El maldito pacto con la mediocridad

Buenos y hermosos días

¿Alguna vez has sentido que la mediocridad te arropa? Muchas veces yo me he sentido abrumada por la mediocridad de sistemas, procesos y personas a mi alrededor. Existen muchas personas que malgastan sus talentos y dones al optar por quedarse en la zona cómoda. Existen personas que deciden vivir sus vidas sin más esfuerzos que los mínimos necesarios para sobrevivir y pasan sus días entre quejas y reclamos, pero con pocas acciones, servicios y trabajos concretos.

Las pérdidas y los cambios a veces nos tumban o tambalean y tenemos que buscar nuevos balances, rutinas y ritmos.  Todos hemos tenido días, semanas y hasta meses en los que bajamos un poco el ritmo normal de la vida y la intensidad del trabajo. Eso es normal y esperado. El cansancio físico, emocional y mental siempre pasa la factura en nuestros cuerpos.  Dicha reducción de intensidad, enfoque y propósito no significa que de repente nos convertimos en mediocres, significa que somos seres humanos y no máquinas.

Mediocre es un adjetivo que describe algo que es regular, de valor o calidad media, de poco mérito y tirando a malo. En el caso de las personas mediocres nos referimos a aquellas que no tienen un talento especial, su desempeño es pobre o no tienen suficiente capacidad para la actividad que realizan. Todos hemos sido víctimas de las personas mediocres en las oficinas de gobierno, las empresas privadas, la educación, la salud, los servicios esenciales, las artes y ni hablar de los políticos y los servidores públicos que nos representan. Muchas veces pareciera ser que la mediocridad es un requisito indispensable para la descripción de muchos puestos y trabajos.

Para mí la mediocridad en las personas tiene dos vertientes principales atadas a la conformidad y al reconocimiento. Estoy convencida de que cada ser humano nace con una maleta de talentos, dones y habilidades como parte de su equipaje de vida. Cada persona es única y especial, pues al nacer se rompe de manera definitiva e irreparable su molde de fábrica haciéndolo exclusivo y excepcional. El reto es lograr identificar y usar al máximo ese equipaje de talentos y destrezas que traemos.

La persona mediocre muchas veces se conforma con hacer lo mínimo necesario y poner poco esfuerzo en todo lo que hace. Malgasta día a día sus talentos y habilidades, pues siempre es mejor que otros lo hagan por uno. No da consistentemente la milla extra en la vida ni en sus labores y procrastina en sus metas y objetivos. Ante las adversidades, le regalan o venden sus sueños y talentos a la resignación y la mediocridad. Se autojustifican con trilladas frases como “yo no sirvo para nada”, “lo intenté, pero es muy difícil”, “eso no me toca a mí”, “que otro resuelva” o “para lo que aquí me pagan”.

Existen también personas mediocres que, por otro lado, se aferran a funciones, trabajos y profesiones inadecuadas a sus talentos y habilidades. La comodidad, el miedo al cambio, el amor al dinero o el poder de las influencias ajenas las mantienen atadas a roles, labores y actividades que no dominan. Ataduras que las  fuerzan a una continua mediocridad en daño y detrimento de sí mismas y de otros. La autoestima del mediocre, que aun sabiéndolo aparenta no serlo y no hace nada para cambiar, se lacera cada día en silencio al vivir de apariencias ante los demás. Termina teniendo una vida infeliz al reconocer al final del camino todo lo que pudo haber sido y que por miedo, arrogancia y falta de acción no vivió, conoció ni disfrutó.

Amigos, pienso que es indispensable que cada persona identifique lo antes posible sus talentos, dones y habilidades. Hay que tomarse el tiempo necesario para reflexionar honestamente sobre lo que somos y lo que no somos, lo que tenemos y lo que no tenemos, lo que es y lo que no es para lograr vivir a plenitud y sin apariencias. Hay que identificar, reconocer, aceptar y proceder en la vida haciendo los ajustes necesarios ante los cambios, transiciones y pérdidas que nos afectan.

La muerte es el gran ecualizador y modulador de la vida. Evita que en tu recuento del final de la vida surjan las tristezas y los reproches por los talentos desperdiciados y los sueños olvidados. Identifica hoy en lo que eres bueno y te apasiona y trabaja fuerte en ello y para ello. Usa al máximo tus habilidades y capacidades cada día. No dejes que la ola de la mediocridad te arrope y caigas preso en un silente y devastador conformismo individual y colectivo.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *