Siete pasos prácticos para adaptarse a una pérdida significativa

Buenos y hermosos días

Los cambios, las pérdidas y la muerte son parte del currículo de vida de todo ser humano en nuestro planeta Tierra. Cada persona que está leyendo este artículo ha pasado por múltiples problemas, transiciones, pérdidas significativas y duelos en su vida. Una pérdida surge cuando se nos separa, por causa de la muerte o por otras causas, de un algo a un alguien, ya sea una persona, mascota, objeto, estatus o relación. Una pérdida significativa surge cuando dicha ausencia o separación causa una ruptura de un lazo, un vínculo o una relación significativa cimentada en amor. Hoy les daré siete acciones prácticas que les ayudarán a manejar más efectivamente sus pérdidas significativas.

A continuación, algunas ideas o pasos concretos para afrontar las pérdidas y adaptarnos a nuestras nuevas realidades.

  • No resistirse al cambio.

Las transiciones y los cambios son una parte importante y normal de la vida y algunos de ellos nos traerán la pérdida de cosas y personas queridas que se alejan de nosotros. Debemos aceptar la realidad de la pérdida que estemos manejando al momento y abrazar los cambios que nos trae. Aceptar la realidad de algo que consideremos injusto, como accidentes, robos, traumas, muertes repentinas, enfermedades o desastres naturales no significan que estamos de acuerdo con lo sucedido, solo que aceptamos que no hay marcha atrás en lo acontecido. Toda resistencia hace más difícil el movimiento y el fluir de las cosas y actividades.

  • Tomarse tiempo libre.

Busque tomarse unos días libres o de vacaciones dentro de lo que sea posible. Un cambio de ambiente puede ayudarle a manejar su duelo. Si no puede tomar días libres, al menos trate de sacar tiempo para dar un paseo hermoso y relajante o visitar el mar para ponerse en contacto con la naturaleza. Elaborar un duelo luego de una pérdida significativa no es una carrera de velocidad, yo diría que es más parecido a un maratón. Dese el espacio y el tiempo

  • Elaborar y expresar las emociones.

No trate de esconder o evitar sus sentimientos y emociones. Es importante que identifique, trabaje y exprese cada emoción que le surja durante el manejo de la pérdida significativa como parte del proceso del duelo. Algunas de las emociones y sentimientos más comunes en el duelo luego de una pérdida significativas son la culpa, la tristeza, el miedo, el coraje, la negación, el llanto y el desamparo. Tarde o temprano tendrá que bregar con cada una de ellas y sacarlas de su pecho, su mente y su alma para continuar sus días más liviano y libre.

  • Dar algún sentido a la pérdida.

Vivimos en un mundo de dualidades y de polos contrarios, en el cual no existe un “uno” si un “otro”. No existe el frio sin el calor; no hay luz sin la oscuridad; no existe la escasez sin la abundancia y no existe la pérdida sin la ganancia, pero ¿qué ganancia puede tener la muerte de un hijo, ser diagnosticado con cáncer, perder la casa y todas las posesiones en un desastre natural o ser cesanteado injustamente del trabajo? Honestamente, no lo sé. Lo que sí sé es que le toca a cada persona buscar y darle algún sentido a los eventos, experiencias, pérdidas y relaciones de su vida. Yo pienso que la vida no quita nada a nadie sin dejarle algo a cambio.  

  • Establecer y seguir una rutina.

La rutina y lo cotidiano luego de la muerte de un ser querido o de una pérdida significativa nunca será la misma. Es útil volver a establecer nuevas rutinas lo antes posible que ayuden a “normalizar” la actual realidad en un mundo sin “lo ausente” en nuestras vidas. Seguir un horario para comer, dormir, trabajar y hacer otras actividades ayudan en el proceso de adaptación y reajustes.

  • Enfocarse en pequeñas victorias.

No se ponga metas estresantes que lo lleven a acelerar el tiempo de su proceso normal de duelo. Tome el tiempo que le sea necesario. Enfóquese desde el principio en lograr pequeñas acciones como el poder realizar algunas tareas cotidianas; charlar con algún amigo; salir de la casa a dar un paseo o al cine; quitarse el pijama o la ropa de dormir temprano en la mañana, asearse y vestirse agradable; leer algunas páginas de su novela, revista o libro favorito o simplemente escuchar música. Celebre las pequeñas victorias de cada logro diario. Aplauda cada día en el que logra adaptarse mejor a sus nuevas rutinas. Reconozca y celebre el día cuando el llanto es menos frecuente e intenso que el día anterior y el pensamiento en su ser amado ausente o lo perdido no es continuo y sofocante.

  • Buscar apoyo de otros.

Las cargas compartidas son menos pesadas y dolorosas. El camino del duelo recorrido en compañía de otras personas en quienes confiamos es un poco menos arduo y más placentero. El apoyo social es clave en la recuperación de las pérdidas. Aceptemos los gestos de apoyo y la solidaridad de otras personas de confianza.

Hay muchas personas tímidas, independientes, orgullosas o autosuficientes que no acostumbran a pedir o recibir ayuda de nadie. Creo que el duelo es un buen momento para que hagan algunas excepciones. Recibir o pedir ayuda no significa que somos débiles, solo que somos humanos y al momento estamos vulnerables.

Amigos, Roma no se construyó en un día, pero se ponían ladrillos, techos o pisos en cada jornada. Toda pérdida significativa es dolorosa. Superarlas requiere de esfuerzo, determinación y apoyo. Podemos ver las pérdidas significativas como insoportables finales de apegos conocidos o como desconocidos comienzos de nuevas experiencias. ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Tú eliges.

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Seis consejos para sobrellevar la tristeza del duelo en las fiestas navideñas

Buenos y hermosos días

¿Cómo enfrentar las fiestas tras la muerte de un ser querido? La Navidad es la época del año que tradicionalmente pasamos disfrutando y gozando en familia, pero si alguno de sus miembros falta, su ausencia afecta la alegría de las celebraciones. Aunque la muerte de un ser querido siempre y en todo momento es impactante, el dolor de su partida física se aviva en las fechas especiales.  El dolor y la tristeza aumentan durante las fiestas de fin de año en aquellas personas que recientemente han sufrido una pérdida significativa en sus vidas o que aún no han podido superar su duelo a pesar del pasar de los años.

