La sal en nuestras vidas

Buenos y hermosos días

¿Cómo sabría un buen guisado, un humeante plato de sopa o un jugoso corte de carne sin ningún condimento o sazón? Los alimentos nos resultan posiblemente poco apetitosos, sosos y desabridos sin el toque de unos buenos condimentos. Existen ciertos ingredientes, especias y sustancias, como la sal, que ayudan a sazonar los alimentos que nos sostienen en la vida. Existen, a su vez, ciertas personas que ayudan a sazonar el diario vivir de otros conservando y resaltando su valor y dignidad.

La sal es un ingrediente básico cuyo origen se remonta a mucho tiempo atrás a China (aproximadamente 25000 A.C.). Se considera la especie más antigua y es comúnmente usada en las cocinas del mundo entero. A través de la historia ha tenido variados usos, beneficios y riesgos.

Entre sus usos más comunes está el servir como condimento o conservante de alimentos, el apoyar en el mantenimiento de las carreteras durante el invierno para disolver el hielo o la nieve y el asistir en variadas aplicaciones industriales. También se usó en el pasado como moneda de cambio con la que se le pagaba a los trabajadores. La palabra salario viene del latín “salarium” que a su vez viene de sal.  

Se considera un mineral útil para el cuerpo al contribuir a que se mantenga equilibrado. La sal introduce agua a las células, apoya al sistema nervioso y favorece la relajación muscular. Sin embargo, su exceso puede causar daño en los riñones y problemas en la presión arterial y el sistema cardiovascular. Su uso, por lo tanto, tiene que ser moderado y regulado, como dice la frase “ni tanto, ni tan poco”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un máximo de 5 gramos (una cucharada) de sal al día.  

La sal es un condimento que potencia el sabor de los alimentos al resaltar la presencia de los otros ingredientes. En la cocina, y como parte de la mezcla de los alimentos, una pizca de sal hace maravillas, pues le da valor a cada sabor colocándolo en su lugar y en su contexto específico para el máximo disfrute de la comida. En la vida, y como parte de la mezcla de los seres vivos, una pizca de amor y compasión hace maravillas, pues le da valor a cada persona colocándola en su digno lugar para el máximo disfrute de la convivencia y el vivir.  

Hay que ser capaces de dar sabor a nuestra existencia y a la de otros. Servir como saleros de amor y compasión que resalten el potencial de vida y sabor de otros. Estamos escasos de personas que con su ejemplo de servicio nos condimenten en silencio los caminos diarios por ser recorridos. Sin embargo, todos podemos nombrar rápidamente a personas que viven “agriados y apestados” y que nos regalan su sonora acidez y amargura todos los días.  

Ojo, así como el consumo de la sal debe ser adecuado y en su justo balance para ser útil, nuestro ejemplo de sazón, servicio y pique debe buscar el punto proporcionado entre el testimonio y el exhibicionismo. Buscar el balance entre la pasión por el servicio desinteresado y la pasión por el reconocimiento público. Hay que asegurar que nuestros atributos y condimentos busquen resaltar y no opacar los de los demás. Ayudar desde el anonimato al prójimo en sus momentos de necesidad y sosería.

Es importante, sin embargo, educar y fomentar gradualmente la autogestión y la autosazón de cada ser humano. Evitemos perpetuar el rol de víctima y de sufrimiento de nadie. Construyamos comunidades que fomenten la diversidad y que, como las minas de sal, logren conservar y preservar la vida de todos.

Existen muchos tipos de sales —la refinada, la de mesa, la marina, la negra, la de apio— y muchos tipos de condimentos que resultan útiles para distintos momentos, usos, alimentos y personas. Las especies y los condimentos son la base de cualquier comida. Hacen con su presencia la diferencia entre un plato bien preparado y un plato sabroso, espectacular y delicioso. Busquemos el tipo de condimento que deseamos ser cada día en nuestra vida y en la del prójimo: aceite, vinagre, pimienta, mayonesa, sal o laurel. No actuemos continuamente como agrios y ácidos limones, amargas tazas de café puya o dulces y empalagosas bebidas. 

Amigos, la vida nos traerá cambios, pérdidas y muertes que le quitaran de repente el sabor y el color a nuestras existencias. Debemos aprender a sobrellevar esos días grises y sosos. Reconozcamos que las transiciones y los duelos son una parte natural de la vida y saboreemos cada instante del vivir.

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