Medidas ordinarias vs medidas extraordinarias

Buenos y hermosos días

Puede que hayas escuchado hablar en el contexto médico-hospitalario sobre el uso de las medidas ordinarias o las medidas extraordinarias en el cuidado a un paciente en estado crítico o terminal. ¿A qué se refieren con esos términos?, ¿No deberíamos usar siempre todas las medidas y los tratamientos posibles para salvar una vida? Existen argumentos para sostener  que no hay una obligación moral de siempre proveer tratamientos de medidas extraordinarias.  Hoy les hablaré sobre la diferencia entre ambos términos.

Los términos ordinarios y extraordinarios fueron introducidos, según se entiende, por los moralistas católicos cuando expresaban que no se está obligado a aceptar las medidas extraordinarias para mantener la vida. El Papa Juan Pablo II reitera dicha postura en su Evangelio de la Vida al hablar sobre el ensañamiento terapéutico o las intervenciones médicas no adecuadas a la situación del enfermo por ser demasiado desproporcionadas a los resultados esperados o ser demasiado graves para el enfermo o su familia: “… cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales…”.

La distinción entre las medidas extraordinarias, heroicas o desproporcionadas y las medidas ordinarias o proporcionadas sale a relucir usualmente en los diálogos y decisiones sobre el final de la vida. El contexto y la condición particular de cada paciente tienen gran relevancia en la definición y la aplicación de los tratamientos y las medidas a ser usadas. Lo que puede ser un tratamiento ordinario en una situación dada puede resultar una medida extraordinaria en otra.

A continuación, algunos de los criterios y las distinciones entre ambos conceptos.

Medidas ordinarias

  • Tienen resultados esperados y reconocidos.
  • No ofrecen ningún riesgo, sufrimiento, carga o agobio inusual para la persona que está siendo tratada o para su familia.
  • Son medidas efectivas.

Los tratamientos o  medidas ordinarias suelen ser proporcionales a las condiciones actuales del enfermo y cubren áreas comunes relacionadas con su alimentación, cuidado y aseo personal, curación de heridas, necesidades físicas, sociales, emocionales y espirituales, medicamentos y alivio del dolor, entre otras.

Medidas extraordinarias

Las medidas extraordinarias fallan en cumplir uno o más de los criterios de las medidas ordinarias por lo que se consideran intervenciones que ayudan a sostener la vida y que a su vez:

  • Tienen resultados que no son predecibles o bien conocidos (como en los procedimientos o tratamientos experimentales).
  • Ofrecen riesgos inusuales y carga adicional, física y emocional, al paciente o a otras personas (sus efectos secundarios pueden causar mayores sufrimientos que antes de sus comienzos).
  • Puede que no sean efectivas.

Las medidas extraordinarias o heroicas lo son porque no hay un hábito de usarlas, pues se salen del marco de lo ordinario y usual en relación con el enfermo y con su condición. Pueden ser o pueden no ser pertinentes y proporcionadas al cuidado y realidad del paciente tomando en cuenta su funcionalidad, pronósticos de vida y deseos. También pueden están relacionadas con los avances médicos especializados o con las “tecnologías de punta” que resultan ser costosas y  suelen ofrecerse en los centros especializados o en las unidades de cuidados intensivos (trasplantes, cirugías robóticas, hiperalimentación).

Los avances de la medicina y la tecnología moderna han hecho posible que muchos pacientes en estado crítico o con condiciones serias de salud que antes morían comúnmente en los hospitales y en sus casas tengan hoy en día una mayor posibilidad de recuperación y de vida. Ese logro y disfrute de unas mayores posibilidades de vida, sin embargo, llega de la mano de grandes retos médicos, morales y bioéticos.  Debemos entender y orientar objetivamente a los pacientes y a sus familiares sobre el uso y el desuso de las medidas de soporte vital para que sepan cuándo suspenderlas y cómo evitar los tratamientos desproporcionados o fútiles usados en el llamado ensañamiento o encarnizamiento terapéutico.

Amigos, la decisión de limitar o suspender las medidas terapéuticas en el cuidado de nuestros seres amados enfermos nunca es fácil y está llena de elementos subjetivos. Las medidas extraordinarias se usan con mayor libertad en la atención a los pacientes en estado crítico, mas no en los tratamientos a pacientes con enfermedades en etapa terminal cuyo confort y calidad de vida es lo más importante. Al final de cuentas, si un tratamiento es ordinario o es extraordinario pienso que se debe decidir tomando en consideración las circunstancias, los deseos y la realidad de la persona, pues un tratamiento puede dejar de ser extraordinario si se encuentran los escenarios ideales para su uso, algo así como el concepto de “perfect storm” aplicado a la salud y a la fe.

 

 

 

Referencias

Evangelium Vitae Juan Pablo II, 25 de marzo de 1955

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2 comentarios

  1. Gracias por la información. Este es uno de los temas de más controversia, en especial con las creencias religiosas.

    Es mi parecer, que estando yo en una situación que no tendrá cura, escogería dar mi cambio de vida de manera sutil y no prolongar la agonía.
    M

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