A continuación, algunos consejos o estrategias para sobrellevar la tristeza de una pérdida durante las fiestas de final de año.

  1. Planificar de antemano

No improvise y deje sin planificar las decisiones de dónde, con quién y cómo pasar los días clave de las fiestas. La angustia y la expectativa de lo que pueda pasar en esos días especiales resulta en muchas ocasiones peor que la realidad de las mismas celebraciones. Hable con sus familiares y amigos cercanos sobre sus deseos y expectativas durante el compartir navideño. Respete las opiniones de todos y reconozca que pueden ser diferentes a las suyas. Las siguientes preguntas pueden ser útiles. ¿Quiero decorar la casa? ¿Me sentiré cómodo entre la música y la algarabía? ¿Prefiero compartir solo con mi familia cercana y mi círculo más íntimo? ¿Qué le diré a los invitados usuales como familia extendida, amigos y vecinos con quienes no deseo compartir? ¿Cómo puedo recordar y honrar a quien ya murió?

  1. Hacer lo que le haga sentir mejor y le cause menos dolor

Identifique las actividades, eventos y tradiciones con las que entienda se sentirá mejor, más cómodo y seguro y menos vulnerable o mal. Por ejemplo, si visitar el cementerio le causa dolor y angustia, pues no vaya; pero si ir al cementerio le ayuda a aliviar su tristeza, pues hágalo. Cada persona vive y sufre el duelo a su manera y según sus circunstancias. Evite, sin embargo, beber alcohol en exceso o usar ciertas drogas que al final lo llevarán a una mayor tristeza y dolor.

  1. Aceptar sus sentimientos y los de otros sin juicios

No niegue y reprima las lágrimas, la tristeza y el dolor pues son sentimientos normales y esperados en el manejo del duelo. Tampoco se sienta culpable por celebrar, reírse un poco y olvidarse por un rato de su ser querido ausente. No debe existir ninguna obligación personal, moral ni social que le exija mantener una actitud seria y de pena durante todo un duelo. Evite caer en juicios sobre quién actúa o vive bien o mal su duelo durante las fiestas. Puede que usted no esté en actitud de fiesta, pero que otros familiares dolientes si lo estén.

  1. No quedarse solo

No es recomendable, bajo circunstancias normales, que nadie en duelo pase las fiestas por si solo. Busque la compañía de aquellas personas que lo hagan sentir mejor. Ya sea para cantar, bailar, llorar, recordar o permanecer en silencio juntos.

  1. Reconocer a quienes están ausentes  

Buscar la mejor manera de reconocer la memoria del difunto puede ayudar a cerrar ciclos. El encender velas, dedicar servicios religiosos en su nombre, plantar un árbol o hacer un brindis son algunas ideas. La navidad se caracteriza por la compra y la entrega de regalos. Si no está en el “mood” de ir de tiendas, siempre puede hacer las compras “online”. Puede comprar algo que simbolice o represente al difunto o a una época bonita que vivieron juntos y donarla a alguien necesitado. También puede ser voluntario o hacer una donación por una causa que fuera importante para su ser querido.

  1. Prestar atención a los niños pequeños

Los niños juegan un papel importante en las navidades. Téngalos en cuenta en lo que decida hacer. Ellos procesan sus duelos de diferente manera y relacionan las navidades con regalos, luces y fiestas. Quizás pueda participar de algunas de las actividades más importantes para ellos y no asistir a otras. No les oculte su tristeza y las razones para ella.

Amigos, las festividades navideñas son un tiempo difícil para el doliente que esté manejando la pérdida de un ser querido. Afrontar esos días va a requerir de reflexión interna, planificación y del apoyo de familiares y amigos. Las tradicionales celebraciones serán diferentes; ya sea porque decida transformarlas en otras nuevas sin la persona ausente, cambiarlas de escenario por lugares diferentes para aminorar los recuerdos dolorosos o suprimirlas por completo y no participar en ninguna. Lo importante es que haga y participe en todo aquello que lo haga sentir bien y que acepte sus sentimientos. Recuerde que la muerte es un suceso natural, que la vida siempre sigue su curso, que nadie debe morir con sus muertos ni vivir para ellos y que la felicidad y el amor son la meta final.

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¿Qué hacer y qué no hacer al ayudar a una persona en duelo?

Buenos y hermosos días

Hay un refrán popular que dice que el camino al infierno está construido o pavimentado de buenas intenciones. Las buenas intenciones no siempre resultan útiles ni van de la mano de las buenas obras. Creo que todos hemos estado alguna vez en una situación en la que no sabemos qué decir ni qué hacer para ayudar a una persona que ha sufrido una pérdida, está en problemas o está sumida en llanto. Nos quedamos con la mente en blanco y la boca seca por segundos que parecen eternidades. Hoy les hablaré de algunas cosas que apoyan y otras que no necesariamente apoyan a una persona que está pasando por un proceso de duelo luego de una pérdida significativa en su vida.

A continuación, les comparto cuatro procesos o actividades importantes en el manejo de un duelo. Cada una de ellas incluye mensajes o acciones que, según los expertos en duelo, no ayudan y otras que sí ayudan al doliente.

1.       Abrir los canales de comunicación

La comunicación efectiva, interna y externa, es siempre importante en las relaciones interpersonales, pero en los procesos de duelos pasa a ser vital. Hay que abrir nuevos canales de comunicación con el doliente que reconozcan y honren el hecho de que su vida y su mundo cambiaron para siempre. La persona que sufre la pérdida significativa está buscando su nueva identidad sin aquello perdido o sin su ser querido presente.

¿Qué no ayuda?

¿Qué ayuda?

·  Decir qué hacer y qué no hacer. ·  Hablar con amor, desde el corazón, sin agendas.

“tienes que pasar la página”, “cálmate”, “tienes que ser fuerte”, “vete de viaje”, “tienes que distraerte y mantenerte ocupado”.

