Buenos y hermosos días
La primera etapa para superar cualquier pérdida es reconocer y aceptar la realidad de lo sucedido. El manejo efectivo del duelo requiere que se reconozca que el ser querido, el objeto o la relación valiosa ya no estará nunca más en nuestras vidas pues murió, se perdió o se rompió para siempre. Hay que asimilar el hecho del cambio pues, aunque pueda ser doloroso y desgarrador, es real e irreversible.
El duelo es un proceso natural en la vida de todos los seres vivos. Los cambios, las transiciones y las muertes, físicas y simbólicas, son la orden del día en todos los países y las comunidades alrededor del mundo. Aunque el duelo sea algo normal, al ser parte de la vida, el manejarlo efectivamente resulta complejo y particular, pues afecta a las personas en variadas intensidades y en distintos niveles físicos, psicológicos, sociales y espirituales-.
Las personas que atraviesan por una pérdida significativa tienen que llevar a cabo una serie de tareas y procesos para poder pasar la página de su dolor y seguir el rumbo de sus nuevas vidas. La primera reacción de las personas luego de una noticia fatalista o un evento traumático suele ser de incredulidad: “no puede ser”, “esto no me puede estar pasando a mí”, “es imposible”. Podemos entrar en un estado de shock tratando de asimilar los eventos. Nos negamos a aceptar la realidad y nos aferramos a un pasado que se hizo sal y agua sin nuestro permiso o consentimiento.
El doliente vive en cada día un torbellino de decenas de emociones y sentimientos variados, muchos de los cuales le resultan nuevos y aterradores. Las alarmas de previos momentos difíciles, temores viejos y pérdidas pasadas se activan. Amigos, hay que hacer un trabajo honesto y valeroso de reflexión interna para salir del estado inicial de negación luego de sufrir una muerte, evento traumático o pérdida significativa.
Según los expertos en el manejo del duelo, para comenzar los procesos de sanación y recuperación es necesario que primero reconozcamos la irreversible realidad de la pérdida y aceptemos su irrefutable impacto en nuestras vidas. El mundo tal como existía cambió para siempre. Hay que sentir el dolor que nos causa la ruptura o la muerte de ese alguien o algo querido y aceptar las consecuencias de lo ocurrido. Es importante identificar y abrazar los fuertes sentimientos que nos arropan y nos ahogan para poder ir soltándolos gradualmente y así quedarnos libres de su paralizante carga emocional.
Luego de superar la etapa de la aceptación, el enfoque debe estar dirigido a invertir tiempo y energía en vivir otros procesos importantes en el manejo del duelo como los son:
- el recordar el pasado desde una perspectiva diferente, sin dolor, recriminaciones ni angustia.
- el adaptarse a un entorno diferente para continuar viviendo.
- el replantearse las prioridades en la nueva vida.
- el lograr la felicidad y buscar nuevas relaciones y proyectos.
Les comparto una historia interesante y pertinente a nuestra actualidad en Puerto Rico. El Presidente de la República de Guatemala, Otto Pérez Molina, presentó su renuncia el 2 de septiembre de 2015 luego de meses de masivas movilizaciones y de constantes protestas pacíficas del pueblo. Bajo el lema de los manifestantes de “Yo no tengo presidente” se fue minando poco a poco la autoridad de un presidente asediado por escándalos y acusado por corrupción. El clamor de todo un pueblo unido y la crisis en el gobierno llevó finalmente al Presidente Pérez Molina a aceptar y reconocer la triste realidad de la pérdida de su mandato. El vínculo entre gobernante y gobernados se había roto, la confianza popular se había perdido y su presidencia había muerto.
La confianza en los máximos representantes políticos de nuestra hermosa isla de Puerto Rico murió a manos de la corrupción, los esquemas de fraudes, los “chats” y la falta de carácter. Dicha pérdida dejó sumidos en duelo tanto al gobernante y a su equipo de trabajo como a los gobernados y a sus allegados alrededor del mundo. El voto de confianza para un gobierno transparente que fue otorgado por el pueblo en mandato democrático el pasado 8 de noviembre de 2016 por un plazo de 4 años se hizo trizas. Se violó el vínculo o lazo significativo, valioso y esperanzador que se selló en las urnas con dicho voto y que unió las vidas, los sueños, los trabajos y los retos de un pueblo a los de sus representantes de gobierno.
Tenemos que comenzar como país un proceso de recuperación y de manejo de duelo. Es imperativo que los miembros de nuestro gobierno acepten la realidad de lo perdido, asuman su responsabilidad como servidores públicos y actúen en consciencia ofreciendo sus cargos al pueblo que hoy los reclaman. Nos toca a nosotros, el pueblo, aprender del pasado y recordar lo vivido para construir entre todos nuevas relaciones y nuevos proyectos de país. Tomando prestado parte del lema de nuestros hermanos guatemaltecos, me despido con la siguiente frase, Yo no tengo gobernador, ¿y tú?
2 comentarios
Excelente
Gracias