La muerte como promesa de sanación

Buenos y hermosos días

La mayoría de las personas le temen a la muerte. El proceso de morir suele ser doloroso y lleno de sufrimientos para el moribundo y sus familiares. La transición de la vida a la muerte nos fuerza a movernos de lo conocido y familiar a lo desconocido y misterioso. Por lo tanto, es fácil ver a la muerte y el morir como algo malo e indeseable. Hoy les hablaré de otra cara de la muerte.

La muerte es inevitable y nos espera a todos. Sabemos a ciencia cierta que vamos a morir, pero desconocemos el tipo de muerte que nos aguarda, incluyendo el cuándo y el cómo sucederá. Aunque los tipos de muerte pueden variar, suelen clasificarse de forma general en tres grandes grupos:

  1. Muerte natural

Causada generalmente por enfermedades o por procesos degenerativos propios del envejecimiento del cuerpo. Muertes sin intervención de fuerzas extrañas al organismo del difunto.

  1. Muerte violenta

Causada o asociada con aquellas muertes por homicidio, suicidio o accidentes de cualquier tipo.

  1. Muertes indeterminadas, súbitas o inesperadas

Son aquellas muertes que generalmente parecen no tener una razón aparente. Se presentan bajo el signo de duda, por lo que también se les conoce como muertes sospechosas de criminalidad.

Veamos la otra cara del morir en las muertes de tipo natural. La mayoría de las personas mueren todos los días en el mundo por causas naturales. El cuerpo físico en algún momento dejará de funcionar, ya sea por enfermedades o por causas normales de desgaste y edad. La respiración, los latidos y las funciones cerebrales cesarán y causarán daños irreversibles al organismo, graduales o fulminantes, que nos provocarán la muerte.

Existe en la vida un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para intentar y hay un tiempo para desistir. Llega un momento en el que nuestro cuerpo físico no puede seguir el ritmo de vida y se apaga. Los medicamentos, tratamientos, cirugías y plegarias, según apliquen en cada caso, ya tuvieron su tiempo y protagonismo en la trayectoria de salud y enfermedad de la persona.

Cuando llega el momento de la transición natural, no hay suficiente dinero ni tecnología de avanzada en el mundo que logre curarnos. Hay un tiempo para todo y todo tiene su momento oportuno, incluyendo  la muerte. La tendencia de las personas de todas las épocas, sin embargo, es a resistir con uñas y dientes ese momento de transición que normalmente  vinculamos erróneamente al fracaso y a la derrota. La expresión “morir con las botas puestas” es un ejemplo de esa histórica negación a lo inevitable, pues perder las botas en la milicia o la caballería es un símbolo de vejez o derrota.

El funcionamiento de nuestro cuerpo físico tiene un principio y un fin. La muerte natural puede llegarnos cualquier día junto con el deterioro normal de la vejez. También puede llegarnos durante la niñez, juventud o en cualquier otra etapa de la vida como resultado de numerosas enfermedades. Eso es parte de la vida. El cuerpo humano es sabio y reconoce internamente cuando sus órganos y sistemas no pueden seguir funcionando. Las personas no siempre sabemos reconocer cuando es la hora de partir, pues el cuerpo físico, propio o de un ser querido, llegó a su límite.

Amigos, la muerte es un misterio para todos. Cada persona la percibe y la recibe de diferentes maneras. La muerte puede ser vista como un castigo o como una liberación. Puede traer el descanso a aquellos cuerpos físicos deteriorados. Cuando en orden divino llega el momento, la muerte puede ser recibida como un regalo de sanación para el paciente con una enfermedad terminal al acabar con sus dolores y sufrimientos.

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2 comentarios

  1. Vaya que nos educa en materia de muerte! El verbo que a nadie nos gusta conjugar es el de Morir.
    Yo moriré, tu morirás, él morirá, ella morirá, nosotros moriremos, ell@s morirán. Y así será, inevitablemente. Porque no educarnos al respecto? Porqué esquivar el asunto como si de un fenómeno paranormal y terrorífico se tratara? Tenemos que desaprender el ver a la muerte como la peor desgracia posible, puesto que nadie sabe que hay de aquel lado de la línea. Conjeturar acerca de tragedias o felicidades nos hace imparciales y pueriles. Quizá no haya nada. Eso es lo de menos. Ante lo innegable…para que resistirse? Séneca lo dice, quién no va por su propio pie, es llevado a rastras. Eduquemonos, vayamos tranquilos hacia el sendero que nos libera de la materia densa y perecedera. Agradezcamos ese viaje ‘todo pagado’ que nos retornará quizás, a nuestro origen. No hay fin. Nunca hay fin absoluto en este Universo cuántico. Solo hay metamorfosis.

    1. Hola Elizabeth, excelente reflexion. Gracias por compartir esas palabras tan ciertas y liberadoras sobre la muerte y el morir. Un abrazo desde Gurabo, Puerto Rico.

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