Levántate y anda

Buenos y hermosos días

La muerte de un ser querido es siempre impactante y dolorosa. El dolor que trae dicha intensa pérdida puede asfixiarnos por ratos y consumirnos hasta dejarnos muchas veces deprimidos, indefensos y sin aparentes razones para seguir viviendo. En un segundo de vida, se cae el piso de nuestros mundos y se apagan las luces, la alegría y la música de nuestros hogares y rutinas familiares. Manejar los distintos duelos a los que nos enfrentaremos en la vida será difícil, pero no imposible.

Normalmente las personas pasan por una serie de fases y etapas como parte de sus procesos de dolor y pérdidas. Según establecen los distintos expertos en el tema de manejo del duelo, el doliente deberá llevar a cabo una serie de acciones, tareas y procesos que lo ayudarán a reajustarse a su nueva realidad sin el ser amado y a rehacer su vida. Existen diferentes modelos teóricos que nos hablan de las emociones, necesidades, dificultades y riesgos que tanto el doliente como su círculo de apoyo pueden experimentar en los días, meses y años después de la muerte del ser querido.

Decimos que el tiempo lo cura todo. Yo pienso que eso no es del todo cierto pues el tiempo por sí solo no cura nada. El tiempo solo adormece las emociones del doliente al empolvar e hipnotizar con el rítmico tic-toc de su paso las difíciles verdades y realidades pasadas. Amigo lector, el tiempo solo actúa como un analgésico o anestésico que alivia y duerme el ahora, pero no cura el dolor de la pérdida del ayer si no está acompañado de la acción o el trabajo de sanación y superación del doliente. Cualquier situación futura de pérdida hará revivir el dolor y las emociones dormidas con mayor fuerza. Son sentimientos intensos que nunca se trabajaron ni sanaron adecuadamente y que salen de repente por las grietas de la piel. Sin entender bien el porqué, saldremos llorando o gritando ante eventos cotidianos que nos sirvan de detonantes.

Cuando hablamos del manejo del duelo, es necesario que la que persona en su dolor haga a su propio tiempo, pasito a pasito, con pausas y sin prisa, su trabajo de reflexión, aprendizajes, cierres y reinicios. El doliente debe llevar a cabo acciones concretas que lo lleven gradualmente a levantarse y a caminar. Acciones internas y externas que lo lleven a:

Aceptar y reconocer (trabajo interno)

  • la triste realidad de la muerte de su ser querido.
  • que su vida tal como existía terminó para siempre.
  • que tendrá fuertes y variadas emociones de dolor, tristeza, soledad, ira, desesperación, desorganización, esperanza, miedo y alivio, entre otras, y que tiene que trabajar con cada una de ellas.

Reajustar y recomenzar (trabajo externo)

  •  nuevas rutinas de vida aprendiendo a hacer tareas que antes no hacía, viendo la realidad tal como es y no como quiere que sea y cerrando capítulos pasados.
  • una nueva relación y un espacio interno con el difunto desde donde lo podrá pensar, nombrar y amar desde la ausencia física sin dolor y sin tristeza.
  • nuevas relaciones con distintos individuos y grupos sociales.

No podemos esperar que nadie maneje su duelo según lo hemos hecho o haríamos nosotros o según lo han hecho las otras personas que conocemos. No funciona así. Cada duelo es único y particular. Las circunstancias de la muerte, el tipo de relación que existía con el difunto, las personalidades y dinámicas familiares, las habilidades del sobreviviente para el manejo de crisis y el apoyo social existente al momento de la muerte son determinantes y diferentes en cada caso.

Hagamos las tareas que nadie puede hacer por nosotros de reflexionar, sanar y superar cada caída y cada pérdida. Recordemos que el tiempo sin acciones no cura nada. Demos espacio y apoyo al doliente para que supere sus pérdidas. Llevemos con orgullo el aprendizaje y las cicatrices de las heridas sufridas, pues al final de cuentas, cada persona es la suma, resta, división y multiplicación de sus experiencias vividas. 

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8 comentarios

  1. Hola Diana. Durante años he buscado palabras para describir a las personas (escogidas, por supuesto) mi proceso de duelo durante años sin poder describirlo lo más preciso posible y nunca he estado satisfecha. De hecho, me he sentido hasta frustrada en ocasiones. Con tu columna me llevaste del dia uno hasta hoy.
    Gracias por tu artículo que sin duda me ayudo a darme cuenta que no estaba equivocada y ahora con más herramientas para ayudar a esas madres que se me acercan buscando un consejo o sencillamente ese abrazo solidario por la muerte de un un ser querido.
    Un abrazo! Maritza

    1. Gracias Maritza. El duelo es un proceso muy personal y particular que nos lleva como en una montana rusa de emociones bien variadas. Existen herramientas que nos pueden ayudar a entender un poco lo que podemos estar sintiendo. Me alegro mucho que puedas tomar algo de lo que comparto con ustedes cada semana para querer apoyar a otras madres en sus procesos de duelo. Esa es la intención de mi trabajo como tanatóloga, seguir esparciendo las semillas del conocimiento en un tema tan difícil de hablar como lo es la muerte. Un abrazo grande, Diana

  2. Le enseñe este artículo a nena y le encantó! Ella dice que piensas seguir leyendo los artículos tuyos porque son tan bonitos y levantan el espíritu.

    Yo lo busco también digo que No es “La Palabra Diaria” pero la palabra de “Diana Curry” semanal

    1. Gracias Ave, me hiciste reír con lo de la palabra semanal de Diana. Te agradezco que compartas el artículo con Titi Nilda. Un abrazo a todos por allá.

  3. Encantada con tu artículo pasado. Palabras sencillas que nos llevan a reflexionar y a tomar acción. Esperando tu mensaje de mañana con esperanza

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