Buenos y hermosos días
Normalmente la muerte de un ser querido es la pérdida más significativa y de mayor impacto que tendremos en la vida. Impacto que, según los expertos en el manejo de duelo, la mayoría de las personas logran superar de manera normal. Un duelo mal manejado y con las herramientas incorrectas, sin embargo, podría tener consecuencias adversas, principalmente en el desarrollo de los niños y los jóvenes.
Tan pronto nacemos, estamos destinados a morir. Eso es ley de vida. A través de los años nos educan en infinidad de reglas, principios y leyes: matemáticas, gramaticales, musicales, científicas, deportivas, financieras, judiciales, ortográficas, laborales, sociales, etc. Sin embargo, la educación en la muerte, como ley de vida, usualmente brilla por su ausencia en el ámbito familiar, psicosocial, comunitario, cultural y educativo.
El centro de estudio constituye, luego de su hogar y su entorno familiar, el lugar en donde nuestros niños y adolescentes pasan más tiempo formándose y compartiendo experiencias de vida. Es muy probable que el ámbito escolar se vea afectado cada año por la muerte de algún miembro de su comunidad educativa. La muerte de un estudiante, maestro, personal administrativo o familiar directo—padres, abuelos, hermanos o tíos— afecta a la comunidad educativa y sacude la estabilidad y el ritmo de vida en el centro escolar.
Todo centro escolar debería tener un protocolo de manejo de pérdidas y duelo como parte de sus normas. Una guía sencilla cuyo objetivo sea educar a los maestros y al personal que labora en el centro para que puedan, en primer lugar, entender y sobrellevar su propio dolor y emociones y luego puedan ofrecer respuestas adecuadas al estudiantado en sus procesos de duelo. Según lo demuestran las investigaciones y las prácticas clínicas, existen muchos mitos y conceptos erróneos sobre la muerte y el manejo del duelo en los niños y los adolescentes que deben conocerse y aclararse. Aunque toda muerte y las reacciones que provoca son únicas y diferentes, el centro escolar puede planificar, en estrecha comunicación con los familiares, algunas acciones y actividades específicas que ayuden a reconocer la realidad de la pérdida del ser querido y a apoyar el proceso de recuperación.
El duelo es un proceso complejo. El estudiante que atraviesa un duelo siempre va a requerir el apoyo y la ayuda de su familia, seres queridos, maestros, amigos y compañeros. La compresión de la muerte, los aspectos normales del duelo y los signos de alerta pueden variar, según la etapa de desarrollo y la edad del niño o el joven, lo que requiere apoyos diferentes dentro del salón de clases. Sin embargo, existen algunas pautas generales que pueden ser de ayuda para el centro escolar. A continuación, tres elementos generales importantes que deben considerarse:
1. Atender de manera inmediata las necesidades del estudiante.
- Ayudarlos a aceptar la realidad de lo ocurrido. Acoger y escuchar, sin juicios, sus sentimientos y emociones y reconocer que cada persona puede reaccionar de diferente manera.
- Establecer formas adecuadas de “despedidas” dentro del centro escolar o el salón de clases, como lo pueden ser plantar un árbol o pintar un mural de recuerdo, hacer dibujos y escribir cartas, poemas o canciones, ya sea en conmemoración del muerto o para expresar los sentimientos.
- Suspender en solidaridad y duelo, dentro de lo posible, eventos escolares programados.
2. Abrir y mantener abiertos los canales de comunicación.
- Dialogar con la familia directa los pormenores de lo ocurrido para evitar múltiples versiones de los hechos. Escucharlos y ofrecerles apoyo. Compartir y coordinar los preparativos y planes.
- Fomentar lugares, espacios y momentos de comunicación en la escuela. A veces salir del salón de clases y sentarse en la cancha, en la hierba o en los espacios abiertos puede ayudar a lograr comunicaciones sanadoras.
3. Mantener una observación sistemática de los dolientes y referir de ser necesario.
- Si el estudiante en su proceso de duelo no evoluciona adecuadamente o existe gran preocupación por conductas alarmantes, hable con su familia al respecto para que, según proceda, se pueda evaluar la opción de ayuda profesional externa.
- Si el estudiante cambia de nivel o de maestros dentro del centro escolar, se debe transmitir la información obtenida para el debido seguimiento.
La educación emocional de nuestros niños y jóvenes es vital para su sano desarrollo. Es importante que los preparemos y los eduquemos para que puedan manejar y superar todos los cambios, las transiciones, las pérdidas y las muertes que les aguardan. La muerte es una parte inseparable de la vida. Nuestros centros educativos pueden aprovechar la oportunidad y la responsabilidad que tienen en la formación de niños y adolescentes para abordar el tema de la muerte con naturalidad y empatía. Amigos, démosle voz a la realidad de la muerte en nuestros centros educativos para fomentar la educación emocional de nuestros niños y adolescentes y ayudarlos a disfrutar a plenitud las maravillas de la vida.
2 comentarios
Excelente y con mucha razón
Gracias por el comentario.