Algunas frases de condolencias comunes que puede usar son las siguientes:

“Mi más sentido pésame”; “Siento mucho tu pérdida”; “No tengo palabras para expresar lo que siento” o un simple “lo lamento”, “te quiero” o “estoy aquí para ti”.

·  Evite decir “sé cómo te sientes”, pues cada duelo es único y evite los comentarios que comienzan con la frase “al menos”, pues tienden a minimizar el impacto de la pérdida. ·  Escuchar más de lo que se habla.

Escuche de manera activa y compasiva un 80% del tiempo y hable solo un 20%.

“al menos todavía te quedan otros dos hijos”; “al menos le dio tiempo de despedirse” o “al menos murió mientras dormía”.

    Puede preguntar:

“¿cómo estás hoy?”, “Estaba pensando en ti, ¿cómo te has sentido?”, “¿quieres que hablemos?”.

2.       Tomar la iniciativa.

Debemos tomar la iniciativa de ofrecerle ayudas concretas al doliente quien posiblemente esté aturdido y vulnerable, principalmente en los primeros días o semanas luego de la pérdida. Es importante, sin embargo, que respetamos su intimidad y sus decisiones. Recordemos siempre que podemos “llorar y sufrir con alguien”, pero no podemos “llorar y sufrir por nadie”. El proceso de duelo con su sanación y aprendizajes es totalmente individual e intransferible.

¿Qué no ayuda?

¿Qué ayuda?

·  Decir simplemente “llámame si necesitas algo”, “estoy aquí para ti”, “puedas contar conmigo” y luego desaparecer o no dar seguimiento. · Ofrecer ayudas concretas al apoyar en las nuevas  rutinas del doliente.
Este tipo de ofrecimiento general suele ser declinado por el doliente al no ubicarlo en algo definido y creer que pudo haberse dicho por compromiso. Ofrezca ayudas específicas como, por ejemplo;

Llevar las finanzas, hacer los pagos, cambiar el nombre de las cuentas.

Hacer la compra de alimentos, cocinar, hacer arreglos y la limpieza en la casa.

Hacerse cargo de los hijos pequeños, llevarlos a la escuela, las citas médicas, los deportes y los estudios.

·  Hacer o pretender que sean otros quienes presten ayuda. ·  Simplemente “esté presente” y tome la iniciativa de llamar a otros para coordinaciones si hace falta.

3.       Dar tiempo y espacio

Amigos, en el duelo, un clavo no saca otro clavo. Distraer la mente, conocer a otras personas o llenar el día de actividades para no pensar no son la solución. Hay que elaborar las emociones y adaptarse a las nuevas realidades. Todo ser vivo es único y diferente. Cada persona tomará el tiempo que le sea necesario, sean semanas, meses o años.

¿Qué no ayuda?

¿Qué ayuda?

·  Sugerencias para regresar rápido a la rutina luego de un tiempo y no molestar a otros con nuestra pena. ·  Ser paciente y proveer el tiempo y el espacio necesarios para el dolor, la pena, el llanto y la tristeza.
·  Alentar para que ocupe el tiempo con distintas actividades que lo mantenga entretenido y no piense demasiado. ·  Compartir y escuchar las historias y recuerdos del ser querido, aunque sean los mismos.
·  Animar a que regale las posesiones del difunto lo antes posible. ·  No presionar a que su proceso sea manejado en un tiempo dado: “ya ha pasado más de un año, o de dos años, ya debes salir de tu encierro y volver a vivir”; “ya es hora de que dejes de llorar todo el tiempo y de estar triste”.

4.       No comparar pérdidas.

¿Cómo medir el sufrimiento y la pena de otra persona en dolor? ¿Cómo podemos comparar el nivel de vacío y devastación que alguien puede sentir cuando se le muere un ser amado? Yo no sé, pero tenemos la costumbre de comparar pérdidas. No hay dos personas iguales. No hay dos duelos iguales. Dejemos las comparaciones encerradas en la gaveta al hablar con una persona en duelo.

¿Qué no ayuda?

¿Qué ayuda?

·  Juzgar y comparar casos: poner como ejemplos a conocidos con peores penas y mejor actitud. ·  No intentar minimizar la pérdida.
·  Hablar constantemente de tus pérdidas que realmente fueron “terribles” y cómo lograste salir adelante. ·  Reconocer y explicarle al doliente que su dolor y su pérdida son únicas e individuales.

Amigos, no tenemos que ser consejeros, especialistas o profesionales en el manejo de duelo para apoyar a algún familiar o amigo en sus procesos de pérdidas. Nuestra presencia, amor y escucha activa, sin juicio ni expectativas más allá que la de estar disponibles para apoyar a otro ser humano en necesidad, muchas veces son suficientes. Reconozcamos, respetemos y honremos el proceso de cada doliente.

Bendiciones, Diana.

Referencias: Aprender de la pérdida. Robert Neinmeyer.

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El miedo: ¿amigo o enemigo?

Buenos y hermosos días

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.” El escritor y pensador español Ramón de Campoamor nos regaló en el siglo XIX esta sabia frase y reflexión sobre lo relativo del mundo, las realidades y las cosas. Yo pienso que no hay persona, experiencia, emoción o situación totalmente buena o mala. Todo depende del “quién”, “cuándo”, “dónde” y el “cómo” se vea e interpreten las relaciones, los sentimientos y los eventos que nos suceden. Veremos cómo una emoción básica como lo es el miedo puede mantener su neutralidad con sus encantos y defectos.

Los miedos, como todo o casi todo en la vida, pueden resultar útiles o perjudiciales, según sea el caso. A continuación, dos de las principales ventajas y desventajas del miedo:

Ventajas o beneficios

  1. Protección

El miedo nos lleva a un estado de alerta y atención de los sentidos físicos y la intuición que nos protege de peligros y amenazas reales. Por tal razón se convierte en un posible aliado al que hay que aprender a escuchar adecuadamente para que sea guía y no limitación de acciones.

  1. Incentivo

Una pizca de miedo puede ser necesaria de vez en cuando para movernos a la acción, sobre todo cuando estamos en un trabajo nuevo, una situación desconocida o un ambiente poco familiar. Un poco de temor puede servirnos de incentivo en las competencias y en las dificultades, pues el lograr conquistar nuestras miedos y temores nos hace sentir invencibles. El miedo sirve para mostrar y retar nuestras capacidades y límites.

