Buenos y hermosos días
La vida es la acumulación de muchos momentos, experiencias y emociones vividas en un largo o un corto camino recorrido. Los pequeños detalles, regalos y actos que damos o que recibimos sin grandes pretensiones son los que muchas veces al final nos dan las mayores satisfacciones. El mero hecho de estar vivos nos ofrece cada mañana un mar de posibilidades y de milagros en ciernes. El vivir se construye paso a paso con sencillas victorias diarias entre aparentes pequeñeces.
La suma de los pequeños detalles de la vida crea la grandeza del vivir. La sonrisa de los niños; el café en las mañanas; la música que nos activa o aquieta; una cena en buena compañía, los libros que nos regalan conocimiento, historias y lugares por visitar y las mascotas que nos aguardan nos avivan los sentidos. Es fácil perder la perspectiva y minimizar el valor de todas las personas con quienes crecemos y compartimos y en cuyas interrelaciones diarias nos hacemos a su vez personas. La familia que nos saca por el techo y nos ama de mil maneras diferentes, los amigos que nos acompañan en las aventuras y los supuestos “enemigos o personas malas” que nos causan dolor y lágrimas, pero que nos regalan grandes lesiones y aprendizajes, son una parte importante de nuestros días.
No hay que imaginar el sol saliendo por el este y ocultándose por el oeste para que transcurra un día, ocurre de manera automática; no hay que pensar en el aire rellenando nuestros pulmones para poder respirar, ocurre de manera automática; no hay que hablarle al cuerpo para que se desarrolle y nos lleve desde la infancia a la adultez, ocurre de manera automática y no hay que pedirle al agua que sostenga la vida del ser humano, pues ocurre de manera automática. Las cosas que ocurren de forma automática y sin esfuerzo consciente no son menos grandiosas, al contrario. Su grandeza está oculta en el anonimato que las esconde y las da por sentado. La vida es un hermoso regalo cubierto por una frágil envoltura. Nuestro planeta Tierra es un gran globo rocoso repleto de maravillas naturales. Solo tenemos que ser conscientes de ello y disfrutarlas cada día.
La grandeza de las personas no se mide en las pulgadas de sus músculos, la belleza de su cuerpo, la potencia de su voz, la elocuencia de su discurso, las hazañas de su inteligencia, el legado de sus logros o el total de sus posesiones materiales. No todos podemos ser las famosas estrellas de los deportes, las artes o las ciencias para ser importantes en la vida. Nuestra grandeza radica en nuestro interior, en el ser y en el estar, y no necesariamente en el exterior de unos logros, apariencias o resultados. Amigos, en el lecho de muerte las posesiones, la inteligencia, el cuerpo, la belleza, los premios, las medallas o el dinero acumulado no nos sirven para nada.
Despierta tus sentidos, estimula tu mente y abre tu corazón cada mañana para reconocer y agradecer la grandeza de las pequeñeces que te rodean. Te exhorto a que seas grande en reconocer lo pequeño, desapercibido y silencioso de los 365 días de cada año. Baja el ritmo acelerado de tu vida, valórate y disfruta tu soledad, la compañía de otros, la naturaleza y los pequeños placeres del estar vivo.