Buenos y hermosos días
La dimensión o aspecto espiritual de las personas suele cobrar mayor relevancia al final de sus vidas. Muchas veces durante la vida no reconocemos lo que tenemos y solo apreciamos su valor luego de perderlo o al estar a punto de perderlo. La cercanía de la muerte, igualmente, sirve de transparente espejo de reconocimiento y apreciación. Infinidad de preguntas sin respuestas claras ni satisfactorias inundan nuestras mentes y acaparan nuestros días, rutinas y pensamientos finales.
En 1997 se llevó a cabo una encuesta del Grupo Gallup sobre el tema de preocupaciones espirituales al final de la vida (Gallup, 1997). Se hicieron entrevistas telefónicas a más de 1200 adultos para indagar cómo pensaban encontrar la comodidad en sus etapas terminales de vida. Se les preguntó sobre cuáles eran sus preocupaciones o temores y cuáles eran sus planes ante una posible incapacidad, incluyendo si consideraban el suicidio asistido como una alternativa. Los resultados arrojaron la importancia del contacto humano como una fuente de apoyo espiritual y emocional en el proceso de morir. Los participantes esperaban que ese contacto fuera principalmente de familia (81%) y de amistades cercanas (61%), o de algún miembro religioso y de su congregación (36%).
Cada persona o grupo familiar puede tener sus propios y variados miedos y preocupaciones con su muerte. Dichos temores suelen ser parte de sus creencias, valores, culturas, países, entornos, épocas y condiciones socioeconómicas. El estudio de Gallup arrojó 24 temas o elementos diferentes que les causaban preocupaciones o temores a los participantes sobre el proceso de sus muertes. Las situaciones médicas causantes de gran dolor y sufrimiento y el vivir en estados vegetativos fueron las causales principales identificadas en las entrevistas por todos los grupos y edades. En el grupo de jóvenes adultos entre 18 a 24 años se señaló el temor a no ser perdonados por Dios o el poder supremo como una de sus principales preocupaciones (72%).
Los pacientes en ruta a la muerte usualmente buscan, consciente o inconscientemente, atender asuntos relacionados con el significado de su vida, sus relaciones con otras personas y seres, su legado y su trascendencia. Cada vida, condición y enfermedad es única y está enmarcada en un cuadro diferente y particular. Sin embargo, algunas de las actividades y necesidades espirituales que de alguna manera la mayoría de las personas busca completar o satisfacer al final de su vida son las siguientes:
- Ser reconocido como un ser humano digno e importante hasta el último respiro.
- Explorar las contribuciones de toda una vida y reconciliar sus decisiones “buenas” o “malas” haciendo las paces con sus consecuencias.
- Hacer un examen de las relaciones importantes de su vida, despedirse, reconciliarse y cerrar ciclos con cada una de ellas.
- Vencer miedos, eliminar culpas y soltar cargas emocionales.
- Explorar, afianzar o modificar sus creencias religiosas o espirituales, sus ideas de trascendencia y sus creencias de la vida después de la muerte.
- Encontrar paz, aceptación y sentido a su vida.
El moribundo en su proceso de morir puede experimentar diferentes periodos de soledad en los cuales se sentirá solo, perdido y abandonado a su suerte y sufrimiento. El sentimiento de soledad en la muerte puede causar angustias en las personas. Dichos sentimientos de soledad y ansiedad afectan tanto al enfermo como a sus cuidadores, aun cuando ambos estén rodeados de otras personas y familiares. El moribundo en su proceso de búsqueda y cierre, sin embargo, puede querer y desear la soledad en diferentes momentos para hacer su introspección y juicos finales. Hay que respetar su intimidad y autonomía emocional en todo momento. A fin de cuentas, el moribundo es el actor principal del final de la película de su vida.
Nuestros cuerpos físicos van a dejar de existir, al igual que los de nuestros seres queridos, en algún momento. Esa es una inexorable realidad. Vivo con la certeza de que cada ser humano es mucho más que el conjunto de la materia física de sus huesos, órganos y tejidos y de que como nos dijo El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible a los ojos”.
Amigos, el morir es un proceso individual dentro del colectivo social que cada cual debe pasar solo. Sin embargo, el tener cerca a alguien significativo que nos acompañe, nos respete y nos ame sin gritos, histeria ni amarres emocionales o físicos es importante. Así como nadie llega a este mundo solo, pues siempre nace en compañía, pienso que nadie, si no lo desea, debe morir solo.
Termino con una frase de un cura jesuita nacido en Francia en 1881, Pierre Teilhard de Chardin, y que muchas otras personas han seguido compartiendo: “Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”. No somos seres físicos que vivimos una experiencia espiritual.
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