Desventajas o problemas

  1. Encadenamiento

El miedo puede encadenarnos en un lugar, relación, trabajo o ambiente cómodo y conocido callando, enterrando y hasta asesinando nuevas oportunidades, cambios y sueños. Con el tiempo, la cárcel de nuestros miedos se hace cada vez más impenetrable. La confianza y la autoestima se lastiman grandemente. La visión real de las situaciones se altera para amoldarse a nuestra temerosa y distorsionada realidad.

  1. Enfermedades

Muchas enfermedades llegan de la mano de vivir en largos estados de la ansiedad y el estrés que provocan los miedos y temores. Nuestros cuerpos y mentes sufren males y condiciones fuertes y variadas que nos roban la salud, la paz y la felicidad. Perdemos el apetito y el sueño a manos de sentimientos de culpa, angustia y estrés. El miedo es el culpable por excelencia en la vida de muchas personas.

Los miedos, con sus causas y consecuencias, llegan a nuestros días y rutinas cargando una maleta llena de regalos neutrales que vamos abriendo durante el camino. Veamos algunos ejemplos:

  • Seguridad

Sentimos miedo cuando no estamos seguros de qué hacer o de cuál debería ser el siguiente paso por seguir en muchas situaciones de la vida, algunas de ellas peligrosas y desconocidas.  Dicha inseguridad nos puede llevar a ser precavidos, a estar más alertas, a analizar mejor las posibles alternativas y consecuencias y a prepararnos mejor. Dichas acciones, en su justa medida, nos protegen y ayudan en la vida.

El mismo estado de inseguridad que nos causan nuestros miedos, por otro lado, nos puede paralizar y evitar que avancemos en la vida. La comodidad de una inseguridad molesta, pero familiar y conocida, es seleccionada por muchas personas por encima del riesgo de una inseguridad imprevista.

  • Motivación y energía

El miedo puede ser la fuente de motivación para arriesgarnos a cambiar y llegar a ser felices o exitosos. Puede ser el motor que nos da la energía “positiva” para seguir adelante en los momentos difíciles.

Sin embargo, el miedo también puede ser la energía “negativa” que nos convierte en víctimas perpetuas de las circunstancias y situaciones. La energía, con sus distintas cargas, que nos impulsa y motiva no es buena ni mala, lo que hagamos con ella definirá los resultados de su uso.

  • Filtros

Nuestros miedos son nuestras gafas o espejuelos de visión. Nos sirven de filtro de la vista exterior de las distintas situaciones que nos rodean y de espejo del panorama interior de lo que sentimos y pensamos. Los miedos son espejos básicos y neutrales; lo que hagamos con ellos es lo que hace la diferencia.

Es natural que muchos miedos, inseguridades y temores del pasado y algunos nuevos salgan con fuerza a la superficie durante el morir, el duelo y las pérdidas. Sin embargo, amigos, los miedos, reales o imaginarios, no aparecen de la nada; siempre tienen un origen, una razón de ser y unos aprendizajes por descubrir. Nos muestran, de manera abierta o encubierta, todo aquello a lo que tememos. Nos toca a cada cual el descubrirlos, abrazarlos, conquistarlos y luego dejarlos ir en su momento adecuado. Debemos responder cada día las siguientes preguntas: ¿a qué temo hoy?, ¿dónde se origina esta emoción de miedo?, ¿para qué me sirve este miedo?, ¿quién, a final de cuentas, tiene el control, mis miedos o yo?

Creo que las bendiciones y los aprendizajes de vida muchas veces nos llegan con distintos disfraces que nos confunden. Los miedos nuestros de cada día pueden servirnos de llaves que nos liberan o nos encarcelan en la vida. Hablando de cárcel, termino con unas palabras de Nelson Mandela a quien sus convicciones y circunstancias lo llevaron a 27 años de prisión para luego convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica y dar fin al régimen segregacionista del apartheid: “no es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo”.

Bendiciones, Diana.

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¿Cuándo pedir ayuda en el manejo de un duelo?

Buenos y hermosos días

Mi madre solía decir la frase, “esto ya pasa de castaño oscuro” para referirse al momento en que se sobrepasan los límites tolerables de una situación o suceso. Escuchar dicha expresión desde pequeña me hacía saber que ya era tiempo de hacer algo diferente, pues la cosa estaba mala y empeorando. Hoy les daré algunas pistas que les ayudarán a saber cuándo su duelo, o el de un ser querido, está cruzando la línea de lo normal o natural a lo complicado o patológico y deberían considerar seriamente solicitar la ayuda de un profesional especializado.

Hay momentos en la vida en que, por más que lo intentamos, sentimos y vemos que no logramos avanzar o superar un problema o crisis. Nuestras emociones, sentimientos y pensamientos son tan intensos y confusos que nos sentimos bloqueados. No podemos funcionar de manera normal y placentera en nuestra vida cotidiana. Los días pasan en cámara lenta y vivimos la mayor parte del tiempo como en un piloto automático. Las pérdidas significativas y las muertes de nuestros seres amados muchas veces nos atrapan en procesos de duelos difíciles, dolorosos y prolongados.

La palabra duelo proviene del latín “dolus” y significa sentir un dolor profundo. El duelo es el término que identifica las reacciones individuales saludables y normales ante un suceso de una pérdida significativa. Dicho conjunto de reacciones individuales cubre aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales del doliente. Una pérdida significativa está atada a la ausencia de un algo material y real o intangible y abstracto o a un alguien con quien tenemos un apego o una relación significativa que se cimenta en amor.

A continuación, algunos signos o alertas que deben llevarlo a buscar ayuda profesional que lo apoye en el manejo de su pérdida, duelo y dolor:

  • Sentimientos de culpa y de ira intensos, incontrolables y constantes.
  • Reacciones emocionales muy intensas, desesperación extrema o depresión severa y prolongada que duran más de seis meses.
  • Gran dificultad para mantener un funcionamiento normal continuo en el día a día.
  • Sensaciones o síntomas físicos intensos que amenazan su bienestar físico, mental y emocional.
  • Abuso de sustancias como drogas y alcohol que se convierten en hábitos para aliviar el dolor.
  • Abandono constante de hábitos previos de cuidado personal y tareas rutinarias en la casa.
  • No sentir nada la mayoría del tiempo o sentirse constantemente bloqueado.
  • Severa pérdida de la autoestima.

