Cuando a las personas “buenas” les pasan cosas “malas”

Buenos y hermosos días

¿Quién de ustedes no desea o no espera que su vida transcurra de una forma particular y anhelada? Tenemos en mayor o menor grado una buena idea de cómo deben transcurrir nuestros días: vivir vidas seguras, felices y plenas; tener salud, vivienda, comida y libertad; estar rodeados de nuestros seres queridos; tener amor y dinero y recibir una justa recompensa por nuestro esfuerzo y trabajo. Todos contamos con que la vida al final de cuentas nos va a tratar bien. Todos vivimos de acuerdo con unas expectativas y supuestos universales. Incluso existen creencias religiosas, por ejemplo, que establecen que, si las personas llevan vidas rectas y conformes a sus dogmas, su Dios escuchará sus plegarias y los mantendrá, junto a sus seres queridos, sanos y salvos.

Cada persona vive su vida de acuerdo con ciertas creencias, convencionalismos y significados. Su mundo transcurre de acuerdo con un orden lógico de etapas, supuestos y verdades de vida. Sin embargo, la zapata de nuestro mundo ideal de creencias puede ser jamaqueada, alterada o hecha trizas en un instante de vida sin nuestro control o permiso.

Nuestras convicciones, cultura, entorno y expectativas nos llevan a tener unas creencias generales y a esperar un orden sencillo y lógico de eventos y realidades: ”los hijos deben querer a sus padres y los padres deben querer a sus hijos” ; “los niños inocentes no deben enfermarse y morir”; “las personas deben cumplir sus promesas y honrar su palabra”; “los padres no deben enterrar ni ver morir a sus hijos”; “los malos reciben castigo y van a la cárcel”; “las películas siempre deben tener un final feliz”, “nadie debe morir de hambre o de frío” y “a las personas buenas no deben pasarles cosas malas”. Vivimos día a día pensando que si seguimos unas normas sociales, morales, físicas y espirituales todo va a seguir un curso predecible y natural. ¡Sorpresa!, la vida y sus eventos no siempre transcurren según el orden establecido o según esperamos.

Todos y cada uno de nosotros vamos a pasar por horas de traumas, lágrimas, pérdidas, duelos, enfermedades, accidentes, desilusiones, fracasos y muerte entremezclados con alegrías, logros, salud, plenitud, armonía, felicidad y paz. Eso es natural y esperado. Pasaremos por momentos difíciles que harán trizas algunas de nuestras creencias generales y supuestos del mundo en que vivimos. Debemos estar preparados para esos momentos en los cuales el piso sólido de nuestras vidas, ilusiones y expectativas se viene abajo. No es cuestión de si pasará o no pasará, es cuestión de cuándo y cuán frecuente nos pasará y de cuán preparados estamos para afrontar y superar dichas “noches oscuras del alma”.

Nadie tiene asegurado el futuro, ni siquiera su próximo anochecer ni amanecer. No hay garantías de mañanas ni seguros de vida de fábrica. Los seres vivos no somos enseres, automóviles o electrodomésticos que pueden tener un 100% de garantía de parte del manufacturero en tiempo útil, satisfacción, piezas, reemplazo o devolución. No.

No hay garantías de mañanas ni seguros de vida de elaboración en la vida de las personas. En todo caso, debería haber seguros de muerte. Solo hay un 100% de garantía de que nuestros cuerpos físicos no son inmortales y morirán algún día.

Amigos, si existe un orden generalizado en las etapas de desarrollo de las personas, unos valores comunes, unos derechos humanos universales y unas normas aceptadas de conductas sociales. Sin embargo, todos los días en algún lugar del mundo habrá padres que entierren a sus hijos, niños que mueran de cáncer; políticos corruptos, líderes incompetentes y jefes desconsiderados “campando por sus respetos”; pobreza, injusticias y desperdicios; “muertes sin aparente sentido” y muchos finales tristes, tanto para las personas “buenas” como para las personas “malas”. Así es la vida, hermosa e impredecible.

No es cuestión de vivir en pesimismo, con miedos y sin tomar riesgos. Es cuestión de reconocer que el curso de la vida terrenal no siempre seguirá nuestro orden humano general, esperado y lógico. No nos quedemos atascados en duelos interminables y sufrimientos continuos de unos “injustos por qués” que no entendemos ni queremos entender. Busquemos, aprendamos y actuemos en los “para qué” y en los “y ahora, ¿qué sigue”.

Bendiciones. Diana

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4 comentarios

  1. Es importante reconoce lo que es. Y asentir y honrar la vida que tenemos. Y vivir a plenitud sin esperar nada a cambio. Solo vivir y agradecer lo que es y lo que somo.

  2. Es importante reconoce lo que es. Y asentir y honrar la vida que tenemos. Y vivir a plenitud sin esperar nada a cambio. Solo vivir y agradecer lo que es y lo que somo. Gracias

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