Buenos y hermosos días
Existe una expresión popular que habla de “no reinventar la rueda”. La frase alude al hecho de que muchos de los problemas que enfrentamos no son nuevos y ya tienen soluciones. Existen soluciones ajenas a problemas comunes que nos pueden apoyar en nuestros propios problemas, situaciones difíciles y crisis. Aunque podemos mirar a nuestro alrededor en busca de ayuda, apoyo y posibles soluciones, es importante que seamos siempre los dueños de nuestras decisiones, vidas y sus circunstancias.
Todos tenemos personas que admiramos y seguimos. Buscamos distintos modelos a seguir de otras vidas ejemplares que nos sirvan de ejemplo. Imitamos las personalidades, los estilos de vestir o caminar, las frases, las actitudes y hasta las excentricidades de nuestros artistas, políticos, lideres, padres, deportistas y héroes. Buscamos fuentes de inspiración y superación en otros que lograron salir adelante y triunfar en condiciones muchas veces peores que las nuestras. Personas de carne y hueso como tú y como yo que, en contra de todo y de todos, no se rindieron y llegaron a la meta deseada.
Pienso que es importante que cada persona tenga sus propios “héroes o heroínas” como ejemplos de lo que es posible lograr y superar. Personas comunes y corrientes, personajes históricos, seres excepcionales y figuras vivas o muertas que nos muestran posibles caminos a seguir. Son caminos que en su momento dado resultaron ser para ellos los adecuados o inadecuados, pero que les trajeron aprendizajes y vivencias que hoy nos regalan a otros.
Sin embargo, es importante que todos vivamos nuestra propia vida. Hay que reconocer nuestro valor único e individual más allá de la existencia de los seres queridos y los “héroes”. Evitemos vender nuestros sueños y terminar haciendo todo aquello que se espera de nosotros: estudiar la profesión que tiene sentido, heredar el negocio familiar, formar un hogar tradicional, tener hijos, cuidar a la familia, tener un trabajo estable y ser buenos proveedores. No aceptemos responsabilidades impropias y pesadas.
Muchas veces nos preocupamos en demasía por lo que hacen y lo que piensan los demás. Caemos presa de la envidia de otros. El deseo de otros de llegar a ser lo que somos o de tener lo que tenemos puede ser fuerte y dañino si permitimos que nos afecte. No le demos a nadie el poder y el control de nuestras vidas.
La continua envidia hacia otras personas tampoco es productiva. No podemos permitir que nuestros días y rutinas busquen continuamente lo que otros tienen o lograron. Eso es como guiar o conducir nuestro auto o vehículo usando siempre los espejos de los lados o el espejo retrovisor en lugar de poner la vista de frente en el camino que nos aguarda. Los espejos en los autos— al igual que las otras personas en la vida —solamente están de apoyo ocasional al conductor en sus rutas y viajes, pues la mirada, mientras estamos en marcha, siempre debe estar puesta con autoconfianza plena en el camino a seguir.
Hay que enfocarse en uno mismo para brillar con luz propia y no ser el reflejo del brillo de otros. Los cambios, las pérdidas, las transiciones y la muerte están siempre a la vuelta de la esquina. Aprovecha cada momento siendo luz propia y no el resplandor de nada ni nadie. Sé el protagonista de tu presente. No esperes el permiso de otros para vivir en luz y armonía.
2 comentarios
Como siempre excelentes sus palabras
Gracias Maria, bonita semana.