Les aclaro que muchos de estos signos o síntomas son característicos de un proceso natural y normal de duelo: ira, culpa, desesperación, depresión, reacciones emocionales intensas, síntomas y malestares físicos y mentales, uso de drogas y alcohol como alivio, sentirse bloqueado, triste o desmotivado. Entonces, ¿que hace la diferencia y “traza una la línea en la arena”? Les diría que el tiempo de duración y la intensidad de las reacciones, emociones y las acciones, o la falta de ellas, juegan un papel clave en la trayectoria del doliente y en su proceso de duelo. Algunos adjetivos y calificaciones como “intensos”, “constantes”, “prologados” y “amenazantes” que nos llevan en el tiempo a un tipo de abuso que crea nuevos hábitos peligrosos o nos llevan a un tipo de desequilibrio o abandono funcional de previas tareas cotidianas son importantes señales de alerta.

La mayoría de las personas logran, con mayor o menor dificultad, superar sus duelos y pérdidas significativas en la vida de manera natural y normal. Sin embargo, hay un grupo de familiares, de conocidos, de desconocidos o de nosotros mismos que vamos a requerir apoyo adicional y ayuda profesional en los procesos de recuperación y adaptación al tener duelos que resultan complicados. Seamos conscientes de que, aunque la mayor parte de los individuos que nos rodean logran aceptar sus pérdidas, hacer sus procesos de duelo y cerrar sus ciclos de dolor de manera gradual y natural, existen personas a quienes, por variadas razones les cuesta mayor trabajo y requerirán apoyo especializado. Es importante que no dejemos que ningún duelo “se pase de castaño oscuro” y que podamos apoyarnos con paciencia, amor, empatía y conocimiento.  

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Con ira no hay curación, sanación ni libertad

Buenos y hermosos días

Nos hemos convertido en una sociedad en la que la ira y el enojo caminan libres por nuestras vidas, calles y corazones. Sus atributos prosperan cada día mientras la responsabilidad de sus causas y consecuencias se pasan por alto. Podemos pensar que nos sobran las razones para tener coraje y posiblemente sea muy cierto. Sin embargo, el hospedaje de la ira en nuestras casas y comunidades tiene un costoso precio que todos terminamos pagando.

¿Cuántas veces te has levantado presa del mal humor o del coraje? ¿Alguna vez has sentido que te enojas y permaneces molesto sin entender claramente las razones?  La ira es un sentimiento de indignación que causa enojo, coraje y hasta deseos de venganza. Surge como una reacción emocional de las personas cuando consideran que ocurrió, que está ocurriendo o que ocurrirá algo negativo o malo para su bienestar o sus intereses o el de sus seres queridos. Usualmente la persona iracunda o molesta piensa que ese algo negativo se podría haber evitado si: “alguien los hubiera tenido en cuenta”, “el mundo no fuera tan injusto”, “las personas hicieran bien su trabajo”, “ellos tuvieran más suerte, éxito o dinero en la vida,” o simplemente “no se hubiesen metido en lo que nos les importaba al querer ayudar a otros”.

La ira nunca llega ni camina sola, pues hay secuaces que se esconden detrás de ella para salir a la superficie en el momento adecuado. El miedo, la desconfianza y el odio suelen esconderse en las sombras de la ira. La ira está acostumbrada a que no la toquen ni le cuestionen mucho al mantener el control de las personas. Se siente intocable y justificada. Amigos, si no comenzamos a ocuparnos de ella, pronto la ira nos dominará a todos.

La ira, según la Doctora Elisabeth Kübler-Ross, es la segunda de las etapas comunes de las personas en sus procesos de aflicción, muerte o duelo. Usualmente las primeras emociones que surgen luego de la primera etapa de la negación o el shock inicial están relacionadas con el coraje, la ira y el enojo. Las frustraciones, la vulnerabilidad y la impotencia que nos embargan en ese momento inicial se suelen canalizar en sentimientos de enfado contra todo y todos.

A continuación, algunas ideas para manejar a la ira durante el duelo.

  • Reconoce e identifica que tienes coraje.
  • Acepta que es natural y normal sentir ira en su momento.
  • Perdona a quien te hirió o a quienes culpas por lo ocurrido.
  • Trabaja con el sentimiento, busca su origen y déjalo salir. Escribir o llevar un diario, hacer ejercicios físicos, hablar con amigos o meditar pueden ayudar en el proceso de soltar el coraje.
  • Procura relajarte y retomar el control de tus emociones si sientes que la ira va en aumento; busca distraerte, cuenta hasta 50, respira profundo, escucha música o baila, invoca a la compasión y al amor a tu vida.
  • Busca ayuda de un profesional de la salud si sientes que no tienes el control sobre el sentimiento de la ira y el coraje.

No podemos seguir pasando por alto la ira y su impacto en nuestras vidas y comunidades. No podemos tomarla como parte del “nuevo normal” en una sociedad rodeada de guerras, injusticias, violencia, depresión, enfermedades y crímenes. Debemos pasar de la preocupación inerte a la ocupación consciente. Pienso que mantener la ira y el coraje en nuestras vidas por largo tiempo afecta a nuestros cuerpos físicos, en especial al corazón, bloquea la energía vital y limita nuestra capacidad de amar y ser felices.

La próxima vez que la ira, el enojo o el odio asomen la cara en tu vida o en la de algún ser querido te sugiero que hagas un detente. No permitas que esa energía malsana tome y mantenga el control del momento como la protagonista de la acción. Pregúntate seriamente, ¿qué está alimentando o causando estos sentimientos?, ¿qué ocultan o esconden detrás de su iracunda identidad? y ¿cómo y con cuáles otros sentimientos se pueden sustituir?

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¿Qué es el duelo del cuerpo?

