“Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo…”

Buenos y hermosos días

Muchas veces escuchamos sobre la importancia de la fidelidad en las relaciones. Nos esforzamos en ser fieles a quienes amamos y nos rodean. Sin embargo, no siempre ponemos el mismo esfuerzo ni le damos igual importancia a mantenernos fieles a nosotros mismos. La autofidelidad es un arma poderosa que nos ayudará, por un lado, a mejor navegar las crisis, duelos y problemas y, por el otro, a valorar las alegrías, logros y bendiciones de la vida.

La fidelidad está atada a la lealtad. Ser fieles nos ayuda a tener firmeza y perseverancia en ideas, obligaciones, afectos o compromisos previamente establecidos. Relacionamos también a la fidelidad con la puntualidad o la precisión en la ejecución de algo. Algunos ejemplos de fidelidad son: “la fidelidad en la reproducción del sonido”, “la fidelidad en las relaciones de pareja o el matrimonio” o “la fidelidad a Dios”.  

La autofidelidad va de la mano del autoconocimiento. No existe la una sin el otro. Debemos tomar el tiempo necesario para conocernos mejor, para identificar lo que pensamos, valoramos y queremos y para establecer todo aquello con lo que vamos a comprometernos a corto y a largo plazo. Luego debemos actuar conforme a los resultados de dicho autoconocimiento. La autofidelidad y el autoconocimiento son procesos continuos, no estáticos, que deben ir ajustándose contantemente a través de los años.

Amigos, somos más felices, productivos y poderosos cuando no necesitamos ni buscamos constantemente la aprobación de los demás. Reconozco que es difícil mantener siempre un justo balance entre ser fieles a uno mismo y ser fieles a otros logrando su continua aprobación. Según nos dice la Biblia, Mateo 6:24, “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro”.

No podemos condicionar nuestra esencia y forma de ser a la aprobación, beneplácito y aplausos de los demás. No podemos esclavizar a largo plazo a quienes verdaderamente somos en la vida. A la larga, la única aprobación y conformidad que nos hará felices y libres es la de la persona física que siempre estará contigo desde el día que naces hasta el día que mueres: tú mismo. Hay personas que pasan la vida tratando de complacer a todos los demás, menos a ellos mismos. Buscan hacer realidad las metas y objetivos ajenos, pero traicionan los sueños propios. 

La seguridad y libertad que ganamos al “ser fieles a uno mismo” nos da la fortaleza, fuerza y entereza para mejor sobrellevar las pérdidas, cambios y duelos en la vida. La autoestima y la estabilidad emocional pueden verse afectadas cuando nuestra fidelidad a otras personas, relaciones, trabajos y cosas está muy por encima de nuestra autofidelidad, pues al separarnos de ellas, podemos quedarnos permanentemente vacíos y sin fuerzas. Hay relaciones “no sanas” en las que cada vez damos más y más de nosotros mismos dejándonos más expuestos a depresiones y vulnerables a las transiciones.

¿Cómo ser fiel contigo mismo?

A continuación, comparto algunas ideas que te pueden ayudar a lograr la autofidelidad:

  • Reflexiona y conócete.

Tienes que separar el tiempo y el espacio adecuados para conocerte y superarte. Es difícil ser fiel a alguien desconocido o ignorado. Si no sabes quién eres y lo que deseas, sientes, temes o valoras, no podrás establecer ni seguir fielmente tu camino en la vida.

  •  Sé coherente contigo mismo.

Procura siempre que lo que haces o dices refleja lo que realmente piensas, eres y valoras. Es importante ser coherentes con lo que somos, pensamos y hacemos en el transcurso de la vida.

  • Honra tu palabra.

Tu palabra debe ser la brújula de tus acciones, tanto en lo pequeño y cotidiano como en lo grande y trascendental. Respeta tu tiempo y el de los demás que te rodean. Procura que el cumplimiento de todo lo que dices sea un hábito natural en tu vida.

  • Acéptate y ámate como eres.

Reconoce que no tienes que siempre ser perfecto o llevar una vida ejemplar para satisfacer a los demás. Lo importante es que te sientas bien contigo mismo y con quien eres. Tienes que aprender a apreciarte, admirarte y amarte en las “buenas” y en las “malas”.

  • Perdona tus errores y rectifica.

Todos cometemos errores, sea en la fidelidad o la infidelidad. Busca los aprendizajes de tus faltas, suelta las culpas, perdónate y perdona a otros y haz los ajustes que sean necesarios en la ruta de tu vida.

Termino compartiendo un segmento del clásico de la literatura inglesa, “Hamlet”, de William Shakespeare.

“Llévate mi bendición y graba en tu memoria estos principios: no le prestes lengua al pensamiento, ni lo pongas por obra si es impropio. Sé sociable, pero no con todos. Al amigo que te pruebe su amistad sujétalo al alma con aros de acero, pero no embotes tu mano agasajando al primer conocido que te llegue. Guárdate de riñas, pero, si peleas, haz que tu adversario se guarde de ti. A todos presta oídos; tu voz, a pocos. Escucha el juicio de todos, y guárdate el tuyo. Viste cuan fino permita tu bolsa, mas no estrafalario; elegante, no chillón, pues el traje suele revelar al hombre, y los franceses de rango y calidad son de suma distinción a este respecto. Ni tomes ni des prestado, pues dando se suele perder préstamo y amigo, y tomando se vicia la buena economía. Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo…”

 

Referencias

https://www.robmcbride.net/se-fiel-a-ti-mismo-william-shakespeare/

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2 comentarios

  1. Saludos Diana, espero que se encuentre bien. Me hizo la noche y el resto de mis días. Me encantó esta lectura y es para leerla una y otra vez.

    Un fuerte abrazo.

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