Buenos y hermosos días
¿Me lo merezco? La mayoría de las personas han sentido alguna vez en su vida que no están a la altura del momento o que no son merecedores de algo o alguien. Podemos sentirnos en algunas ocasiones inferiores o indignos. Creo que eso es normal. El problema surge cuando ese sentimiento de falta de valor propio y dignidad es constante y se convierte en una parte integral de cómo nos sentimos y de quiénes somos en la vida.
Sentirse indignos de ser amados, sea por nosotros mismos o por los demás, es un problema serio que afecta la sana convivencia en nuestra sociedad. Muchas veces esa carga del sentimiento de desamor, que nace de no sentirse dignos o merecedores de nada, se transfiere a través del tiempo, junto al dolor y sufrimiento que generan, de padres a hijos por generaciones. Vivimos y recibimos programaciones negativas que impactan nuestra visión del mundo y nuestro éxito en la vida.
Pienso que amarse a uno mismo es una antesala fundamental para poder amar plenamente a los demás. Te pregunto: ¿Te gustas tal cual eres o siempre encuentras algo que cambiarías de ti?, ¿Disfrutas tu propia compañía y persona o siempre buscas y prefieres estar acompañado?, ¿Eres alguien a quien verdaderamente admiras o te avergüenzas de ti?, ¿Valoras tus talentos, logros y esfuerzos diarios o te enfocas en los defectos y fracasos? Amigos, es importante que cada persona logre en la vida gustarse, valorarse, admirarse, respetarse y amarse sin “peros” ni condiciones, solo porque sí, solo porque se lo merece.
No es sano ni útil vivir con la pesada carga de una sensación de no ser dignos. Dicho sentimiento, a largo plazo, puede regalarnos enfermedades y condiciones físicas, mentales y emocionales. Uso la palabra regalar con toda la intención, pues pienso que la prevención de estas condiciones que tanto afectan nuestro bienestar radica, a fin de cuentas, principalmente en cada persona.
Existen variadas razones y causas que pueden hacernos sentir indignos o inferiores. En ocasiones, eventos o traumas de la niñez causan oscuras heridas emocionales que crean profundas marcas de indignidad. El silencio y la vergüenza de abusos sexuales, físicos o emocionales recibidos en la infancia, adolescencia o temprana adultez nos traen culpas y remordimientos que laceran nuestra autoestima. Continuas críticas y menosprecios de familiares y conocidos calan y hacen agujeros en nuestro sentido de dignidad y valor propio: “Tú no sirves para nada bueno”, “eres un don nadie”, “eres una desgracia para la familia”, tu solito te buscaste lo que te pasa”, “no mereces que nadie te ame”, “me das pena”, “vas a terminar solo, fracasado y amargado en la vida”, “estamos mejor sin ti”
Yo pienso que la verdadera esencia del ser humano nos hace a todos iguales. Nadie es mejor ni peor que los vecinos, familiares, amigos, jefes, empleados, conocidos o desconocidos que lo rodean. Las demás personas son simples espejos de nosotros mismos. Cuando odiamos o amamos o cuando rechazamos o aceptamos, una cualidad o un algo de otra persona, lo estamos haciendo del reflejo de ese algo que aceptas o rechazas en ti mismo.
Amigo, creo que ya es hora de que te aceptes, quieras y valores tal cual eres hoy. Suelta las pesadas cargas de culpas, duelos, muertes y creencias limitantes que podrían hacerte sentir indigno, inadecuado e inferior. Vive cada día con la frente en alto. No olvides que no hay errores, solo existen las lecciones de vida y los aprendizajes del camino.
Bendiciones, Diana.