Buenos y hermosos días
Las pérdidas de distintos tipos son la orden del día en la vida de cada persona. El dolor y el duelo surgen cuando el lazo o el vínculo con el objeto, la persona o la relación que se pierde era valioso y significativo. El duelo se caracteriza por un viaje personal y grupal por muchas emociones, etapas y paradas. Recientemente se ha popularizado en la cultura boricua una tradición de “chinchorreo”. Veamos qué relación tienen el duelo, las emociones y dicha nueva tradición.
Un “chinchorro” en Puerto Rico es un modesto lugar que sirve distintos tipos de comidas y bebidas locales. Son kioscos, bares o restaurantes, nada lujosos, que ofrecen comidas típicas como alcapurrias, bacalaítos, carne frita, tostones o lechón que se ordenan con frías bebidas y se disfrutan principalmente al aire libre entre el ritmo de la música y la vista de hermosos paisajes. La actividad de “chinchorrear” se basa en planificar una ruta en particular con un grupo de amigos y visitar en un día a varios “chinchorros”. El “chinchorreo” consiste en pararse brevemente en 3 o 4 “chinchorros” diferentes, generalmente en el centro y en las costas de la isla, para disfrutar entre amigos y familiares de comida o “picadera”, bebidas y música. Pueden alquilar un autobús para viajar la ruta todos juntos o irse en carros o vehículos individuales.
El duelo es la reacción de las personas a una pérdida significativa en sus vidas. El dolor del duelo se procesa normalmente a través de distintas etapas o fases matizadas por muchas emociones y sentimientos intensos. Las personas pueden sentir que su vida gira sin control en una montaña rusa de cambios de humor y contradicciones emocionales. Emociones y sentimientos como la tristeza, la ira, la culpa, el alivio, el miedo, la insensibilidad y la negación son los copilotos por excelencia en la ruta del duelo. Es importante, como parte del proceso de duelo, que cada emoción y sentimiento se identifique y se trabaje.
Usualmente una de las primeras acciones de las personas luego de vivir o recibir la noticia de una pérdida significativa es encender inconscientemente, como medida de autoprotección, el piloto automático de sus cuerpos y sus mentes. Colocamos en esos momentos iniciales un escudo protector ante la intensidad de lo que está pasando. Ante el intenso “shock”, ponemos muchas de las reacciones en pausa. Esa insensibilidad o aturdimiento inicial se hace trizas con el pasar de los días y las semanas al aceptar y reconocer la triste realidad de la pérdida. Ahora, sin el escudo protector inicial, comienzan a llegar muchas y variadas emociones.
El proceso del duelo requiere que el doliente lleve a cabo un trabajo principalmente con sus niveles mentales y emocionales. Debe tomarse el tiempo de buscar el verdadero origen, identificar, entender y abrazar cada sentimiento y emoción que le aprieta el pecho para poder soltarlo y eventualmente sanar. Hay que sufrir el dolor de la pérdida de ese ser querido, pues nadie lo puede hacer por nosotros. Al igual que en el dicho “aquí hay que sudar la patria”, el doliente tiene que llorar su pérdida.
Amigos, en el duelo no existen paradas cortas, “free rides” ni cupones de descuento. Las intensas emociones que sentiremos, aunque nos asusten y nos duelan, tienen que trabajarse a profundidad y no como parte de una ruta superficial de un “chinchorreo emocional” con breves paradas en variados sentimientos e inconclusos asuntos. Superar la intensidad del duelo no es un pasadía, requiere tiempo, disposición, reflexión y acción.
Mientras más significativa es la pérdida para la persona, más intensas serán las emociones y más difícil suele ser el proceso de sanación. La tristeza suele ser el compañero fiel y el vehículo usual en la ruta tradicional del duelo. El doliente, transportado entre los ejes de su angustia, hará paradas en muchos sentimientos fuertes. Sentirse triste será el “nuevo normal” por un tiempo. Les aseguro, sin embargo, que si hacen su trabajo de reflexión y sanación luego de viajar por la ruta del duelo serán personas con una mayor fortaleza interna y un mayor aprecio a la vida, a su entorno y a los demás.
2 comentarios
Así es… Se tienen que vivir las etapas del duelo para sanar. Si se salta alguna o se ignoran, queda un vacío que se puede manifestar más adelante.
Gracias Vilma por el insumo.