Buenos y hermosos días
Las despedidas suelen ser momentos especiales en la vida de todos. Son transiciones cargadas de una mezcla de emociones y sentimientos: nostalgia, tristeza, alegría, esperanza, temor, coraje, tranquilidad o resignación. Nos despedimos entre risas y llantos de viviendas, labores, etapas, relaciones, países, grupos, mascotas, comunidades y amigos.
Muchas veces perdemos contacto por diversas razones con quienes consideramos buenos amigos. Divorcios, mudanzas y cambios de trabajos, carreras y estudios nos llevan a lugares distintos y nos alejan de algunas personas. Sus despedidas y partidas nos causan dolor al no poder seguir teniendo su contacto físico y compañía en nuestro diario vivir.
La muerte es una de las despedidas más difíciles en la vida de las personas. Aceptar que esa persona amada no estará de cuerpo presente nunca más junto a nosotros es duro, complicado e impactante. El duelo es la reacción normal de las personas ante las pérdidas significativas y los vínculos valiosos.
La sociedad apoya abiertamente a las personas que pierden a sus familiares. Nos hacemos solidarios con los individuos que pierden a sus padres, hermanos, hijos, abuelos, tíos, esposos y parejas. Reconocemos abiertamente sus duelos. Sin embargo, si la muerte es de alguien fuera del circulo familiar, como un amigo o conocido cercano, el apoyo social y el reconocimiento al doliente suele ser menor. Me pregunto el porqué. Quizás se piensa que la conexión y el amor entre amigos es menos intenso, real y duradero que el que surge por vínculos de sangre. El dolor por la muerte de un verdadero amigo, sin embargo, también es muy intenso y aunque suele vivirse en mayor silencio y soledad, igualmente requiere del apoyo social.
Hoy dedico este artículo al duelo causado por la muerte de un buen amigo. Un verdadero amigo es un bálsamo para el alma. Muchas veces el amigo verdadero es aquella persona con quien nos podemos desahogar emocionalmente sin temor a juicios y represalias. Son los oídos, las manos y los hombros que nos escuchan, nos abrazan y nos ayudan a levantar cuando caemos. Están con nosotros en las buenas y en las no tan buenas. Valoramos su presencia y lloramos su ausencia.
Nuestros adolescentes suelen verse afectados con frecuencia por el fallecimiento de sus amigos. Cerca del 40% de los jóvenes han perdido a un amigo o una amiga según la revista “All Psychology Careers”, (Sabater, 2019). Los vínculos entre amigos durante la adolescencia suelen ser muy valiosos y fuertes. Es muy importante que se brinde el apoyo y la atención necesaria al adolescente en duelo por la pérdida de una amistad. No menospreciemos el impacto negativo que dicha pérdida puede tener en sus vidas y que podría resultar en serios problemas futuros, tales como depresiones y suicidios.
Durante mi adolescencia sufrí grandemente al perder la amistad de mi mejor amiga por razones que hoy considero fueron tonterías de chicas. Superar la ruptura de dicha valiosa relación me tomó muchos meses. Aunque varios familiares cercanos, incluyendo a mi padre, han fallecido, yo he tenido la dicha de no haber perdido a ninguno de mis amigos del alma en las inevitables garras de la muerte. Soy afortunada y bendecida. Sin embargo, todavía extraño la sonrisa, las charlas y la compañía de quien fue un buen jefe y amigo y que partió de este plano físico hace ya algunos años.
Termino con algunas estrofas de la canción del gran cantautor argentino Alberto Cortez, “cuando un amigo se va”.
Cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío,
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va,
Queda un tizón encendido
Que no se puede apagar
Ni con las aguas de un río.
Referencias
La vida es diferente tras la muerte de un amigo. Valeria Sabater, 2019.
https://lamenteesmaravillosa.com/la-vida-diferente-tras-muerte-un-amigo/
Canción de Alberto Cortez, “Cuando un amigo se va”.
2 comentarios
La muerte es como u. Ladrón.
Gracias por el comentario. La muerte a veces llega en la noche a oscuras y sin avisos como ladrón como bien dices Pedro. Por eso es importante estar preparados y vivir a plenitud el momento.