Buenos y hermosos días

Muchas veces nuestros cuerpos se sienten vacíos, temerosos, frágiles y hasta rotos por dentro al pasar por distintas crisis, problemas y duelos dolorosos. El cuerpo nos duele al pasar por transiciones, pérdidas y muertes de seres queridos. Las diferentes sensaciones, al ser detectadas por nuestros sentidos, nos ayudan a procesar las fuertes emociones y estímulos. Hoy les hablaré de las sensaciones en el cuerpo físico durante el duelo.

¿Qué son las sensaciones?

Las sensaciones son la manera en que nuestros cuerpos detectan los estímulos externos o internos a su alrededor. Son impresiones fuertes que perciben los seres vivos ante los estímulos y que se detectan en distintos órganos mediante los sentidos, por ejemplo, la vista, el tacto, el oído, la nariz, la piel, la boca o el olfato Las sensaciones están también relacionadas con el efecto sorpresa y con la percepción o el presentimiento de hechos: “mi elegante vestido rojo de gala sorprendió a todos y fue la sensación de la fiesta”, “una sensación de tristeza me embargó” o “tengo la sensación de que algo malo va a pasar”.

A continuación, algunas de las sensaciones corporales más comunes de las personas en duelo:

  • Insomnio
  • Palpitaciones
  • Dolor en distintas partes de cuerpo, como la cabeza, la nuca, la espalda
  • Opresión en la garganta o pecho
  • Nudo en el estómago
  • Pérdida de apetito
  • Náuseas
  • Visión borrosa
  • Sofocones y oleadas de calor
  • Mareos y sensación de falta de aire
  • Hipersensibilidad al ruido
  • Debilidad, fatiga y pérdida de fuerza
  • Dificultad para tragar

Hay personas que viven y padecen estas sensaciones y llegan a sentirse angustiadas, temerosas y hasta un poco desquiciadas. Les aclaro a todas ellas que pueden estar tranquilas, pues aunque sientan muchas y variadas sensaciones y síntomas no están al borde de la locura. Dichas sensaciones son naturales y normales como parte del proceso de duelo corporal. Recuerden, sin embargo, que siempre pueden visitar a un profesional de la salud si tienen dudas e inquietudes.

El cuerpo puede regalarnos, en cada día durante el duelo, alguna información o sensación nueva o las mismas, pero con mayor intensidad. Al leer la lista que les compartí, pueden ver que son sensaciones poco placenteras y molestas. Deseamos que se vayan rápido de nuestras vidas. Sin embargo, amigos, cada sensación interna o externa tiene una historia que contarnos. Nuestras sensaciones nos relatan confidencias por descubrir y verdades por manejar.

Debemos escuchar a nuestros cuerpos durante los momentos difíciles, las pérdidas y las transiciones de nuestra vida. Pausemos el ritmo de vida acelerado y busquemos espacios de silencio. Todos nacemos con una sabiduría interna que siempre busca guiarnos y cuidarnos. Confiemos en nuestra intuición sagrada y en la de nuestros seres queridos para superar las crisis y los problemas.

Amigo doliente, lamento que hayas pasado o estés pasando por una pérdida significativa en tu vida. Imagino que el camino de recuperación no ha sido fácil. Tu cuerpo y tu mente están sintiendo los efectos de muchos cambios y emociones fuertes y dolorosas. Te reconozco por seguir de pie y en busca de herramientas de apoyo al leer este artículo.

Los duelos impactan el cuerpo de las personas en otras dimensiones más allá del nivel fisiológico. Hay que trabajarlos, manejaros, entenderlos y procesarlos desde una perspectiva integral de sanación. Te exhorto a que, en lugar de sufrir, lamentarte y luchar contra esas sensaciones físicas y no físicas de tu cuerpo y sus órganos, las escuches con atención. Acéptalas como parte de tu proceso de cambio y recuperación y diles: “hola, sé que son parte de mi duelo, las atiendo, escucho su historia, aprendo de ustedes y simplemente espero en calma consciente junto a ustedes”.

 

Referencias

Los 7 tipos de sensaciones, y qué información captan. https://psicologiaymente.com/psicologia/tipos-de-sensaciones

Superar una pérdida: Cuando el cuerpo duele. https://www.fundacionmlc.org/superar-una-perdida-cuando-el-cuerpo-duele/

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La universidad del duelo

Buenos y hermosos días

La muerte de un ser querido es un evento devastador y difícil de manejar. El ser amado que muere se lleva consigo parte de nuestra esencia y pasado. Su ausencia cambia para siempre nuestra vida presente y llena de una aterradora incertidumbre nuestro futuro. Mas allá de la muerte, existen muchas otras transiciones y pérdidas significativas que también nos impactan y alteran la vida para siempre. Hoy les hablaré de cómo manejar una pérdida significativa, pues siempre existe una vida nueva al superar un duelo.

Existen muchos teóricos y expertos en el tema de la muerte y el duelo que nos comparten sus ideas y modelos. Algunos de esos modelos del duelo hablan de 4 tareas básicas, otros de 6 procesos y otros nos presentan fases comunes por las que el doliente debe pasar. En mi labor como tanatóloga certificada por los pasados años he dialogado con muchas personas que atraviesan o han atravesado por enfermedades, problemas, duelos y muertes de seres queridos.

Les compartiré mi modelo de 5 ciclos para sobrevivir y superar de una pérdida significativa. Cada ciclo tiene varios pasos y acciones que el doliente tiene que llevar a cabo para elaborar su pérdida significativa y graduarse de la universidad del duelo. Defino la palabra ciclo como una serie de acciones relacionadas entre sí con el tema de pérdidas significativas y duelos que se llevan a cabo en un tiempo determinado en la vida del doliente.

A continuación, los 5 ciclos de la universidad del duelo.

  1. La realidad

Algo en tu mundo o realidad cambió. Algo o alguien valioso para ti terminó, murió, o se alejó de tu vida. El cambio o la pérdida puede ser repentino, como un accidente, trauma, diagnóstico de una enfermedad terminal, pérdida de trabajo, alguien te dejó y se alejó de tu vida o la muerte de un ser querido. Puede ser gradual, como la jubilación, las mudanzas, la culminación de estudios o la muerte de un enfermo en etapa terminal. El hecho es que tu vida cambió en un instante. Ya nada será igual que antes y esa es la realidad que tienes que afrontar.

