Amigo, ¿y a ti qué te sostiene?

Buenos y hermosos días

Cada uno de nosotros debe buscar qué es lo que nos sostiene en la vida. Debemos identificar lo que nos sirve de aliento o fortaleza en los duelos, cuando las cosas se tornan difíciles, cuando nos sentimos frustrados, vencidos, o simplemente cansados, cuando no vemos la salida de los problemas o cuando estamos listos para decir o gritar hasta aquí llegue colgando los guantes de nuestras luchas diarias. Resulta importante apuntalar la columna vertebral de nuestra existencia en un algo o alguien que nos sirva de luz y sostén en las noches oscuras.

¿En qué piensas cuando escuchas la palabra columna?

La palabra columna nos trae la imagen de un soporte o alineación vertical usado mayormente en edificios, documentos, periódicos, formaciones militares o aplicaciones de computadora como Excel. También la podemos identificar con alguna persona, animal o cosa que de manera temporal nos sirve de apoyo, protección o ayuda. Dichas diferentes definiciones están mentalmente conectadas con conceptos de firmeza, apoyo, estructura o roca de algún tipo.

Cuando hablamos de columna vertebral, por otro lado, somos más específicos en que el soporte es directo a la persona y a su esqueleto humano. Nuestra columna vertebral tiene la función de sostener nuestro tronco —desde la base del cráneo hasta la pelvis y caderas— y mantener la orientación de nuestra cabeza independiente de la posición del cuerpo. Está compuesta por vértebras y articulaciones que protegen y facilitan el apoyo y la flexibilidad de las distintas partes del cuerpo.

Es inevitable que durante el transcurso de nuestras vidas suframos muchas decepciones, pérdidas, fracasos, duelos, desamores y caídas entrelazadas con logros, victorias, reconocimientos y alegrías. Eso es parte de nuestro crecimiento. Cada muerte, obstáculo, caída, derrota, pérdida y duelo nos trae dolor, reflexión y dudas haciendo flaquear nuestras piernas, cuerpos, fortaleza y espíritu de lucha. Nos preguntamos: ¿Por qué yo?, ¿Por qué ahora?

Ponemos nuestra felicidad, paz y estabilidad emocional en manos de cosas y personas externas que nos complementan, nos llenan algún vacío y nos apoyan diariamente. Alimentamos continuamente nuestros apegos y creamos dependencias económicas, sociales, emocionales y hasta físicas con un sinfín de seres y entes externos. Menospreciamos nuestro valor y fortaleza interior, personal y única y creemos que solo somos y existimos en la medida en que tenemos y sostenemos distintos títulos en la vida:

el padre de…, la mamá de…, la amiga de …, el sobrino de…, el hijo de…, la tía de …, el líder de …, el presidente de…, la esposa de…el doctor de…, la dueña de…, el creador de…, la gobernadora de…

Tu columna vertebral, lo que sostiene tu vida, tu tronco y esencia humana, pienso debería ser algo interno que esté bajo tu propio control y poder. Algo cuya pérdida, temporal o permanente, no te destruya o te atrape en un duelo complicado o patológico del que no logres salir. Un algo interior e íntimo libre de dependencias externas y apegos extremos a otras personas amadas, trabajos, dinero, responsabilidades, comunidades o comodidades. Las vértebras y articulaciones de esa columna vertebral en nuestra vida sí deben estar compuestas por relaciones, trabajos, mascotas, cosas materiales y personas amadas que nos sirvan de protección, apoyo y sustento al flexibilizar y alegrar nuestro caminar. Para muchos esa columna vertebral de vida es la creencia en un Poder Supremo: Dios, Yahvé, Buda, Brahma, Alá. Para otros son ellos mismos, su vida, su familia, la ciencia, su trabajo, su trascendencia o los valores.

Hay personas que sienten que su vida está atada y depende de su pareja, su trabajo o su dinero. Parejas que brindan felicidad y compañía al caminar con uno, y a veces hasta por y para uno, en los tiempos buenos y en los no tan buenos. Trabajos que ofrecen un sustento, reconocimiento, desarrollo y sentido de pertenencia. Hay quienes, por otro lado, dicen y afirman que sus hijos son la razón de su vida, su sostén o columna y la luz de sus ojos. Hijos a quienes cuidar, proteger, enseñar y amar.

Las relaciones de pareja, los amigos, los trabajos y la satisfacción de las necesidades básicas son vitales en el desarrollo y la supervivencia del ser humano. Los hijos son trascendentales e importantes, lo reconozco y lo afirmo con total certeza, pues he sido bendecida con la maternidad de Ana María, María Alexandra y David, tres seres espectaculares que me están enseñando cada día el verdadero significado del amor incondicional. Sin embargo, amigos;

  • Las amistades y relaciones de parejas pueden terminar, lo queramos o no, de manera temporal o permanente, dejándonos en duelo y sin sus lazos, dependencias y felicidad.
  • Los trabajos se terminan, las compañías y organizaciones cierran, se van a quiebra o simplemente despiden a sus empleados dejándolos desorientados y sin un sustento estable.
  • Los hijos y nietos crecen y se marchan de nuestros hogares, según le ley de vida, para trazar sus propios caminos, con nuestra presencia o sin ella, dejándonos sin su luz en nuestros ojos y en la búsqueda de nuevas razones para vivir.

Hoy te exhorto a que pienses en aquello que te sostiene de pie día tras día evitando que te derrumbes en el piso y orientando tu cabeza erguida en los tiempos de crisis. La muerte, los cambios y las pérdidas pueden tocar a tu puerta en cualquier momento llevándose consigo tus sistemas de sostén. Tu alegría, felicidad y razón de vida no deberían estar supeditadas solamente a cosas materiales, trabajos o personas que en algún momento pueden separarse de ti. Tu valor, belleza, fortaleza y esencia de ser humano radican en ti.

Amigos, el futuro se edifica uniendo nuestras voluntades colectivas, pero se sostiene en pie con la suma de nuestras fortalezas individuales.

Felicidades y bendiciones a todos en estas festividades, Diana.

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