Sorpresas de la vida: la disforia y la euforia

Buenos y hermosos días

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, Dios.” Esa estrofa forma parte de la historia de Pedro Navaja, cantada por el excelente músico panameño Ruben Blades.  La canción nos relata como un día ordinario en la vida de cualquier persona puede terminar siendo su último, pues como nos dice Cheo Feliciano, “de cualquier malla sale un ratón”.   Muchas veces se nos escapan los días, meses y años entre sentimientos de molestias, disgustos e insatisfacciones esperando “tiempos mejores” que parecen nunca llegar.

La vida está llena de continuos cambios y transiciones.  Las pérdidas y los duelos son la orden del día para millones de personas alrededor del mundo. Vivimos entre constantes comienzos y cierres. Nos apegamos a personas, cosas materiales, estatus sociales y trabajos que pueden irse y perderse para siempre en un instante. Las pérdidas significativas muchas veces nos dejan sumergidos en un sentido de descontento e insatisfacción general.  

En el duelo ese sentido de malestar general se conoce como disforia. La disforia, lo contrario a la euforia, se usa también en la psicología para señalar una sensación, reacción o sentimiento opuesto a la alegría o al entusiasmo de gran intensidad.  La disforia es una emoción molesta que durante el duelo puede llevarnos desde la tristeza, disgusto e irritabilidad de los primeros días hasta los síntomas severos de trastornos de ansiedad y depresión.

La muerte de un ser querido es una pérdida difícil e impactante. La vida luego de dicha partida toma un doloroso giro y pareciera como si las alegrías y las satisfacciones se acabaran de repente. El doliente pasa por distintas etapas y sentimientos durante el duelo. Es normal sentirse triste y abatido luego de recibir noticias de muertes y pérdidas valiosas. Sin embargo, hay que dar pequeños pasos cada día para recuperar el bienestar y la satisfacción de vivir dentro de las nuevas rutinas y realidades. 

Debemos estar atentos a nuestras reacciones y estados anímicos ante las crisis y las pérdidas que nos impactan. Pasaremos por rupturas sentimentales, pérdidas de trabajo, situaciones estresantes, enfermedades, crisis económicas y muertes que pueden sumirnos en disforia y estados de insatisfacción general en la vida. Busquemos ayuda profesional si sentimos que no podemos continuar solos y que los meses pasan sin mayores mejorías en nuestra salud y bienestar.

Cada nuevo día estará repleto de sorpresas. Algunas de esas sorpresas y cambios serán agradables y nos traerán alegría, mientras que otros serán antipáticos y dolorosos. Sin embargo, todos llegan envueltos en un papel de regalo de aprendizajes y lecciones de vida. Son enseñanzas que, puestas en acciones futuras, siempre hacen que seamos más fuertes, agradecidos y mejores personas.

Les pido que por favor no vivan sus vidas y duelos desde un continuo descontento e insatisfacción. No se queden sufriendo por todo lo que pudo ser, pero nunca se logró. Ni tampoco lloren y añoren para siempre todo aquello que logró ser, pero terminó y partió.

Salgamos del desgano que muchas veces nos atrapa. Seamos como el niño que se levanta contento el día de su cumpleaños en espera de sorpresas y regalos. Abramos los ojos cada mañana con la alegría de un nuevo comienzo y no con el posible disgusto o estado de ánimo de insatisfacción en el que quizás nos acostamos.

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