Si pudieras escoger, ¿cómo te gustaría morir?

Buenos y hermosos días.

El primer pensamiento que quizás te vino a la mente sobre tu preferencia de muerte es que no tienes preferencia. Pensamos que una buena muerte es aquella que nunca llega o la que no te encuentra. Ese deseo de inmortalidad, sin embargo, es imposible por el momento para nosotros, simples mortales humanos. Es importante buscar alternativas psicológicas, sociales, espirituales, físicas y económicas que nos ayuden a finalizar nuestros recorridos de vida de la mejor manera posible.

Si estas hoy leyendo este blog, o alguien lo está leyendo para ti, significa que estás vivo. Y si estás vivo, amigo mío, en algún momento dejarás de estarlo y morirás. No es crueldad, es la franca y cruda verdad. Verdad que ceñida al vestido de nuestros cuerpos limita nuestra condición física de seres vivos.

Nuestra irrefutable mortalidad nos debe dejar sumidos en la aceptación y realidad de una vida condicionada en el tiempo presente. Realidad que debe estimular a la reflexión y búsqueda de un concepto personal y colectivo de un buen morir y una buena muerte. Si no podemos evitarla, vamos al menos a orientarnos, reflexionar y tomar acción sobre cómo nos gustaría que fuera nuestra experiencia del morir.

Habrá quienes prefieran morir en su hogar rodeado de familiares en lugar de hospitales, asilos o centros de salud. Morir en la familiaridad de la casa junto a su círculo de personas cercanas y rodeado de amor resulta ser la preferencia de la mayoría de las personas. Habrá quienes deseen, por el contrario, estar en centros de salud hasta el último minuto para obtener los mejores tratamientos médicos posibles. Extender el soplo de vida hasta el final sin importar las personas, condiciones ni lugares.

Es posible que para algunos de ustedes una buena muerte sea aquella que ocurre rápidamente, sin dolor y sin tiempo para pensar en ella. Ser víctimas de un ataque fulminante del corazón, un tiro de bala perdido o morir mientras se duerme son ejemplos de este tipo de súbita y silente muerte. Otros, por el contrario, prefieren que la muerte no les tome de sorpresa y que puedan tener tiempo para poner sus asuntos en orden y despedirse de sus seres queridos. Esperan tener la oportunidad de amar, perdonar, agradecer, o decir, en el apuro y ansiedad de la enfermedad, todo lo que pudieron haber planificado y hecho en la tranquilidad de la salud y la vida.

Las enfermedades degenerativas como el Alzheimer, Cáncer, Esclerosis Lateral Amiotrófica, o Parkinson afectan hoy en día a muchas familias. Se consideran condiciones en las que los órganos afectados y la salud del enfermo empeoran gradualmente causando gran preocupación en los pacientes y su círculo cercano. Dicho gradual deterioro del cuerpo puede causar experiencias de un mal morir. Poder morir con calidad de vida y dignidad suele ser importante. Tener autonomía sobre las decisiones y los tratamientos de la salud y el cuerpo propio pueden ser elementos que muchos de nosotros incluyen en su lista de deseos de final de vida.

Mis preferencias al morir consisten en hacerlo sin miedo y en paz, serenidad y amor. Disfrutar de mis últimos días de vida sin dolor y sufrimientos evitables. Estar rodeada de mis seres queridos en un entorno familiar, lleno de luz y aire natural. Tener el acompañamiento de buena música de fondo. Partir de modo natural, tal y como nací, y sin estar conectada a equipos, sueros o respiradores.

Quiero vivir cada segundo con la certeza y valentía de que, aunque no la desee para mí y los míos, la muerte llegará en cualquier momento. Reconocer la fuerte y frágil maravilla de la vida, las personas y la naturaleza. Saber que antes del instante final de vida hice el trabajo frecuente y continuo de reflexión, dialogo y planificación en torno a mis deseos y preferencias y las de mis seres queridos.

No tan solo es importante la manera en que nuestros cuerpos físicos cesan sus funciones vitales. La manera en que vivimos a nivel individual y colectivo es transcendental. La muerte, ya sea gradual o repentina, suele ser una corta y significativa fracción de un trayecto de vida de mayor duración. Recorremos en sus intangibles y mortíferos brazos los últimos metros de la carrera de fondo de nuestras existencias. Una meta de la vida es tener un buen vivir. Una meta de la muerte es ayudarnos a lograr ese buen vivir. Tener conciencia de la muerte venidera nos ayuda a poner en perspectiva las prioridades y plenitud del AHORA.

NO tenemos ningún control sobre cómo y dónde nacemos, nadie nos pregunta, solo nos conciben de variadas formas para luego llegar al mundo.

Sí tenemos algún control sobre la planificación del cómo y el dónde nos gustaría morir conservando la dignidad del maravilloso ser humano que somos hasta el último respiro.

NO podemos seleccionar o elegir todos las condiciones, circunstancias y emociones que nos rodearán al momento de la muerte.

Sí podemos elegir el vivir cada instante de nuestra vida como si fuera el ultimo. Vivir en armonía, con amor y compasión y libres de rencores y miedos infundados.

Pensar en nuestras preferencias sobre el morir o el concepto de una buena muerte no suele ocurrir de forma natural o espontánea. Preferimos no pensar en ello a menos que existan amenazas de enfermedades graves o riesgos mortales en nuestro entorno. Amenazas reales que pueden impactar a nuestros seres queridos o a nosotros mismos en cualquier momento.

Les exhorto a que le roben un instante a sus ajetreadas agendas y rutinas para pensar en el tema del morir y la muerte. Reflexionen sobre sus miedos, creencias y preferencias al morir. Hablen y compártalas honestamente con sus familias y seres queridos. Háganlo ahora sin prisa, pero con premura. Háganlo ahora sin angustias de enfermedades graves, en la libertad de la salud y la autonomía del libre albedrio.

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