Ungüentos y editores

Buenos y hermosos días

¿Han estado alguna vez  en un lugar y han sentido que el ánimo, el humor o la “vibra” del ambiente cambian de repente cuando llega, entra o sale una persona? Nuestros pensamientos, palabras y acciones tienen un impacto directo en los seres vivos, las personas y el ambiente que nos rodea. Para bien o para mal, estamos todos conectados de alguna manera misteriosa. La vida y los destinos de los animales, las plantas, las personas y el entorno que compartimos en nuestro planeta están en las manos de cada uno de nosotros.

Hoy voy a hablarles de las palabras ungüento y editor. Comencemos por sus definiciones. Según la Real Academia Española (RAE), un ungüento es todo aquello que sirve para ungir o untar y un editor es la persona que edita, adapta o publica un algo ajeno. Veamos algunas de las características de ambos términos:

Ungüento

  • Se aplica en el exterior y muchas veces ayuda en el interior.
  • Suaviza y ablanda el ánimo o la voluntad.
  • Puede estar compuesto de simples olores.

Editor (editar)

  • En el campo de la informática, permite abrir y modificar los archivos de un programa.
  • Adapta un texto a las normas de estilo de una publicación.
  • Persona que publica por variados medios una obra ajena y multiplica sus ejemplares.

Muchas veces tenemos la oportunidad de servir de apoyo y de consuelo a los demás y la pasamos por alto por no tener tiempo. Nos montamos cada mañana, consciente o inconscientemente, en las frenéticas rutas de nuestras jornadas diarias. Viajamos por las rápidas autopistas de nuestras rutinas para poder cumplir con todas nuestras tareas y responsabilidades del día. Tratamos de ser super héroes en el manejo del tiempo, pero nos olvidamos de transitar por los caminos vecinales del compartir sin prisa. Sin embargo, no es cuestión de falta de tiempo: es cuestión de prioridad y compromiso con el tiempo que se tiene.

No tenemos que convertimos en “las Madres Teresas de Calcuta o “los Gandhis del siglo XXI”. No hay que renunciar a nuestros trabajos, vender y regalar todas nuestras posesiones, vivir en monasterios o irnos de misión a países pobres para hacer una diferencia y crear un impacto positivo en las vidas de los demás. Los pequeños, honestos y espontáneos regalos de amor que podemos ofrecer cada día —una sonrisa, una caricia, un abrazo, unos “buenos días”, un “te perdono” o un “te pido perdón”, un “en qué te puedo ayudar”, un “lo siento”, un “¡wow, bien hecho!” , un “estoy orgulloso de tí” o un “te quiero”— también hacen la diferencia.

Nos rodean personas con historias de vidas llenas de tristeza, aislamiento, dolor y enfermedad. Personas que viven sus calvarios en silencio y cargan sus pesadas cruces en soledad. Mujeres, hombres y niños que minuto a minuto batallan a nuestros alrededores para sobrevivir cada día en sus realidades de depresión, “bullying”, vicios, hambre, necesidades, desempleo, injusticias, analfabetismo, trata humana, abusos de poder, duelo y enfermedad. Tenemos el poder de editar y cambiar dichas historias y textos de limitaciones con nuestra presencia, intenciones y acciones.

Estamos todos interconectados en este proyecto que se llama vida. Podemos servir como ungüentos de amor en las vidas de quienes nos rodean y trabajar como editores de bien en sus historias de necesidades y limitaciones.

Ungüento de amor

  • Aplica caricias, palabras, ayuda solidaria, acciones sin juicio y amor incondicional en el exterior de otros para ayudarlos a curar su interior y a vivir en plenitud.
  • Suaviza el dolor ajeno, ablanda la ira y mejora el ánimo o la voluntad propia y la de los demás.
  • Hace simples gestos diarios de amor que impactan y cambian para bien las realidades del dolor ajeno.

Editor de bien

  • En el campo de la vida, permite abrir y modificar los archivos del corazón para sanar las heridas del pasado.  
  • Adapta un texto de coraje, miedo y mentiras a las normas de estilo de una publicación de amor, verdad y perdón.
  • Persona que publica por variados medios de confianza, desinterés y apoyo social las sencillas obras ajenas de éxito y superación y multiplica sus ejemplares.

Nuestra mera presencia, lo queramos o no,  impacta a quienes nos rodean. Dicho impacto puede ser causado con intención o con total desconocimiento y puede resultar ser positivo o negativo. No podemos cambiar las tristes historias del pasado de nadie, pero podemos apoyar en suavizar y ablandar su actual impacto dentro de nuevas realidades de comprensión, justicia y servicio. No podemos eliminar los maltratos, las violaciones, las injusticias, la corrupción y las muertes violentas previamente vividas, pero podemos apoyar rescribiendo sus nuevos presentes con los aprendizajes de lo vivido.

Seamos los “bengays” de nuestras familias, trabajos y comunidades. Sirvamos cada día como ungüentos de amor a otros con pequeños detalles, atenciones y sonrisas suavizando sus cargas, sus sufrimientos y sus necesidades. Sirvamos como editores de bien al ayudar a mejorar las vidas y las historias de quienes nos rodean. Cambiemos y editemos las palabras de odio, el racismo, los chismes, las criticas frívolas y los personalismos de las comunicaciones, los mensajes de textos, los blogs, los memes y los diálogos cotidianos.

Termino con un mensaje que me compartió una amiga: “apapachar proviene del náhuatl apapachoa que significa acariciar con el alma. Entonces amigos, ¿qué tal si nos proponemos cada día “apapachar” a alguien a nuestro alrededor?

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6 comentarios

  1. Me gustó mucho porque es un tema que no se habla entre amigos, familia, compañeros de trabajo, etc, pero reconocemos que en los ambientes puede haber alguien que llega con vibra o negativa o positiva y se siente en el ambiente

    1. Cierto Betty. Muy buena la idea de correlacionar el concepto de sanar y editar para bien con los ángeles. Un abrazo ya de regreso en Puerto Rico.

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