El Síndrome de “Lo doy por sentado”

Buenos y hermosos días.

El recuerdo de que la muerte es un destino seguro, natural e inevitable nos debe servir de abono diario para reverdecer la vida. Reconocer a través de los sentidos la frágil maravilla del estar vivo a cada segundo de cada minuto de cada día es el primer escalón hacia la felicidad y plenitud del AHORA. Nos pasamos las horas pensando en lo que pasó o en lo que está por pasar y perdemos la perspectiva de respirar el aire del presente. La amenaza silente de la muerte nos fertiliza el terreno de la vida con puñados de innegable realidad minimizando la tendencia humana de procrastinar y de dar por sentado lo que tenemos.

Saber que la señora muerte puede tocar a nuestra puerta o a la de nuestros seres queridos en cualquier momento nos debe ayudar a dar importancia y prioridad a lo que en realidad la tiene. Muchas veces, como dice el refrán, nos ahogamos en un vaso de agua perdiendo la perspectiva de todo lo que verdaderamente es importante en la vida. La familia, la salud, la paz, el amor y el compartir en comunidad pasan a un segundo plano. Los chismes, el poder, las ofensas, el miedo y el afán continuo por las cosas materiales ausentes —pues las que tenemos nunca nos parecen suficientes— pasan a ser los famosos protagonistas de nuestros días.

La vida sufre de un síndrome poco conocido, pero de impacto vital: el síndrome de “Lo doy por sentado”, un mal que todos sufrimos en diferentes momentos. Distintos elementos, sujetos y objetos igualmente son víctimas silentes del mismo síndrome. Algunos ejemplos son:

  • el aire que respiramos;
  • las personas que amamos;
  • el techo que nos cubre;
  • los alimentos que nos nutren;
  • el cuerpo que nos apoya;
  • el agua que nos sostiene;
  • y la vida que disfrutamos.

La victima de este síndrome parece estar arropada por una capa de invisibilidad, como la de Harry Potter, pues luego de un tiempo nos acostumbramos tanto a su existencia que no la notamos. Olvidamos poco a poco su importancia y gradualmente eliminamos nuestro agradecimiento, cuidados, custodia y mantenimiento. Usualmente reconocemos y valoramos la vida solamente cuando nos toca a la puerta la amenaza de su ausencia.

Damos por sentado todo aquello que cubre nuestras necesidades básicas pues lo consideramos un derecho inalienable a nuestra condición de seres humanos. Las generaciones previas ya ganaron nuestras luchas vertiendo su sudor y sangre para que tengamos el derecho pleno a vivir en comodidad y bienestar. Merecemos y exigimos lo que no tenemos mientras olvidamos y desvalorizamos el pasado, las personas, la naturaleza, las bendiciones, las posesiones y la salud que sí tenemos. El concepto del venidero morir nos debe apuntalar con humildad en la alegría y el valor del vivir.

No es asunto, por otro lado, de estar pensando en todo momento en la muerte y atraer constantes pensamientos funestos. NO. La idea es poder reconocer que no existe lo uno sin lo otro. No hay vida sin muerte, ni muerte sin vida, pues están entrelazadas por la eternidad. Así como no hay luz sin sombra; positivo sin negativo; ni problema sin solución. Son extremos opuestos de un mismo concepto. Pensar en la muerte nos clarifica la vida.

Les exhorto a que antes de dormirse hagan un recuento de contrastes de vida en su día usando sus 5 sentidos; vista, olfato, tacto, oído y gusto. Hagan un inventario y visualicen la naturaleza limpia y la basura; los olores y tufos; las caricias y golpes; la música y los ruidos; lo dulce y lo amargo. Dejemos que la vida y sus manifestaciones nos arropen por un instante con sus verdades.

Reconocer los opuestos nos ayuda a valorar y poner en perspectiva las realidades. Vivir en oscuridad nos ayuda a valorar la electricidad y la luz; tener sed y hambre nos ayuda a valorar los alimentos y el agua, tener que sentarnos en el piso nos ayuda a valorar los muebles, aunque sean viejos y anticuados y tener un toldo plástico azul sobre nuestras casas nos ayuda a valorar un hogar con techo seguro. Hagamos una disciplina de reconocer y apreciar lo que tenemos en el ahora. Usemos nuestros cinco sentidos de manera constante todos los días para reconocer la maravilla de la vida.

Caminemos con libreta y lápiz a mano o con la aplicación de notas en nuestros celulares y anotemos todo aquello que nos hace sentir vivos. No demos por sentado nada de lo que somos y poseemos. Valoremos todo lo bueno que tenemos como individuos, sociedades, países, y raza humana. Demos gracias hoy a todo y a todos aquellos que entendamos merecen nuestro agradecimiento pues tenemos aliento de vida y la oportunidad para hacerlo. Reflexionemos y trabajemos sin conformismos, de igual manera, en mejorar todo aquello que no añade amor, paz, valor, y alegría de manera perdurable.

Me despido con un video de Luis Fernando Díaz Sánchez, “Hoy”.

https://youtu.be/zNJCLnAq-NU

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8 comentarios

  1. Tanta verdad en tus palabras, constantemente caemos en anhelar lo que no tenemos y soñar con el mañana. Y el hoy es los más seguro que tenemos. Gracias por esto y poner en práctica todos los días tus excelentes consejos. Gracias a la vida. Las pérdidas nos pueden derrumbar pero en nuestra voluntad está hacernos más fuertes y aprender de ellas, de la mano de Dios.

    1. Gracias Michelle por el comentario muy cierto y apropiado. Lo que nos surge natural y como «default» al ser humano es querer todo lo que no tenemos olvidando el resto. Debemos entonces hacer el esfuerzo consciente y continuo de apreciar cada dia las bellezas y bendiciones que nos rodean.

  2. Me encanta Diana! La gente viene a valorar la esencia de vida, cuando la muerte les coquetea. De lo contrario viven en un marasmo constante. Tenemos que dejar un legado de cómo hacerlo, esencias de la vida y realidad de muerte. Bendiciones! dice:

    Emérida

    1. Tienes mucha razón. Muchas veces dejamos de apreciar la vida y sus bendiciones hasta que nos llega alguna amenaza de cambio o pérdida que nos fuerza a reconocer todo lo que tenemos. El reto es cómo logramos mantener esa conciencia de vida y agradecimiento en la rutina diaria.
      Un abrazo Diana

  3. Que excelente has desarrollado este tema…miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos y así por el estilo.

    Solo dejo esta pregunta: Cuándo fue la última vez que nos sentamos a mirar las estrellas, el amanecer y el atardecer?

    Para mí el amancer representa el nacer, las estrellaas el viajero en el tiempo que somos y el atardecer el cambio de vida para comenzar otro pereginaje.

    Levántese y de gracias así mismo por estar vivo, esto solo lo hace usted…nadie más!

    1. Tienes razón Miguel. El reconocimiento y agradecimiento de estar vivos tiene que empezar a nivel individual. Luego debe crecer a nuestras comunidades y gobiernos para que protejan nuestros recursos y sigamos teniendo amaneceres, estrellas y atardeceres sin contaminación. Debemos tomar el tiempo de usar nuestros 5 sentidos con otro filtro de sencillez, humildad y aprecio.
      Un abrazo Diana

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