Buenos y hermosos días
Nos hemos convertido en una sociedad en la que la ira y el enojo caminan libres por nuestras vidas, calles y corazones. Sus atributos prosperan cada día mientras la responsabilidad de sus causas y consecuencias se pasan por alto. Podemos pensar que nos sobran las razones para tener coraje y posiblemente sea muy cierto. Sin embargo, el hospedaje de la ira en nuestras casas y comunidades tiene un costoso precio que todos terminamos pagando.
¿Cuántas veces te has levantado presa del mal humor o del coraje? ¿Alguna vez has sentido que te enojas y permaneces molesto sin entender claramente las razones? La ira es un sentimiento de indignación que causa enojo, coraje y hasta deseos de venganza. Surge como una reacción emocional de las personas cuando consideran que ocurrió, que está ocurriendo o que ocurrirá algo negativo o malo para su bienestar o sus intereses o el de sus seres queridos. Usualmente la persona iracunda o molesta piensa que ese algo negativo se podría haber evitado si: “alguien los hubiera tenido en cuenta”, “el mundo no fuera tan injusto”, “las personas hicieran bien su trabajo”, “ellos tuvieran más suerte, éxito o dinero en la vida,” o simplemente “no se hubiesen metido en lo que nos les importaba al querer ayudar a otros”.
La ira nunca llega ni camina sola, pues hay secuaces que se esconden detrás de ella para salir a la superficie en el momento adecuado. El miedo, la desconfianza y el odio suelen esconderse en las sombras de la ira. La ira está acostumbrada a que no la toquen ni le cuestionen mucho al mantener el control de las personas. Se siente intocable y justificada. Amigos, si no comenzamos a ocuparnos de ella, pronto la ira nos dominará a todos.
La ira, según la Doctora Elisabeth Kübler-Ross, es la segunda de las etapas comunes de las personas en sus procesos de aflicción, muerte o duelo. Usualmente las primeras emociones que surgen luego de la primera etapa de la negación o el shock inicial están relacionadas con el coraje, la ira y el enojo. Las frustraciones, la vulnerabilidad y la impotencia que nos embargan en ese momento inicial se suelen canalizar en sentimientos de enfado contra todo y todos.
A continuación, algunas ideas para manejar a la ira durante el duelo.
- Reconoce e identifica que tienes coraje.
- Acepta que es natural y normal sentir ira en su momento.
- Perdona a quien te hirió o a quienes culpas por lo ocurrido.
- Trabaja con el sentimiento, busca su origen y déjalo salir. Escribir o llevar un diario, hacer ejercicios físicos, hablar con amigos o meditar pueden ayudar en el proceso de soltar el coraje.
- Procura relajarte y retomar el control de tus emociones si sientes que la ira va en aumento; busca distraerte, cuenta hasta 50, respira profundo, escucha música o baila, invoca a la compasión y al amor a tu vida.
- Busca ayuda de un profesional de la salud si sientes que no tienes el control sobre el sentimiento de la ira y el coraje.
No podemos seguir pasando por alto la ira y su impacto en nuestras vidas y comunidades. No podemos tomarla como parte del “nuevo normal” en una sociedad rodeada de guerras, injusticias, violencia, depresión, enfermedades y crímenes. Debemos pasar de la preocupación inerte a la ocupación consciente. Pienso que mantener la ira y el coraje en nuestras vidas por largo tiempo afecta a nuestros cuerpos físicos, en especial al corazón, bloquea la energía vital y limita nuestra capacidad de amar y ser felices.
La próxima vez que la ira, el enojo o el odio asomen la cara en tu vida o en la de algún ser querido te sugiero que hagas un detente. No permitas que esa energía malsana tome y mantenga el control del momento como la protagonista de la acción. Pregúntate seriamente, ¿qué está alimentando o causando estos sentimientos?, ¿qué ocultan o esconden detrás de su iracunda identidad? y ¿cómo y con cuáles otros sentimientos se pueden sustituir?