Mas allá de la empatía, está la compasión

Buenos y hermosos días

La mayoría de las personas, en mayor o menor grado, nos afligimos al ver sufrir y padecer a otros seres vivos a nuestro alrededor. Nos identificamos con la situación, los males, el sufrimiento y el dolor de otros seres, sean personas o animales, y sentimos el impulso de ayudarlos y aliviarlos de alguna forma. Existen sentimientos y conceptos, como la compasión, la empatía, el altruismo y la simpatía que por siglos han sido ejemplos de esa capacidad humana de identificación con otros.  Aunque relacionados entre sí, dichos conceptos no son lo mismo.

Usualmente caemos en el sentimiento de la pena cuando nos compadecemos de alguien o somos simpatizantes de su situación: “lamento tu situación y me siento triste o mal por ti”. Aun cuando lamentamos la situación del otro y hasta compartimos sentimientos comunes, no hacemos nuestro su problema, dolor o sufrimiento. La empatía, por otro lado, nos lleva a pensar fuera de nosotros mismos. Empatizar significa dar un paso atrás de la simpatía al recordar cómo nos hemos sentido en una circunstancia similar o al intentar imaginar cómo nos sentiríamos si estuviéramos en los zapatos de la otra persona: “siento cómo te sientes”.

La empatía es un concepto contemporáneo y relativamente nuevo que hace que las personas se entiendan mejor y se ayuden entre sí. El ser empáticos nos ayuda a entender a la otra persona desde su propio punto de vista y no desde el nuestro. Otros beneficios de ser empáticos son: mejores conexiones y relaciones interpersonales al hacer sentir cómodas a las personas que nos rodean logrando mantener las relaciones a lo largo del tiempo; mayor objetividad, apertura y aceptación que provocan un efecto positivo en los demás y mayor capacidad de amor al aprender a escucha más allá de las palabras y así aumentar la conciencia social individual y colectiva. Sin embargo, no podemos olvidar que las emociones humanas son variables, personales y únicas. No siempre lograremos conectar empáticamente con otros, coincidir en sus respuestas y pararnos en sus zapatos.

La palabra compasión proviene del latín, “sufrir con”. Es el sentimiento o valor que nos lleva a identificarnos con los males de otros y nos mueve a buscar su bienestar. La compasión significa aprender cómo se siente alguien al convertirnos en su aliado: “Honro cómo te sientes”. No hacemos suposiciones. No lo adivinamos. Solo permitimos a los demás sus emociones al transmitir nuestra aceptación con respeto y sin juicio, y les damos el espacio adecuado para explorar estos sentimientos por sí mismos.

Pienso que la compasión nos lleva un paso más allá de empatía. Mientras que la empatía es la tendencia de las personas a sentir las emociones de los demás y asumirlas como si las estuvieran sintiendo, la compasión es la intención de contribuir, como iguales, a soluciones y al bienestar de los demás luego de identificarse con sus sufrimientos, emociones y problemas. La compasión es, para mí, más proactiva y desinteresada, pues no tiene necesidad de mantener el poder sobre otros, solo de apoyarlos activamente en la búsqueda de su felicidad. Ante unos ojos verdaderamente compasivos, nadie es superior o mejor que nadie.

Un proverbio chino dice: «No hay camino a la compasión; la compasión es el camino». Amigos, la clave es tener la compasión a flor de piel y traerla a cualquier interacción que tengamos cada día preguntándonos siempre cómo podemos beneficiar a los demás. La compasión es algo que creamos como hábito de vida aplicándola a cada relación y situación que enfrentamos.

Aunque el aprender a conectarnos los unos con los otros es importante siempre para lograr la paz y la supervivencia, es aun de mayor importancia en los momentos de crisis, sufrimientos, duelos y desastres. Las pérdidas significativas en la vida, como las separaciones y la muerte de nuestros seres queridos, nos dejan más vulnerables y necesitados del apoyo de otras personas para sanar las heridas. Les exhorto a que seamos empáticos y compasivos con conocidos y con desconocidos en las alegrías y en las tristezas.

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