Buenos y hermosos días
Existen individuos cuyas vidas o muertes impactan de manera significativa a generaciones presentes y futuras de comunidades y países alrededor del mundo. Algunas de esas personas tienen vidas excepcionales y ejemplares desde la niñez, mientras que otras que viven en la normalidad y el anonimato hasta que un evento inesperado les cambia su historia. Les estaré presentando historias de personas con diferentes realidades y condiciones de salud que propiciaron importantes casos legales, debates y decisiones sobre los derechos civiles, la tutela legal de pacientes, la bioética, las medidas de soporte vital y la eutanasia. Comenzaré con la historia de Terry Schiavo.
Theresa Marie Schindler, nombre de soltera de Terry Schiavo, fue una joven norteamericana que luego de sufrir un extenso daño cerebral causado por un trastorno metabólico permaneció en estado vegetativo y alimentada por una sonda por espacio de 15 años. Terry muere por inanición a los 41 años de edad luego de una larga e intensa lucha judicial entre miembros de su familia. A los 14 días después de quitarle o desconectarle, por orden judicial, su soporte vital de alimentación en el 2005, la joven muere en el hospital para enfermos terminales que le servía de hogar, según algunos, y de cárcel, según otros.
Terry nació en Pensilvania en el 1963 y pasó su adolescencia obsesionada con su peso y su obesidad lo que la llevó a participar en múltiples dietas y regímenes nutricionales durante gran parte de su vida. Terry, de familia católica, se casó en Florida a los 20 años con Michael Schiavo, luterano y de 21 años. La pareja no tuvo hijos.
Su esposo Michael la encontró tirada en el suelo, con un corazón que no latía y sin respiración, en la madrugada del 25 de febrero de 1990. Se le practicaron varias intervenciones y fue conectada a bombas y ventiladores mecánicos para mantenerla con vida. Terry logra salir del coma semanas después y aunque respiraba en forma espontánea, permaneció dependiente de la alimentación por sonda, en estado vegetativo, con muerte cerebral y sin recobrar la conciencia durante sus próximos 15 cumpleaños. Aparentemente el colapso se debió a un trastorno metabólico relacionado con la dieta para adelgazar que estaba siguiendo. Como en libre caída de dóminos, un déficit de potasio causó un paro cardíaco que a su vez provocó daño cerebral permanente.
Terry, como la mayoría de las personas, no tenía un documento de directrices anticipadas, un testamento en vida o de “vivos” o un poder notarial sobre cuidados médicos. Cualquier joven saludable de 27 años posiblemente piensa que la muerte es algo lejano e improbable y que no hay por qué tener por escrito sus deseos de ser o de no ser mantenida viva conectada a máquinas. Michael, sin embargo, sostenía que su esposa le había expresado su deseo, no escrito, de no ser mantenida con “vida artificial”. Sus padres, por otro lado, se negaban a aceptar que su amada hija prefiriese morir de hambre que vivir alimentada por sonda y cuidada con amor por sus seres queridos y comenzaron una batalla judicial.
La lucha legal entre Michael, el marido y representante legal de Terry, y sus padres duró aproximadamente 7 años. A cada bando familiar se le unieron infinidad de individuos y movimientos sociales, políticos, religiosos y civiles. Grupos en defensa de los derechos de las personas discapacitadas y en apoyo de las libertades civiles, entre otros, apoyaban a Michael en su petición de honrar el deseo de Terry y desconectarla de la máquina que la alimentaba y la mantenía viva. Grupos religiosos, la derecha cristiana, políticos de ambos partidos y el movimiento “pro-vida”, entre otros, apoyaban a los padres en su reclamo de no-desconexión.
El uso de diversos tratamientos médicos y de medios de publicidad fue intenso a través de los años. Los padres reclamaban que su hija, aun con muerte cerebral, mantenía la conciencia y era capaz de sentir y expresarse. Mostraron al mundo videos en los que se veía a Terry aparentemente girar la cabeza, mirar y sonreír.
Múltiples recursos judiciales y cambios en la legislación estatal y federal se llevaron a cabo en el pleito judicial que llegó a involucrar al Congreso estadounidense, a su presidente George W. Bush y al gobernador de Florida, Jeb Bush, y que principalmente buscaban mantener a Terry con vida a toda costa. Terry fue desconectada y reconectada a la sonda de alimentación en tres ocasiones diferentes. Finalmente, el Tribunal Supremo falló en marzo de 2005 a favor de no volver a conectarla a la sonda. El cerebro de Terry en su autopsia demostró que había permanecido en estado vegetativo permanente.
El nivel de debate que desató este caso judicial en la nación norteamericana y en el mundo entero fue de grandes proporciones. Se desnudaron arraigados prejuicios y valores. Preguntas y respuestas sobre la posibilidad de recuperación en los casos de muertes cerebrales y sobre el impacto moral, legal y social de dejar morir de hambre a un inocente ser humano causó grandes divisiones. El Tribunal Supremo con su dictamen a favor de la desconexión que llevó a la eventual muerte de Terry estableció el precedente.
2 comentarios
Este tema es tan sensible el apegados al enfermo que cuando no se pone por escrito la ultima voluntad del paciente no se cumple
Cierto, por eso es importante dejar establecido y escrito nuestras preferencias de final de vida.