Buenos y hermosos días
Tenemos la tendencia natural de nombrar o “etiquetar” a las personas según distintos estereotipos, grupos, condiciones o cualidades. Resulta más fácil generalizar que tener que interactuar, conocer y valorar a nivel individual. Muchas veces los males que padecemos nos dominan y nos definen como pacientes con sufridos rostros de distintas enfermedades. Dejamos que nuestras vidas y las de nuestros familiares y amigos comiencen a girar exclusivamente en torno a nuestras enfermedades y condiciones de salud. Sin embargo, no debemos olvidar nunca que somos más fuertes que cualquier enfermedad.
Los estereotipos son imágenes o ideas aceptadas por distintos grupos en la sociedad. Aunque su creación en muchas ocasiones es totalmente infundada, se toman como buenos e inalterables. Algunos de los estereotipos más comunes están relacionados con la nacionalidad, el género, la edad, la religión o el aspecto de las personas. Todos los políticos son unos corruptos y ladrones; los pobres son unos vagos y mantenidos; las mujeres deben hacerse cargo del cuidado de los niños y los quehaceres del hogar; todos los árabes son musulmanes y terroristas; todos los “pelús” y desaliñados son peligrosos y están en vicios, todas las nenas juegan con muñecas y los nenes con carritos, son algunos ejemplos.
Las personas sufren de distintas enfermedades durante su vida. Enfermedades, padecimientos y condiciones que llegan un día sin invitación a nuestros hogares para alterar las rutinas y cambiar los rumbos de muchas vidas. Una condición seria, un padecimiento de por vida o una enfermedad que nos amenaza la vida, lo queramos o no, nos etiqueta como pacientes o enfermos de algo. Pasamos de ser una persona común y corriente con un nombre y apellido propio a ser un enfermo de leucemia, un sobreviviente de cáncer, un mudo, un paciente de diabetes, un deambulante, un enfermo de Alzheimer, un minusválido o un paciente de SIDA, entre muchos otros más con las mismas etiquetas. Hasta llegamos a ser identificados en los hospitales y en los centros de cuidados con el número de un cuarto o de un área específica; el paciente del 407 o el enfermo en el área de aislamiento.
Existen infinidad de accidentes, traumas y males que afectan de manera adversa y negativa a nuestros cuerpos y mentes: enfermedades y situaciones que nos roban la salud física y emocional, la independencia y el control de nuestras vidas al atarnos a distintas sillas de ruedas, camas, dispositivos, medicamentos, prótesis o al cuidado total de otros. Sin embargo, todos somos mucho más que las condiciones que nos aquejan, las enfermedades que nos matan, los padecimientos que nos enmarcan o las realidades que nos rodean.
La vida de todos los seres humanos se enmarca principalmente dentro de 4 dimensiones: física, psicológica, social y espiritual. Cada ser humano es más que un cuerpo físico con su corillo de partes, órganos, sistemas y células y que una mente con todas sus capacidades y emociones. Los seres humanos pasamos en cada segundo por millones de experiencias físicas, mentales y espirituales, incluyendo las misteriosas conexiones entre todas ellas. Experiencias y conexiones individuales que se viven en variados lugares y entre diferentes personas. Cada persona, amigos, es mucho más que la suma de todas sus dimensiones, sus partes, sus experiencias y sus conexiones.
Los accidentes y las enfermedades surgen todo el tiempo. Existen ciertas enfermedades y condiciones crónicas que afectan adversamente la calidad de vida de las personas que las padecen. Solamente quienes las sufren pueden entender la magnitud de su dolor y dificultad. No debemos minimizar su impacto, pero tampoco debemos magnificar su poder y su control sobre todos nosotros. No podemos controlar y evitar todo lo que nos pasará en la vida, pero si podemos controlar todas nuestras actitudes, pensamientos y actitudes ante ello. Como dice el dicho, “si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”.
Si padeces de una condición crónica o una enfermedad física o mental seria no te desanimes. No le regales las llaves de tu vida a nada ni a nadie. Cualquier enfermedad o padecimiento crítico que llegue a tu vida pasará a ser una parte importante de ella, eso es cierto, pero su estadía será solamente como un inquilino, un invitado o un huésped y no como su dueño. El control de tus pensamientos, emociones, actitudes y reacciones radica en tu interior y siempre estará en tus manos. Amigo lector, recuerda que, al final de cuentas, eres mucho más que tus enfermedades, tus males y tus realidades.
4 comentarios
Entonces ser hipocondríaco no es una condición sino una enfermedad, porque los hipocobdriacos las padecen todas y se las creen, las sienten y las padecen
Hola. El hipocondriaco padece de un trastorno de ansiedad por miedo o preocupación extrema a las enfermedades. Según dices pueden pensar y temen que tienen muchas enfermedades y condiciones reales e irreales. Un abrazo.
Una vez más gracias
Un abrazo fuerte.