Del dicho al hecho hay un gran trecho

Buenos y hermosos días

Muchas veces encontramos una marcada diferencia entre las palabras y los hechos. Existe un refrán popular que pone al relieve dicha incongruencia entre las promesas, las acciones y los resultados: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. La palabra es un arma poderosa que se pueda usar para el bien o para el mal. Hay muchas personas que hablan por hablar. Repiten ideas o pensamientos de otras personas sin mayores convicciones ni entendimiento.

Uno de los ejemplos más evidentes y comunes de la diferencia entre promesas y actos lo ofrecen todos los días los políticos en todo el mundo como parte de sus campañas y discursos. Nos ofrecen “villas y castillas” y beneficios a granel para captar nuestra atención y capturar nuestros votos y confianza. Ofrecimientos y promesas que con el pasar del tiempo no se cumplen usualmente por culpas ajenas o por razones fuera de su control.

Es importante que seamos fieles a nuestras palabras, promesas y compromisos. El compromiso de una palabra dada junto a un apretón de manos era suficiente, en tiempos pasados, para sellar tratos y saldar negocios sin mayor necesidad de documentos legales. Hoy en día, el valor de la palabra dada y la fidelidad a los compromisos se han perdido. Aun los contratos y los documentos legales se valen de mecanismos y tecnicismos para justificar su incumplimiento o tienen muchas veces cláusulas en letras pequeñas que buscan confundirnos.

Me entristece hasta el llanto ver las historias de discrimen y escuchar los relatos de miedo por prejuicios y racismo en contra de nuestros hermanos afroamericanos que viven en un país que se presume sea la “Tierra de la Libertad”.  Se consideran las palabras de Ciro el grande en la Edad Antigua como el nacimiento de los derechos humanos cuando conquistó a Babilonia en el 539 a. C. Liberó a los esclavos y declaró que cualquier hombre era libre de escoger la religión que quisiera, estableciendo así la igualdad racial.  Se han redactado desde entonces muchas declaraciones, cartas, constituciones y documentos en todo el mundo que deben velar y hacer valer nuestros derechos de paz e igualdad. Palabras escritas entre sueños y esperanzas de un mejor futuro que necesitan de hombres de palabra y de honor de todos los rincones del planeta para hacerlas realidad día a día.

Creo que todos en algún momento fallamos en cumplir nuestras palabras. Compromisos pequeños o grandes de hacer o de decir cosas que no se llevan a cabo según lo esperado. La vida en ocasiones nos lleva por rutas que nos alejan de nuestras promesas y sueños. La muerte nos puede sorprender en cualquier momento. Los cambios y los errores son inevitables, pues la vida es un continuo camino de aprendizajes.

Pienso, sin embargo, que no aprender de los errores del pasado y querer perpetuar creencias injustas está mal. Para mí, tan malo es el querer permanecer en una ciega obstinación de supremacías y desigualdades y decirlo abiertamente como el reconocer la injustica y hacerse de la vista larga al quedarse en silencio.  Debemos evitar que nuestros documentos y declaraciones internacionales que promueven los derechos y las libertades de todos los seres humanos sean letra muerta.

Cada ser vivo es digno y requiere el respeto de todas las personas en su vida y no las lágrimas y los autorreproches en su muerte. Les exhorto a vivir al máximo cada día. Respetemos en silencio los derechos de cada ser humano y reclamemos a viva voz su cumplimiento.

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