En este ciclo la persona recibe las noticias, entra y sale del shock inicial y atraviesa por la negación de lo sucedido. El doliente tiene que comenzar a entender que tuvo una pérdida dolorosa y que dicha pérdida tendrá un impacto significativo en su vida. Hay que comenzar a aterrizar de dicho impacto, registrar en el interior del ser que no hay marcha atrás y estar dispuesto a trabajar el duelo.

  1. Las emociones

Este suele ser el ciclo más difícil del proceso del duelo. Tomas mayor conciencia de lo sucedido y comienzas a internalizar lo que realmente significa tu pérdida y el arduo camino por recorrer. Muchos sentimientos intensos y cambiantes llenaran tus minutos, horas y días.  Te conectas con muchas sensaciones. Empiezas a escuchar tus sentimientos.

El doliente debe buscar el origen de sus miedos y conflictos no resueltos. Es necesario que libere su corazón de miedos para que pueda experimentar el amor de lo presente y de lo ausente. La persona en este ciclo debe:

  • identificar sus creencias, redes de apoyo y emociones;
  • buscar la raíz de cada emoción e identificar contra qué o quién está dirigida; y
  • aceptar su realidad y sentimientos para liberarse de cargas del pasado.
  1. Lo perdido

 Es importante repasar y resumir tu vida hasta el momento presente y visualizar cómo esa vida estaba relacionada con aquello perdido. Hay que identificar todo lo que se perdió y discernir su impacto. Tienes que valorar objetivamente la vida y cualidades de lo perdido sin llegar a idealizarlas. Debes llegar a entender que el ser querido que muere nunca se pierde, solo se relocaliza emocionalmente en tu interior. Hay que identificar las actividades, funciones y tareas que el difunto antes realizaba y que ahora tú solo o alguien más en tu nueva vida tendrán que llevar a cabo. Esa planificación será parte del nuevo tú del próximo ciclo.

La persona en este ciclo debe:

  • repasar su vida e identificar los vacíos o huecos que lo perdido le dejó;
  • discernir entre aquello con lo que desea quedarse de lo perdido y aquello que no (emociones, recuerdos, cosas materiales) y
  • cambiar el tipo de relación previa con lo perdido (física a no física).
  1. El nuevo tú

La definición del nuevo tú llega de la mano de la aceptación de lo perdido. Debes preguntarte; ¿qué es bueno para mí?, y planificar tu nueva vida desde esa base. Es importante que celebres cada pequeño avance, victoria y logro de tu proceso de duelo. Le debes dar gradualmente la bienvenida a la alegría y la felicidad a tu vida sin culpas ni miedos. Debes enfrentar el futuro con confianza, coraje y, sobre todo, con amor.

La persona en este ciclo debe:

  • definir su nuevo mundo sin lo perdido;
  • rellenar los huecos o vacíos dejados por sus pérdidas haciendo los ajustes en las rutinas a corto y largo plazo y
  • comenzar a vivir su nueva vida fortaleciendo sus defensas y preparándose para futuros cambios y pérdidas.
  1. La cicatriz

Algunos recuerdos, fechas especiales y aniversarios actuarán como detonantes del dolor de lo perdido y del duelo previo. Nos llegaran las lágrimas, tristezas y el dolor de lo que ya no está, pero en menor escala e intensidad. La cicatriz de la herida que nos causó una pérdida significativa en la vida es una marca emocional que estará con nosotros para siempre.

La persona en este ciclo debe:

  • enfocarse siempre en su presente;
  • cuidarse de los detonantes del pasado y
  • honrar su cicatriz.

Espero que este modelo que nombré la universidad del duelo les sea útil a la hora de sobrevivir pérdidas significativas. El día a día de la vida nos traerá muchos cambios, crisis, problemas y duelos. Las transiciones con sus aprendizajes continuos son parte del encanto de la vida. Nos toca a cada uno de nosotros graduarnos de nuestros duelos y pérdidas.

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Valoremos sí, pero no idealicemos al ser amado ausente

Buenos y hermosos días

Hay una frase común que nos dice que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.  Las pérdidas en la vida siempre nos llevan a pensar en un antes y un después. El evaluar aquello que perdimos usualmente nos hace reconocerlo y valorarlo mucho más que cuando era parte de nuestra vida. El encarecer o aumentar el valor de algo, sin embargo, nos puede llevar a idealizarlo. Por tal razón es importante saber valorar, pero no idealizar lo ausente luego de una pérdida significativa en nuestras vidas.

Asociamos las acciones de idealizar y valorar con reconocimientos, virtudes y precios. Sus definiciones se parecen y se entremezclan. Valoramos cuando reconocemos, apreciamos o estimamos el precio, el mérito o el valor de alguien o algo. Por otra parte, idealizamos cuando elevamos las cosas o las personas sobre la realidad, ya sea por medio de la fantasía o de la inteligencia.

Pasamos gran parte de nuestras vidas comparando e idealizando todo y a todos a nuestro alrededor. Muchas veces engrandecemos en nuestras mentes los sucesos y las personas por encima de lo real. Cada persona percibe, recibe y cataloga lo que pasa a su alrededor de distintas maneras.

Tener ideales en la vida puede ser algo bueno y deseado. No está mal pensar y desear por todo lo alto y esforzarse en lograrlo. El problema comienza a surgir cuando dejamos de ser objetivos y solo vemos un   lado, positivo y fantástico, de las cosas o personas.

Frecuentemente escuchamos elogios y cosas buenas de las personas que mueren a nuestro alrededor. Las referencias de los difuntos suelen ser positivas: “era el mejor hijo del mundo”; “era una mujer y madre ejemplar y fuera de liga”; “se nos fue un angelito al cielo”; “tenía un gran futuro adelante”; “era tan inteligente y trabajador”; “era un pilar en su comunidad”;” nunca tuvo un no para mí”; “era la mejor persona que he conocido en mi vida”. Pienso que es natural y normal que en los rituales de despedidas y funerales se resalten las cualidades positivas de los difuntos. Compartimos en comunidad todas aquellas anécdotas y cualidades que nos recuerdan al ser humano que acaba de partir de este plano físico para siempre.

