Buenos y hermosos días
Hace un par de días, en medio de una sesión de apoyo, me encontraba sentada en un café escuchando a una encantadora joven hablarme sobre sus problemas y situaciones familiares difíciles. Ella usó la frase de “me siento culpable” varias veces en su dialogo en relación con el impacto de sus acciones en otras personas. Pienso que la culpabilidad es un sentimiento limitante y negativo que debe ser eliminado de raíz y transformado en responsabilidad al asumir y tomar acciones sobre nuestros actos y aprender de ellos.
¿Quién fue el culpable? es la primera reacción y pregunta que normalmente hacemos cuando surge un problema o un error. Muchas veces luego de un accidente, aun antes de conocer si todas las personas impactadas están bien, nos interesa saber de quién fue la culpa del suceso. Nos distanciamos de los eventos y del dolor ajeno cuando se identifica al culpable y seguimos el transcurso de nuestras ajetreadas rutinas de vida.
Las palabras culpable y responsable son adjetivos con definiciones parecidas. De alguna manera el concepto de estar obligado a cuidar, atender o responder por algo o alguien está relacionado con ambos términos. Sin embargo, pienso que, fuera del ámbito legal con sus tecnicismos jurídicos, son términos bien diferentes.
El ser responsable, para mí, está atado a los verbos aceptar, perdonar, amar, aprender, crecer y enmendar. Soy responsable cuando perdono y amo lo suficiente para humildemente reconocer que no soy perfecto, aprender de lo sucedido, crecer como persona y tomar las acciones pertinentes que me lleven a aceptar mi responsabilidad, enmendar los errores y continuar viviendo una vida en plenitud sin culpas innecesarias. La persona que se siente responsable logra superar con mayor facilidad el impacto de sus acciones, mientras que la persona que se siente culpable tiende a mantenerse presa de limitantes emociones de autorreproches y castigos.
Pienso que el concepto de culpabilidad trae una gran carga emocional negativa, tanto interna como externa. El saco de la culpa es pesado y liberarnos de él nos cuesta trabajo. El sentimiento de la terrible culpa se va disipando gradualmente al comenzar a tomar acciones concretas sobre nuestros actos y responsabilidad sobre su impacto. No podemos cambiar un pasado que para muchos puede resultar doloroso, pero sí podemos aprender de él. Continuar la vida llevando la cabeza en alto por las vivencias aprendidas y las acciones enmendadas, quizás no con orgullo por los errores o el mal causado, pero ciertamente no con una eterna vergüenza y un restrictivo bochorno.
El elemento de culpabilidad en el duelo suele ocurrir en ocasiones al sentir que pudimos haber hecho mucho más durante el proceso de la enfermedad y del morir de un ser querido fallecido. Posiblemente eso sea cierto pues siempre se pudo haber dicho o hecho algo más. Es importante, sin embargo, reconocer que el Tú de hoy no es el mismo Tú del ayer. La persona que estaba en el momento difícil de acompañar al enfermo quizás no tenía todas las herramientas para ofrecer más apoyo al estar inmerso dentro de su propio proceso de duelo anticipado. Las recriminaciones y las culpas por el pasado no resuelven nada: identifica el aprendizaje, asume tu responsabilidad, toma acción y pasa la página.
Luego de una pérdida de un algo o alguien valioso en nuestras vidas pensamos en todo lo que pudimos haber dicho o hecho diferente. Eso es normal. Lo que no es normal y saludable, amigos, es que nos quedemos atrapados en un sentimiento de culpa e inacción por cosas que ya pasaron y que no podemos cambiar.
Vivimos inmersos en una cultura de culpables. Culpas que nos mantienen presos en oscuras y solitarias cárceles, ya sea bajo indignos barrotes imaginarios e internos o bajo frías celdas reales y externas. Culpas que no ayudan a nadie a tomar las acciones y las responsabilidades de enmienda.
Les exhorto a que cambiemos a una cultura de perdón, agradecimientos y acciones sanadoras. Vivamos el hoy y digamos todas las “gracias” y los “te amo” que sintamos en nuestros corazones. Reconozcamos en cada día las bendiciones y las dificultades que tenemos. Seamos responsables y no seamos culpables de nuestras palabras, silencios, acciones y omisiones para con nosotros mismos y para con los demás.
2 comentarios
Siempre nos traes a la realidad de ver en este caso la palabra culpa y responsable, como impactan nuestro comportamiento. Aqui aplica el viejo dicho de que la culpa es huérfana, y precisamente es porque ante cualquier situación buscamos un culpable
Hola Diana,
Encontré este artículo Iluminante. Siempre he Tenido un entendimiento de lo que has explicado aquí en este artículo. Cuando hablando con mis amistades y familia sobre problemas, he usado más o menos estas explicaciones para ayudar llegar a ese entendimiento que podemos lograr felicidad y dejar el cargo de culpabilidad. Hasta he usado el frase que “El TU de hoy, no es el mismo de el TU de ayer”. Pero nunca he mirado a la explicaciones de porque nos sentimos culpables. Esos títulos de responsable y culpables que tú describiste aquí no lo había pensado antes específicamente. Pero sí creo que es importante saber y entender estas diferencias.
Gracias Diana. Besitos a todos !