¿Cuándo pedir ayuda en el manejo de un duelo?

Buenos y hermosos días

Mi madre solía decir la frase, “esto ya pasa de castaño oscuro” para referirse al momento en que se sobrepasan los límites tolerables de una situación o suceso. Escuchar dicha expresión desde pequeña me hacía saber que ya era tiempo de hacer algo diferente, pues la cosa estaba mala y empeorando. Hoy les daré algunas pistas que les ayudarán a saber cuándo su duelo, o el de un ser querido, está cruzando la línea de lo normal o natural a lo complicado o patológico y deberían considerar seriamente solicitar la ayuda de un profesional especializado.

Hay momentos en la vida en que, por más que lo intentamos, sentimos y vemos que no logramos avanzar o superar un problema o crisis. Nuestras emociones, sentimientos y pensamientos son tan intensos y confusos que nos sentimos bloqueados. No podemos funcionar de manera normal y placentera en nuestra vida cotidiana. Los días pasan en cámara lenta y vivimos la mayor parte del tiempo como en un piloto automático. Las pérdidas significativas y las muertes de nuestros seres amados muchas veces nos atrapan en procesos de duelos difíciles, dolorosos y prolongados.

La palabra duelo proviene del latín “dolus” y significa sentir un dolor profundo. El duelo es el término que identifica las reacciones individuales saludables y normales ante un suceso de una pérdida significativa. Dicho conjunto de reacciones individuales cubre aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales del doliente. Una pérdida significativa está atada a la ausencia de un algo material y real o intangible y abstracto o a un alguien con quien tenemos un apego o una relación significativa que se cimenta en amor.

A continuación, algunos signos o alertas que deben llevarlo a buscar ayuda profesional que lo apoye en el manejo de su pérdida, duelo y dolor:

  • Sentimientos de culpa y de ira intensos, incontrolables y constantes.
  • Reacciones emocionales muy intensas, desesperación extrema o depresión severa y prolongada que duran más de seis meses.
  • Gran dificultad para mantener un funcionamiento normal continuo en el día a día.
  • Sensaciones o síntomas físicos intensos que amenazan su bienestar físico, mental y emocional.
  • Abuso de sustancias como drogas y alcohol que se convierten en hábitos para aliviar el dolor.
  • Abandono constante de hábitos previos de cuidado personal y tareas rutinarias en la casa.
  • No sentir nada la mayoría del tiempo o sentirse constantemente bloqueado.
  • Severa pérdida de la autoestima.

Les aclaro que muchos de estos signos o síntomas son característicos de un proceso natural y normal de duelo: ira, culpa, desesperación, depresión, reacciones emocionales intensas, síntomas y malestares físicos y mentales, uso de drogas y alcohol como alivio, sentirse bloqueado, triste o desmotivado. Entonces, ¿que hace la diferencia y “traza una la línea en la arena”? Les diría que el tiempo de duración y la intensidad de las reacciones, emociones y las acciones, o la falta de ellas, juegan un papel clave en la trayectoria del doliente y en su proceso de duelo. Algunos adjetivos y calificaciones como “intensos”, “constantes”, “prologados” y “amenazantes” que nos llevan en el tiempo a un tipo de abuso que crea nuevos hábitos peligrosos o nos llevan a un tipo de desequilibrio o abandono funcional de previas tareas cotidianas son importantes señales de alerta.

La mayoría de las personas logran, con mayor o menor dificultad, superar sus duelos y pérdidas significativas en la vida de manera natural y normal. Sin embargo, hay un grupo de familiares, de conocidos, de desconocidos o de nosotros mismos que vamos a requerir apoyo adicional y ayuda profesional en los procesos de recuperación y adaptación al tener duelos que resultan complicados. Seamos conscientes de que, aunque la mayor parte de los individuos que nos rodean logran aceptar sus pérdidas, hacer sus procesos de duelo y cerrar sus ciclos de dolor de manera gradual y natural, existen personas a quienes, por variadas razones les cuesta mayor trabajo y requerirán apoyo especializado. Es importante que no dejemos que ningún duelo “se pase de castaño oscuro” y que podamos apoyarnos con paciencia, amor, empatía y conocimiento.  

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