Cada persona o doliente en su proceso de duelo pasa por diferentes etapas. Es posible que algunas características del difunto se valoren de manera algo exagerada o se idealicen de manera temporal durante el proceso del duelo. Eso es una parte normal del proceso interno de reajustes del doliente luego de la reciente pérdida por la muerte de un ser querido. Sin embargo, es importante que el doliente logre con el pasar del tiempo valorar en su justa perspectiva su relación real, y no idealizada, con el muerto. Tiene que reconocer todo “lo bueno y lo malo” del difunto, sus características, su legado, sus aciertos y sus errores.

El doliente que permanece idealizando todo lo relacionado con el ser amado ausente corre el riesgo de no completar su duelo y elaborar su dolor. El idealizar puede ser una manera de permanecer en etapas de negación, sufrimiento o depresión.  Las virtudes reales de la persona ausente deben ser la base de nuestro amor y recuerdo de ellos.

Muchas veces dejamos sin grandes cambios, o casi intactos por muchos meses o años, los espacios, las habitaciones, los guardarropas, los baúles y las cosas materiales del ausente, tal y como estaban previo a la pérdida. Querer mantener algunos recuerdos materiales del ser querido ausente no es necesariamente malo ni perjudicial. Sin embargo, el doliente debe reconocer las verdaderas razones para tal comportamiento de apego material. Lo importante es aceptar una realidad de partida física del ser amado que no tiene marcha atrás y que aferrarse al pasado prolonga el sufrimiento.

Todos los días surgen eventos que cambian un mundo conocido y seguro y nos arrojan en nuevas realidades desconocidas. Nuestros seres queridos partirán en algún momento de nuestras rutinas o harán su transición final de vida. Mas allá de idealismos exagerados, valoremos la vida de nuestros seres queridos ausentes hoy y siempre.

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Está bien sentirse triste

Buenos y hermosos días

Por alguna razón la mayoría de las personas piensan y sienten que estar triste es un problema y algo negativo o malo. Nos preocupamos cuando nos sentimos tristes o cuando percibimos que algún familiar o ser querido está triste. Sin embargo, la tristeza es una emoción humana común y saludable. Nuestro cerebro responde de manera natural a situaciones difíciles y eventos estresantes con ciertas emociones básicas, entre las que se encuentra la tristeza, por lo que está bien sentirse triste en ocasiones. Hoy les hablaré del importante rol de la tristeza en las pérdidas y los duelos de la vida.

El dolor es una reacción normal y natural ante la pérdida de algo o alguien valioso en nuestra vida. Si lo que se fue de tu vida era significativo para ti, lo anormal y antinatural sería el no sentir dolor alguno y el que te importe un bledo o pepino la ruptura de ese valioso lazo con lo perdido. Si no sientes ningún dolor luego de la pérdida, o estás en el shock o negación inicial o lo que se fue o partió, no era realmente significativo para ti. Ambas situaciones también son válidas y reales.

Eventos normales de la vida pueden causarnos tristeza, angustia y dolor. Las transiciones, los cambios, las despedidas, las rupturas sentimentales, las pérdidas de trabajo, los problemas económicos, las jubilaciones, las enfermedades, el fracaso y la muerte pueden ser detonantes de periodos de tristezas. La tristeza en una emoción básica que ayuda a las personas a dirigir sus conductas y comportamientos en las distintas situaciones que viven.

Aunque la mayoría de las veces conocemos e identificamos lo que nos lleva a sentirnos tristes, puede ocurrir que algún día nos sintamos triste sin aparente razón.  Quizás ocurra que nos levantemos con un estado de ánimo apagado o afligido o que durante el día nos pongamos algo melancólicos de repente. Eso es normal.

Sentirse triste ocasionalmente tiene sus ventajas. Ayuda a crear empatía con la tristeza de los otros. Esa empatía nos lleva a crear redes de apoyo, solidaridad y consuelo a los afligidos. Sentirnos tristes también nos ayuda a valorar más el sentimiento de la alegría cuando llega.

El dolor de una pérdida nos conecta directamente con variados sentimientos como el miedo, la culpa, la ira o la tristeza. La conexión con la tristeza es importante en el duelo, pues nos lleva a reconocer de manera natural, aunque poco placentera, en que extrañamos lo perdido. Ayuda también a identificar el tono emocional que traen los recuerdos al ponerle nombre, color y emoción al sentimiento que las memorias evocan en nosotros. La tristeza del hoy ayuda a mejor adaptarnos a eventos difíciles del mañana.

Sentirse triste, aunque no lo crean, puede ser positivo al ayudarnos a soltar y sanar. El camino de la tristeza es muchas veces solitario y silencioso. Entramos en contacto reflexivo con lo que sentimos, lo que perdimos y lo que anhelamos. Estar triste de alguna manera alivia la presión de las apariencias al quitarnos la máscara forzada del “estoy bien” frente a otros. La tristeza es una emoción que ayuda a superar las desilusiones, las pérdidas y los fracasos de la vida al enviarnos un mensaje útil al cuerpo que ayuda a recobrar el balance y el equilibrio psicológico.

Pienso que la tristeza pone incómodas a las personas a nuestro alrededor que no saben cómo reaccionar a dicho estado de ánimo, ni en ellos mismos ni en los demás. Pensamos que es nuestro deber social o religioso el alegrar la vida de los demás en todo momento, ignorando que sentirse triste es normal, útil y parte natural de la vida. Amigos, la tristeza no es sinónimo automático de que algo está mal, que hay problemas que solucionar o que hay una depresión por tratar.

La tristeza es un estado mental pasajero. No requiere de mayor ocupación, terapias, ni apoyo profesional. Cuando la tristeza llega demasiado lejas en su duración, sin embargo, puede pasar de ser un sentimiento pasajero y convertirse en un trastorno de salud mental. Les hablaré en un próximo artículo de las diferencias entre tristeza y depresión. Mientras tanto, abracemos a la tristeza transitoria en nuestro diario vivir con la natural alegría de una reacción emocional natural de apoyo en los momentos difíciles de la vida.

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