El miedo: ¿amigo o enemigo?

Buenos y hermosos días

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.” El escritor y pensador español Ramón de Campoamor nos regaló en el siglo XIX esta sabia frase y reflexión sobre lo relativo del mundo, las realidades y las cosas. Yo pienso que no hay persona, experiencia, emoción o situación totalmente buena o mala. Todo depende del “quién”, “cuándo”, “dónde” y el “cómo” se vea e interpreten las relaciones, los sentimientos y los eventos que nos suceden. Veremos cómo una emoción básica como lo es el miedo puede mantener su neutralidad con sus encantos y defectos.

Los miedos, como todo o casi todo en la vida, pueden resultar útiles o perjudiciales, según sea el caso. A continuación, dos de las principales ventajas y desventajas del miedo:

Ventajas o beneficios

  1. Protección

El miedo nos lleva a un estado de alerta y atención de los sentidos físicos y la intuición que nos protege de peligros y amenazas reales. Por tal razón se convierte en un posible aliado al que hay que aprender a escuchar adecuadamente para que sea guía y no limitación de acciones.

  1. Incentivo

Una pizca de miedo puede ser necesaria de vez en cuando para movernos a la acción, sobre todo cuando estamos en un trabajo nuevo, una situación desconocida o un ambiente poco familiar. Un poco de temor puede servirnos de incentivo en las competencias y en las dificultades, pues el lograr conquistar nuestras miedos y temores nos hace sentir invencibles. El miedo sirve para mostrar y retar nuestras capacidades y límites.

Desventajas o problemas

  1. Encadenamiento

El miedo puede encadenarnos en un lugar, relación, trabajo o ambiente cómodo y conocido callando, enterrando y hasta asesinando nuevas oportunidades, cambios y sueños. Con el tiempo, la cárcel de nuestros miedos se hace cada vez más impenetrable. La confianza y la autoestima se lastiman grandemente. La visión real de las situaciones se altera para amoldarse a nuestra temerosa y distorsionada realidad.

  1. Enfermedades

Muchas enfermedades llegan de la mano de vivir en largos estados de la ansiedad y el estrés que provocan los miedos y temores. Nuestros cuerpos y mentes sufren males y condiciones fuertes y variadas que nos roban la salud, la paz y la felicidad. Perdemos el apetito y el sueño a manos de sentimientos de culpa, angustia y estrés. El miedo es el culpable por excelencia en la vida de muchas personas.

Los miedos, con sus causas y consecuencias, llegan a nuestros días y rutinas cargando una maleta llena de regalos neutrales que vamos abriendo durante el camino. Veamos algunos ejemplos:

  • Seguridad

Sentimos miedo cuando no estamos seguros de qué hacer o de cuál debería ser el siguiente paso por seguir en muchas situaciones de la vida, algunas de ellas peligrosas y desconocidas.  Dicha inseguridad nos puede llevar a ser precavidos, a estar más alertas, a analizar mejor las posibles alternativas y consecuencias y a prepararnos mejor. Dichas acciones, en su justa medida, nos protegen y ayudan en la vida.

El mismo estado de inseguridad que nos causan nuestros miedos, por otro lado, nos puede paralizar y evitar que avancemos en la vida. La comodidad de una inseguridad molesta, pero familiar y conocida, es seleccionada por muchas personas por encima del riesgo de una inseguridad imprevista.

  • Motivación y energía

El miedo puede ser la fuente de motivación para arriesgarnos a cambiar y llegar a ser felices o exitosos. Puede ser el motor que nos da la energía “positiva” para seguir adelante en los momentos difíciles.

Sin embargo, el miedo también puede ser la energía “negativa” que nos convierte en víctimas perpetuas de las circunstancias y situaciones. La energía, con sus distintas cargas, que nos impulsa y motiva no es buena ni mala, lo que hagamos con ella definirá los resultados de su uso.

  • Filtros

Nuestros miedos son nuestras gafas o espejuelos de visión. Nos sirven de filtro de la vista exterior de las distintas situaciones que nos rodean y de espejo del panorama interior de lo que sentimos y pensamos. Los miedos son espejos básicos y neutrales; lo que hagamos con ellos es lo que hace la diferencia.

Es natural que muchos miedos, inseguridades y temores del pasado y algunos nuevos salgan con fuerza a la superficie durante el morir, el duelo y las pérdidas. Sin embargo, amigos, los miedos, reales o imaginarios, no aparecen de la nada; siempre tienen un origen, una razón de ser y unos aprendizajes por descubrir. Nos muestran, de manera abierta o encubierta, todo aquello a lo que tememos. Nos toca a cada cual el descubrirlos, abrazarlos, conquistarlos y luego dejarlos ir en su momento adecuado. Debemos responder cada día las siguientes preguntas: ¿a qué temo hoy?, ¿dónde se origina esta emoción de miedo?, ¿para qué me sirve este miedo?, ¿quién, a final de cuentas, tiene el control, mis miedos o yo?

Creo que las bendiciones y los aprendizajes de vida muchas veces nos llegan con distintos disfraces que nos confunden. Los miedos nuestros de cada día pueden servirnos de llaves que nos liberan o nos encarcelan en la vida. Hablando de cárcel, termino con unas palabras de Nelson Mandela a quien sus convicciones y circunstancias lo llevaron a 27 años de prisión para luego convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica y dar fin al régimen segregacionista del apartheid: “no es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo”.

Bendiciones, Diana.

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