La huella de la verdadera amistad es imborrable

Buenos y hermosos días

Quienes me conocen bien saben que la amistad y la lealtad son dos valores importantes en mi vida. Creo que los amigos leales son continuos oasis de apoyo y de fraternidad en el árido recorrido de nuestros días. Sus existencias, junto a las nuestras, nos ayudan a manejar y a superar los cambios, las pérdidas, las transiciones, las muertes y los duelos que nos tocan vivir día a día. Sus ausencias, temporales o permanentes, de nuestras vidas nos dejan un vacío que nadie más podrá ocupar.

Aun cuando lo guardemos en secreto, todos tenemos la necesidad y el deseo de encontrar un buen amigo. Buscamos aquellas personas que nos acepten y nos quieran como somos alegrando nuestros días al hacernos reír y suavizando nuestras penas al acompañarnos en el llorar. Los verdaderos amigos, con o sin intención, nos ayudan con su existencia a ser mejores personas. Nos acompañan en las dietas eternas, nos escuchan una y otra vez los mismos cuentos, quejas, logros, desamores y chistes, nos dicen con afecto las verdades que no queremos escuchar y nos motivan a superarnos en los retos y a levantarnos en las caídas. Sirven muchas veces como los vendajes, curitas o band-aids de nuestras heridas físicas y emocionales.

¿Cómo aparecen en nuestras vidas?

  • Llegan un día de tantos, en silencio o en alboroto, para quedarse en nuestras vidas por un tiempo o para siempre.
  • Llegan un día de tantos, de manera espontánea o forzada, convirtiéndose en nuestros o nuestras confidentes, “panas”, aliados, comadres, paños de lágrimas, compañeros de “jangueo” y maestros sin ninguna paga, horario fijo, plan de retiro o beneficios marginales.
  • Llegan un día de tantos, en la rutina, la alegría o el dolor, y sin darnos cuenta cómo ni cuándo ocurrió se convierten en los miembros “ad-hoc” de nuestras familias para luego verlos en primera fila y robando cámara en muchas de las fotos familiares.

El compromiso entre amigos está libre de las ataduras de nacimiento, pero sus lazos de amor fraterno, en algunos casos, resultan ser aún más fuertes, duraderos y profundos que los propios lazos de la sangre. Los verdaderos amigos llegan a ser parte importante de nuestras familias extendidas. Son nuestros hermanos y hermanas de circunstancias y de vida a quienes nos unen los lazos de amor y cuya amistad muchas veces se pone a prueba en las dificultades.

Cada persona es original, diferente y particular. El concepto de un amigo y las vivencias de su amistad, por lo tanto, tendrán definiciones variadas y particulares. Definiciones que irán cambiando gradualmente con el tiempo y con las experiencias vividas por cada cual. Vivencias, alegres o dolorosas, que a su vez van ajustando y moldeando las expectativas personales de una verdadera amistad.

Solemos tener a través de los años muchas amistades y conocidos que llegan a nuestras vidas en distintos momentos de nuestra niñez, adolescencia, adultez y vejez mientras compartimos con ellos en las comunidades, las escuelas, las universidades, la familia, los trabajos y los grupos sociales. Todas esas amistades y conocidos llegan y cruzan nuestras vidas, en tiempo o en destiempo, por diferentes propósitos ayudándonos en nuestro caminar y crecer. Solo unos pocos de ellos, sin embargo, llegarán a ganarse la distinción en nuestros corazones de ser considerados como verdaderos amigos.

Se requiere de tiempo, compromiso, vivencias de amor y esfuerzo consciente para que una amistad germine, madure y perdure: hay que estar presente en cuerpo y en pensamiento, decir aquí estoy para lo que te haga falta para luego actuar y hacer lo que dijimos consistentemente en los días buenos y en los días malos. Las amistades requieren en mayor o menor grado de cuidados, continuidad, dedicación y atenciones.  Como nos dice Saint-Exupéry en su libro “El Principito”, necesitamos pasar el suficiente tiempo con los amigos para poder domesticarlos y dejarnos domesticar por ellos si queremos germinar una verdadera y especial amistad.

La huella que nos deja la muerte de un ser querido en nuestras vidas es única e imborrable. Su partida nos transforma al llevarse consigo parte de nuestra esencia. La huella de la verdadera amistad en nuestras vidas es de igual manera espectacular, única e imborrable. Su presencia es un tesoro que atesorar y valorar.  Les agradezco a mis verdaderos amigos, quienes espero sepan quiénes son, el regalo de su existencia y de su caminar junto al mío.

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4 comentarios

  1. Que excelente tema.
    De pequeñas mis hijas les enseñe que el verdaderoa amigo, no importa si pasan 30 años…cuando se vuelven a encotrar escomo si fuera ayer.
    Despues de muchos años…tuve la vivencia de encontrarme con un verdadero amigo, cuando le pregunte cuanto tiempo habia pasado me contestó 30 años. Incrédulo yo, volvi a preguntarle y luego de él hacer memoria, me dijo 30 años. Entonces le conté por que le pregunté e incistí.
    La vida nos da sorpresas!

    1. La vida te confirmó lo que tu corazón ya sabía y le habías compartido a tus hijas. La verdadera amistad está por encima del tiempo y el espacio. Cuídate mucho.

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