terminales de una enfermedad. El enfoque de los cuidados paliativos es el paciente y su familia y no su enfermedad o condición. En la etapa de enfermedad terminal no se buscan las causas, los culpables o los orígenes de la condición: se acepta y se reconoce la realidad mientras un grupo interdisciplinario trabaja diariamente para alcanzar la máxima calidad de vida posible para el paciente y su familia.
Estamos destinados a morir desde el mismo instante en que nacemos. Eso es la ley natural de la vida. Amigos, un hospicio no es una sentencia de muerte, pues la sentencia ya estaba dictaminada desde nuestro nacimiento. Al contrario, pienso que un hospicio es una filosofía y sentencia de amor y de vida, pues busca maximizar la calidad del vivir, ofrecer confort y dar vida a los días que queden—NO dar días sin calidad y con dolor a la vida del enfermo.
6 comentarios
La oportunidad de tener a ese familiar en su hogar debe ser una hermosa oportunidad para estar rodeada de su familia, oportunidad que en un hospital es muy limitada. Gracias por hablar por los que tal vez ya no pueden. Es un acto de amor.
Gracias por compartir. Definitivamente pienso que la mejor forma de hacer la transición de vida es estando en el hogar rodeado de seres queridos.
Hola Diana. Muy bueno el articulo. Me parece que en la mayoria de los casos son lis familiares del paciente los que no aceptan. Un Abrazo
Hola. Estoy de acuerdo contigo. Muchas veces los mismos familiares son los que se niegan a considerar el hospicio como una alternativa y lo usan solamente en las últimas semanas de vida.
Quiero saber si están en Argentina. Dónde debo dirigirme. Dirección.
Hola, resido en Puerto Rico y ofrezco servicios de apoyo y educación en los procesos de vida, muerte y perdidas. Cualquier información adicional me puedes contactar a dcuret.tanatologa@gmail.com. Saludos Diana