La vida no nos quita nunca nada sin dejarnos algo a cambio. Vivimos en un continuo trueque de vivencias y aprendizajes, pérdidas y ganancias, alegrías y tristezas, nacimientos y muertes. A cada persona le toca identificar y reconocer las lecciones de cada suceso, trauma, situación y experiencia significativa en su jornada de vida.
El trueque entre las personas ha existido en diferentes modalidades por muchos siglos. Surge del intercambio de objetos o de servicios por otros bienes materiales o servicios. En dicho intercambio el valor de la transacción no se mide o radica necesariamente en el dinero. Es una antigua práctica en la que, más allá del valor de una moneda, el intercambio representa una alternativa de vida basada en necesidades básicas. Familias que salen de sus casas o comunidades cargadas con bienes materiales, productos, objetos, saberes o servicios, por un lado, y con una lista de insuficiencias y necesidades por el otro. Intercambio entre miserias y esperanzas de plátanos por lechugas, granos por frutas, animales por ropa, zapatos por remedios o curaciones, libros por enseres, artesanías por conocimientos.
Todos pasamos continuamente por muchas transiciones y cambios. Algunas de esas transiciones son rutinarias y cíclicas y se dan por sentadas, como el cambio del día a la noche y el cambio en las estaciones del año. Existen otros cambios mas significativos que nos dejan sentimientos de pérdida y dolor: divorcios, traumas, separaciones, enfermedades y muertes que nos dejan cicatrices físicas y emocionales.
Hay muchas relaciones, trabajos, pasatiempos, eventos y etapas en la vida que forman parte de nuestros pasados. Algunas nos traen buenos recuerdos y gratas memorias y otras son parte de tristes y dolorosas historias. Existen muchas otras que ni siquiera recordamos, para bien o para mal. Sin embargo, todas esas personas, etapas y eventos nos dejaron algo a cambio del tiempo en que coincidieron en el mismo espacio con nosotros o fueron parte de nuestra vida.
Pienso que todo lo que sucede tiene una razón de ser. Todo pensamiento, palabra, acción y reacción tiene una causa y un efecto. De alguna manera los seres vivos estamos todos interconectados. La vida es un continuo aprender de las vivencias y las experiencias que nos van formando. Detrás de las crisis, las situaciones difíciles o los problemas, siempre hay aprendizajes por descubrir.
Muchas veces les damos el control de nuestros sentimientos, estados y humores a otras personas y situaciones. Perdemos la paciencia, nos enojamos, gritamos y entramos en estrés por situaciones externas que no podemos siempre controlar. La frase “es que esa persona tiene una habilidad para sacarme de quicio” es un ejemplo común de cuando les regalamos a otros el poder sobre uno mismo. No podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero si podemos controlar cómo reaccionamos a lo que nos sucede y nos rodea.
Nada ni nadie tiene el control ni el poder de quitarnos algo que en realidad sea nuestro; un algo que radica en nuestro interior como la felicidad, al amor y la paz y que no es material ni tangible. Amigo, la llave de la puerta a tu interior es tuya. Solo la tienes tú y solo hay una copia.
La vida nunca se lleva nada de nadie sin dejarle a cambio el regalo de vivencias, experiencias y aprendizajes. Vivimos entre risas y llantos en un continuo reciclaje de sabiduría, emociones y lecciones de vida. Hoy te reto a que te detengas un momento e identifiques los distintos trueques de vida que has tenido. Agradece lo aprendido y suelta las pesadas cargas y sufrimientos innecesarios que todavía te puedan quedar.