La culpa del superviviente

Buenos y hermosos días

¿Por qué no fui yo quien murió en lugar de mi hermano, mi pareja, mi hijo o mi amigo? ¿Por qué mi hijo sobrevivió y el de mi amiga murió cuando ambos estaban juntos? La muerte cuando llega y se lleva la vida de un ser querido puede generar un sentido de culpa a quienes la sobreviven. Sentimientos de dolor y aflicción que se mezclan tras la pérdida con emociones de culpa y responsabilidad en el proceso de duelo del superviviente.

Existe lo que se conoce como el síndrome de supervivencia. Se le reconoce como una condición mental en la que la persona siente que está mal el haber sobrevivido a un accidente, evento traumático, desastre natural, guerra o tragedia. Puede surgir como parte de otros síntomas relacionados con el trastorno por estrés postraumático— PTSD en inglés,— cuando la persona fue parte de una situación en la que otras personas murieron o fue testigo de sus muertes. Surge la duda, persistente en ocasiones, de  “¿por qué lo logré yo?” cuando otros no pudieron sobrevivir y murieron.

Puede ser que se encuentre toda una familia a bordo de un automóvil que sufre un accidente fatal en la carretera en el que varios miembros mueren y uno o varios salen ilesos. El sentido de culpa y la responsabilidad que sienten los que sobreviven pueden ser fuertes de asimilar y de sobrellevar. Si la persona que iba al volante del auto sale ilesa y sobrevive, el impacto es aún mayor, pues le cae encima el peso de la culpa y el remordimiento del accidente, sobre todo si fue quien lo causó. El superviviente, en muchas ocasiones, cae en fuertes depresiones y desarrolla condiciones incapacitantes como consecuencia emocional del trágico evento.

La culpa del sobreviviente, sin embargo, no solo se refiere a situaciones de accidentes o eventos traumáticos. Puede darse en otros casos de pérdidas o muertes naturales. Veamos por ejemplo el caso de un hermano que sobrevive a otro. Al ver sufrir a sus padres, el hijo puede preguntarse si ellos estarían sufriendo igual, o en mayor o menos intensidad, si el hijo muerto fuera él en lugar de su hermano. La culpa y la responsabilidad le pueden afectar negativamente. Si el hermano que sobrevive es el mayor, el impacto puede ser más fuerte, pues le llegan a su mente los “debí haberlo cuidado mejor” y “mi deber era protegerlo”.

El embarazo también puede causar sentimientos de culpa. El hombre que tiene que decidir entre la vida de su esposa o la de su hijo por nacer puede cargar de por vida con la culpa de su decisión. El hijo cuyo nacimiento causa la muerte de su madre durante el parto puede sentir el remordimiento del precio de su vida. El hermano que sobrevive el parto de un embarazo múltiple mientras los otros hijos no logran sobrevivir el nacimiento también puede cargar en silencio la “la culpa del que lo logró”. Sentimientos que pueden llevar a vidas con limitaciones, depresiones y tendencias de sobreprotección en los que sobreviven.

Cada día es un nuevo comienzo de memorias por crear. Todo morimos y todos nacemos “de a poquito”, en cada segundo y con cada aliento. Habrá situaciones y eventos en los que a algunas personas les tocará partir de este mundo mientras que a otras les tocará sobrevivir y ser testigos de lo ocurrido. Breves segundos que cambiarán para siempre la vida de muchos de nosotros con sucesos que traen grandes aprendizajes al final del camino. Les recomiendo que no se torturen con los interminables “¿por qué?”, sino que busquen los “¿para qué?” y aprovechen la vida.

Amigo sobreviviente, siempre recuerde que no es su culpa. Tomó en el momento las mejores decisiones que pudo y ahora nada puede hacer para cambiar lo ocurrido. Bajo el sol, todo tiene una razón de ser. Tire a la basura todos esos remordimientos limitantes y sentimientos de culpa. Regálese y regale a otros la maravilla liberadora del perdón. Si le tocó el rol de superviviente, busque el aprendizaje y compártalo, aproveche la oportunidad y viva a plenitud por usted y por los que no lograron sobrevivir junto a usted.

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