¿Es igual el duelo de hijos y padres?

Buenos y hermosos días

Aunque todas las personas cercanas se afectan cuando un ser querido muere, la duración, la intensidad y las reacciones del impacto no son iguales para todos. Existirán en la vida de cada uno de nosotros múltiples cambios, pérdidas y transiciones. Situaciones y eventos, tristes o alegres, que nos impactarán en formas variadas. El duelo es la reacción a una pérdida. Hoy les hablaré sobre algunas de las diferencias principales entre el duelo de los padres o adultos y el de sus hijos.

Existen muchos elementos y factores en común que enmarcan los procesos generales del duelo en todas las personas. Cambios y transiciones de vida que se mezclan con ideas y emociones de tristeza y dolor ante la partida física de un ser querido.  Hay, por otro lado, distintos factores que diferencian la manera en que vivimos y manejamos el duelo: el tipo de relación con el difunto, la edad y el desarrollo cognitivo, la personalidad, los sistemas de apoyo, el tipo de muerte y el entorno familiar, entre otros.

A continuación, algunos aspectos diferentes en la manera en que los niños y sus padres manejan sus duelos al morir un ser querido.

  • Las rutinas y el ritmo de vida

La vida del niño y sus rutinas usualmente no se ven tan interrumpidas con la muerte de un ser querido como ocurre con las del adulto. Los padres o tutores se encargan, como parte del duelo, de que la rutina de los niños se mantenga, dentro de lo posible, sin mayores cambios. No existen mayores responsabilidades o carga económica que el niño deba asumir. El niño normalmente tiene una vida bastante dinámica entre las actividades y los requerimientos propios de su edad:

1. Aspectos sociales con los cumpleaños, fiestas e invitaciones.

2. Aspectos académicos o de cuido preescolar con sus clases, asignaciones, pruebas y horarios.

3. Aspectos deportivos y de ocio con las prácticas, partidos, recitales y competencias.

La rutina de los padres o adultos, dependiendo de la relación con el difunto, sufre un mayor e inmediato impacto en casi todos los aspectos de su vida: social, emocional, económico, espiritual, psicológico. El adulto tiene que apoyar a sus hijos pequeños en sus duelos a la vez que maneja el suyo: aceptar la realidad de la muerte, trabajar con sus emociones y su dolor, adaptarse a un nuevo mundo y buscar rehacer su vida para eventualmente volver a ser feliz. El duelo y el sufrimiento en los hijos o niños resulta ser más corto que en los adultos.   

  • La expresión emocional

Para el niño, la pérdida no tiene que ser necesariamente dolorosa, significativa y sufrida mientras su mundo mantenga la estabilidad y el ritmo de vida usuales, pues no supone una ruptura con su realidad. Las reacciones emocionales pueden darse en menor grado, ocurrir mucho tiempo después de la muerte o nunca darse. Los niños expresan sus emociones más con juegos o actividades que con palabras o conductas específicas. No suelen expresar directamente sus sentimientos de tristeza, los demuestran con cambios de humores, dolores, miedos, problemas de sueño o de alimentación o rabietas.  Las emociones más frecuentes pueden ser el enfado y las conductas “agresivas”. Su duelo va a depender de su edad cronológica, personalidad, desarrollo y edad cognitiva, de pérdidas previas y del apoyo que reciba de las personas cercanas a su vida.

El adulto tiene una mayor necesidad y espacios disponibles para compartir y comunicar verbalmente sus emociones con otros adultos que ya han pasado por eventos parecidos y que pueden apoyarlo.

  • El concepto de la muerte

El concepto de la muerte en un niño resulta limitado. Está influenciado por su edad, sus propias ideas, sus pensamientos concretos y literales y sus mundos mágicos. Según su desarrollo cognitivo, el concepto de lo que es la muerte y su significado van lentamente cambiando y ajustándose a la realidad, como, por ejemplo:

  1. No existe la muerte.
  2. La muerte es una persona, es temporal y reversible.
  3. La muerte es algo mágico.
  4. La muerte es final, pero evitable.

El concepto de la muerte cambia con el tiempo hasta llegar a la adolescencia, etapa en que la muerte, como parte natural de la vida, es final, universal, irreversible y las personas muertas no son funcionales. El significado de la pérdida de un ser querido para el niño está limitado usualmente a todas aquellas cosas que le afecten directamente a él y a lo suyo. Otros duelos importantes suelen ser las pérdidas de mascotas.

El adulto, por su parte, le da un significado más global a la realidad de su pérdida. El duelo por la pérdida de seres queridos durante la adolescencia es parecido al del adulto.

Aun los miembros de una misma familia, las parejas, los amigos y los grupos en común pueden tener distintas reacciones ante un mismo evento. Una canción, una historia, un atardecer, un abrazo, una tragedia, un asalto, una sonrisa, un chiste o un recuerdo pueden evocar distintos sentimientos y reacciones en las personas que lo escuchan, lo sienten o lo viven. Las vidas de familiares, amigos y conocidos cambian de distintas maneras al morir un ser querido. Apoyémonos en las similitudes y abracemos las diversidades para juntos manejar las pérdidas y los duelos nuestros de cada día.

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