Pérdidas 101   (Parte 1 de 2)

Pérdidas 101   (Parte 1 de 2)

Buenos y hermosos días

Transitamos continuamos por distintas rutas, viajes y transiciones a lo largo de la vida. Nos exponemos continuamente a cambios desde nuestro nacimiento, cuando sufrimos la primera experiencia dolorosa al separarnos del vientre materno, hasta el final de nuestra existencia, cuando nos separamos en cuerpo físico de nuestros seres queridos y de la vida. Cada situación de pérdida, pequeña o grande, permanente o temporal, atada a un objeto, una ilusión o una persona, nos deja en un proceso de duelo. Los duelos nos traen dolor y cambios en el mundo según lo conocemos.

Experimentamos múltiples cambios y transiciones en las diferentes etapas de desarrollo. Nuestros cuerpos, personalidades, y entornos se alteran y ajustan continuamente desde que nacemos y durante el resto de la vida. Vivimos muchos cambios desde la infancia hasta la vejez inmersos en variados roles de hijos, padres, hermanos, amigos, parejas, colegas, vecinos, y trabajadores.

El nacimiento marca la primera experiencia de pérdida a la que nos exponemos tan pronto nos sacan de manera súbita del entorno materno. Nos encontramos de repente en un ambiente desconocido, ruidoso y amenazante luego de muchos meses de estar viviendo dentro de un ambiente controlado y tranquilo. El vínculo con los padres, especialmente con la madre, durante los primeros meses de vida, ayuda al infante a desarrollar los sentimientos de confianza y seguridad que cimientan sus futuras relaciones con las demás personas.

El niño se expone a cambios y pérdidas al momento de ir al colegio o jardín de cuido o con la separación y divorcio de sus padres, tíos o abuelos. El cambio repentino de ambiente, rutina y de personas a su alrededor puede resultar aterrador. Saque el tiempo y busque el espacio oportuno para hablar con sus niños sobre los distintos cambios a los que se enfrentan y enfrentarán en su vida. Reconozca sus emociones sin juicios ni comparaciones. No minimice el impacto del evento ni las reacciones del niño. Camine con ellos, pero no camine por ellos pues el aprendizaje es individual.

Otros tipos de pérdidas y separaciones que constantemente vivimos a lo largo de la vida son cambios de lugar de nuestros hogares, casas, escuelas o puestos de trabajo. Dejamos atrás sitios, personas y recuerdos, gratos o amargos, para comenzar nuevas rutinas y relaciones. Perdemos amistades, parejas, libertades, empleos, objetos significativos, salud, funcionalidades, la habilidad de procreación, la fe y nuestros seres queridos o mascotas, ya sea de forma temporal o permanente.

Hay pérdidas que vienen atadas a cambios de roles en nuestras vidas. Eventos como las promociones en el trabajo, el casarse o convivir, la viudez y el convertirnos en padres, tutores o padrinos nos envuelven en cambios y transiciones significativas. La llegada de enfermedades en el entorno familiar nos altera rutinas y funciones que pueden estrenarnos repentinamente y sin curso introductorio como cuidadores de un familiar enfermo o como nuevos jefes de familia.

El desfile entre las distintas etapas de desarrollo humano —comenzando en la infancia, niñez, pubertad, adolescencia, edad adulta y culminando en la vejez— conlleva pérdidas y cambios en responsabilidades. Eventos significativos como el retiro o jubilación o traumas como amputaciones o mutilaciones en nuestros cuerpos, abortos, masacres, huracanes, terremotos, guerras o ataques terroristas cambian de súbito nuestras realidades dejándonos con sentimientos de dolor y duelo.

Yo creo que todos los cambios y pérdidas que ocurren en nuestras vidas tienen un propósito, delinean una ciencia, demuestran una lógica natural o manifiestan un orden divino. Lo que nos corresponde a cada uno de nosotros, como parte de nuestro crecimiento y evolución, es lograr identificar y asimilar el significado de cada evento y transición que nos toca vivir. Buscar las lecciones o aprendizajes de vida que nos harán mejores personas, levantarnos cuando tropezamos, caemos de bruces o tocamos fondo, secarnos las lágrimas y pasar la página.

Reconozco, sin embargo, que resulta más fácil hablar de crecimiento y aprendizaje desde afuera en una posición teórica y de apoyo externo que vivirlo y superarlo desde la posición del doliente inmerso en su sufrimiento intenso. Así como también le resulta más fácil al fanático y espectador gritar instrucciones y vociferar opiniones desde las gradas del parque o cancha que ponerse el uniforme del jugador o el dirigente y entrar al partido para poner en práctica todo lo apasionadamente expresado. Como dice el refrán popular “Con la boca es un mamey”.

Continuamente estamos atravesando a lo largo de la vida de manera consciente o inconsciente por muchos cambios y transiciones a niveles físico, psicológico, social y espiritual. Las pérdidas individuales y grupales son una parte de nuestro desarrollo y crecimiento como seres humanos. Tenemos que hacer ajustes constantes en nuestros roles, rutinas, realidades y relaciones que nos lleven a tomar las acciones necesarias para mantener un balance positivo y sano luego de cada pérdida y cambio. Llegamos al mundo diseñados y equipados para sobrevivir, cambiar y evolucionar. Nos toca, sin embargo, entender que las pérdidas serán parte integral en el transcurso de nuestras vidas, que debemos aprender a caminar junto a ellas, sobrellevarlas en armonía, y enfrentarlas con valor.

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